Un poeta olvidado en la aldea

Un poeta olvidado en la aldea

¿Qué hace Guantánamo actualmente por salvar la obra de Regino Boti?

Autorretrato de Regino Boti (foto del autor)
Autorretrato de Regino Boti (foto del autor)

GUANTÁNAMO, Cuba – “La vida no hizo más que corroborar todos los escepticismos con los que Regino Boti se defendía de la realidad, y afirmar su soledad en el cielo de la poesía cubana. Refugiado por siempre en su natal Guantánamo, el artista consiguió burlar cualquier noción de provincianismo, fortaleciendo su cultura cosmopolita devenida punto de origen para los hallazgos de su personalidad autoral”.

Así le rendía tributo la revista Unión a Regino Boti, en el número 79 del año 2013, en el centenario de su natalicio, en una escueta esquela en la primera página, a quien es reconocido en el mundo de las letras renovador del “modernismo tardío”, según nos recordara el abogado y periodista independiente Roberto de Jesús Quiñones Haces, en el místico jardín interior de la casa natal de Boti, en una inusual tertulia donde participaban el nieto del poeta y albacea de su obra, Reginito G. Boti, el escritor Luis Gonzalo Fournier y quien escribe.

Situada en la calle Bernabé Varona entre Pedro A. Pérez y Martí, la casa natal de Boti resguarda, además de su importancia arquitectónica, un inmenso caudal cultural en los archivos del poeta. Declarada en 2008 monumento nacional, vive un incisivo deterioro y olvido. En rebeldía, su nieto Reginito no ha permitido aún que se coloque la nueva tarja, para sustituir la vieja de Monumento Local, musgosa y oscura, en deterioro también.

¿Qué hace Guantánamo actualmente por salvar la obra de su poeta?

Reginito nos cuenta que “en 1987 el entonces ministro de cultura Armando Hart dictó la resolución 50, que planteaba crear un centro de Estudios Literarios que investigara y promoviera la obra de Boti, pero pasaron 24 años y la casona, con los archivos del poeta dentro, solo vivió una historia de incumplimientos de planes y el cacareado desvío de recursos, hasta que consiguió por fin abrirse en 2007 el Centro para el Arte y la Cultura  Regino Boti, donde pudimos realizar espacios fijos y labores de conservación y digitalización de parte de la obra de mi abuelo, y lo más importante: logré publicar sus libros inéditos Harvadianas y otros saltos al norte, Bajo el cielo de México, Rumbo al Jauco y Prosas emotivas. Durante algunos años existió una ‘Fundación Boti’, un apéndice de la UNEAC que nada tenía que ver con nosotros. A mi mamá le gustaba llamarla ‘la Fundición’, un día terminó de un plumazo como mismo fue creada por la Dirección Provincial de Cultura; como también concluyó el apoyo a la conservación y digitalización del archivo, y también a los espacios fijos. El colmo del absurdo es que todavía existe un funcionario del Centro Provincial del Libro, que cobra un salario por atender el ya inexistente Centro Boti, y nunca ha visitado la casa”.

El poeta y periodista independiente Roberto de Jesús Quiñones alega: “El año pasado el periódico Venceremos de Guantánamo anunció  que se comenzaría en breve la reconstrucción de la casa natal Boti, monumento nacional, pero todo quedó en letra muerta”.

La huella que selló Boti en Guantánamo fue enorme. Además de poeta fue pintor, crítico, periodista, ensayista, abogado, maestro de escuela, presidente del partido conservador, el primer investigador a fondo de la obra de Martí, y en el momento de su muerte iba a ser elegido miembro de la Academia Cubana de la Lengua. Por su marcado provincianismo algunos cometen el pecado de llamarlo ¨poeta local ¨, pero la historia lo recoge como un renovador de la poesía.

“¿Renovador de qué?”, pregunta el poeta Luis Gonzalo Fournier, asesor de la Casa de la Cultura y acucioso de la obra de Boti, “porque los críticos consensan que es un renovador, pero los archivos están ahí, casi intactos”, dice señalando una edificación adjunta a la casona, una construcción que, aunque reciente, ya adolece de olvido. “los encargados de apoyar a descubrir toda la renovación que hizo Boti a la poesía priorizan otros proyectos; aprovechamos para recordarles que ahí están los archivos esperando, y la casa natal en crítico estado de deterioro”.

Notamos una brisa que mueve a la vez todas las hojas del jardín, donde conviven 500 especies, exóticas, endémicas, ornamentales y silvestres, y pensamos que el  espíritu de Boti fluye y escucha. La brisa mueve más hojas y ramas y los cuatro creemos que el espíritu de su hija, la notaria Florentina Boti, férrea guardiana de la obra del padre durante 50 años, está también con nosotros en nuestro reclamo, y los  espíritus desus amigos José Manuel Poveda y Agustín Acosta, y ¿por qué no también Casal, Martí, la Avellaneda…?

Le tomo fotografía al jardín centenario, a las habitaciones donde nació, vivió y murió el poeta, y donde se hospedaron personajes famosos de visita en “la aldea”, retrato el abandono de todo el patrimonio, toco sus viejos libros,  sus pinturas, sus objetos personales, y juro contribuir en lo que esté a mi alcance para que Boti no muera. Para que los encargados de salvar su obra realicen su trabajo, un deber de importancia trascendental no solo para Guantánamo, también para la nación y el mundo.

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