Todo por “la pasta”

Todo por “la pasta”

Violencia verbal y física aterran a viajeros de la ruta hacia Playa Baracoa, en la capital. Un grupo en la calle esperará al chofer para matarlo

Interior del ómnibus hacia la playa Baracoa_foto del autor
Interior del ómnibus hacia la playa Baracoa_foto del autor

LA HABANA, Cuba.-En este país apenas hay manifestaciones políticas en la calle, pero sí  una  guerrita  entre   cubanos,  con  mucha  violencia  verbal y física, engendradas por  las carencias  y los interminables  caminos sin salidas.

El pasado jueves, dentro de  un tumulto que me subió  a empujones y preso  de una  gritería solo comparada a la de un manicomio,   logré montar  en  un ómnibus  420, que cubre la ruta Paradero-Playa Baracoa. Nos  ubicamos  como sardinas en lata, a veces molestando al que iba sentado en el asiento.

En la acera  quedaron  muchos intentando subir.

Un camión particular del Mariel  llegó a la parada  y  le tocó  el claxon a  la 420,  para que se moviera. El chofer de la guagua gritó que no se iba a mover de allí,   porque  tenía que ingresar 465 pesos al paradero, y  para eso  había que llevarse la guagua  llena.

Hubo protesta  entre la multitud, porque ya no cabía nadie  más…con el calor, la  apretazón. Se  estaban retrasando  para llegar  a  sus faenas. El chofer les gritó:

-¡Me da lo mismo!

Era  un hombre de cincuenta años, de piel  muy  blanca,   casi roja,  tan gordo  que apenas  cabía en el asiento.  Estaba enfurecido  con la empresa, que le había asignado una tarifa  a recaudar considerada injusta. Descargaba su ira con el pueblo.

La demora del ómnibus en la parada se volvió un  fastidio. Le pidieron  al chofer  que arrancara  de una vez. Entonces gritó:

-¡Ahora, si quieren, bájense! – y cerró la  puerta.

Dos jóvenes que intentaban subir recibieron un portazo y  le reclamaron  con palabras duras. El chofer  les gritó:

-¡Ahora, por mi p….  , se van a quedar abajo!

Dentro de la guagua, las mujeres  que llevaban niños exigieron que cuidara su lenguaje, pero el chofer arremetió con palabras  más fuertes.

Uno de los jóvenes cogió una piedra y apuntó  contra la guagua. La conmoción  fue tremenda. Las madres se tiraron al suelo con los niños y  varios  hombres saltaron  a la calle por las ventanillas. El  chofer abrió la puerta e invitó a los muchachos  a subir  al  ómnibus, a pelear, y la guagua entera le rogó que cerrara la puerta para  que no subieran.

El otro joven también cogió una piedra y amenazó con  romper los cristales. Otra vez  el pánico de madres protegiendo a sus hijos  y hombres  por las ventanillas saltando a la calle. Fue el momento cuando  el chofer sacó  de debajo de su asiento un extintor, y  realizó  un ademán de abrir la válvula y soltar un chorro de gas.

Hubiera querido transmitir  este suceso  en vivo. Tal vez  con la noticia en movimiento contribuiría más con la imagen de los malos modales en la sociedad cubana,  protagonizados por dos jóvenes con piedras  amenazando  un ómnibus repleto, y   un chofer indispuesto con  la  empresa,  con  un extintor  que tal vez  sí   funcionaba.

El  choteo,  esa  arma del cubano que  medio siglo  de comunismo no han logrado  desterrar,   se impuso finalmente.  Chistes, chiflidos, burlas y risas de la gente hicieron   que el chofer guardara el extintor, cerrara la puerta y  arrancara. No sin antes gritar  a los muchachos  que los  cogería  más tarde.

Los muchachos  le contestaron desde la acera:

-¡No te preocupes, viejo, que te vamos a sorprender una de estas  noches,  cuando regreses  de Baracoa, y  te vamos a  coser a puñaladas. Ahí mismo, en tu asiento!

Frank Correa

Frank Correa, Guantánamo, 1963. Narrador, poeta y periodista independiente. Ha ganado los concursos de cuento Regino E. Boti, Ernest Hemingway y Tomás Savigñón, todos en 1991. Ha publicado el libro de cuentos La elección

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