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Una bibliotecaria y su hija bajo tortura sicológica

Impartiendo clases a los niños
Elaine y su hija Eleyn impartiendo clases a los niños (Foto LP)

LA HABANA, Cuba. — Elaine del Carmen Pupo Hechavarría proviene de una familia de educadores, y, tristemente, fue expulsada de su trabajo, cuando comenzó a colaborar, desde fines del 2010 en un proyecto infantil nombrado “Vida a la Vida”, de la biblioteca independiente Helen Martínez, ubicada en el barrio habanero de Santo Suárez.

Tras adquirir experiencia trabajando con niños marginales, Elaine decidió fundar su propia biblioteca (Elena Mederos) ubicada en la Calle Rodríguez Este No 107 interior, apartamento 6 entre Ensenada y Ataré del reparto Luyanó del municipio 10 de octubre. En diciembre del 2013, su pequeña biblioteca se incorporó a la conocida Red de Bibliotecas Cívicas Reinaldo Bragados, agrupación a la que aún pertenece.

No imaginaba Elaine que el trabajo comunitario que realiza con niños y prestar literatura sin censura a los lectores del barrio, le fueran a traer una persecución implacable de la Seguridad del Estado. Y lo peor, que también citaran a su hija Eleyn Omaida Ponjuán Pupo para amenazarla.

En noviembre y diciembre pasado, Elaine fue interrogada –en varias ocasiones– por agentes del G2 en la unidad policial de Aguileras: “Recientemente, un oficial de la policía política se apareció casi de madrugada en mi casa, solicitándome mi carné de identidad y conminándome a presentarme en dicha unidad. Al llegar, me condujeron hacia un sótano, donde en una oficina, donde dos gendarmes me amenazaron a gritos por el trabajo educativo que realizo con niños en mi barrio”.

Laa gran preocupación de estos inquisidores del pensamiento era el proyecto comunitario llamado “Semillitas del futuro” en la que Elaine y su hija Eleyn le ofrecen talleres gratuitos de lectura, de costuras y artes manuales a los niños del barrio, además de celebrarles su cumpleaños y otras actividades infantiles.

No es un secreto que estas enseñanzas no existen en las escuelas estatales, y es de esperarse, como es lógico, que tal iniciativa haya trascendido por todo la barriada de Luyanó y un poco más allá.

En el interrogatorio, nos dice Elaine, cuestionaron la asistencia de mi hija a las salas de internet en la Oficina de Intereses de Estados Unidos. Evidentemente una internet libre acarrea serias preocupaciones a la policía política de los Castro, encargada de mantener enquistada la mente de los cubanos”.

Es conocido que, en Cuba, ni Eleyn, ni la mayoría de la juventud, pueden costearse el acceso a internet en las pocas salas de internautas que hay en el país, porque cuesta 4.50 CUC la hora.

Según Elaine, jamás el estado le ha brindado la posibilidad a su hija de recibir cursos de computación  ni de inglés, o de periodismo, ni sobre la metodología para diseñar proyectos. Razones éstas por la que su hija asistió al Centro de Información de la Sección de Intereses de los EEUU. Y alega: “No se lo voy a prohibir, porque está en juego su formación”.

Ya en el mes de agosto de este año 2014, la policía política citó a sus oficinas de interrogación de la calle Aguilera, a Elaine y a su hija.

Según el testimonio de la joven Eleyn Ponjuán, al llegar allí, ambas fueron separadas. “Tenía mucho miedo, pero soporté la tortura sicológica; imagínate que me llevaron a un cuartico pequeño con dos hombres y una mujer, que dijo ser sicóloga, y ella me recomendaba que buscara novio, o me dedicara a la iglesia, si no quería ser encarcelada. Los interrogadores no paraban de intimidarme para que desistiera de seguir cooperando en el proyecto de mi madre. Gritaban que no permitirán que los americanos me recluten como agente de la CIA, y dijeron otras barbaridades.”

Recientemente el poeta y periodista Raúl Rivero, ex preso político del grupo de los 75, refiriéndose a la represión en Cuba escribía: condenar a alguien a 24 horas de cárcel por pensar diferente es un crimen tan grande como condenarlo a 20 años. He aquí una historia más que se suma a la larga lista de represiones del régimen cubano y que también merece nuestra fuerte repulsa.

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Fotos León Padrón