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Domingo, 22 de octubre 2017

Sordera en Washington para los ‘ruidos’ de La Habana

Misterios en el papel que ha asumido la parte cubana en el ‘ataque acústico’ a diplomáticos de EEUU

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Embajada de EEUU en La Habana, Cuba (Foto: abcnews.com)

LAS TUNAS, Cuba.- “Las autoridades cubanas tienen gran interés en esclarecer este asunto y concluir la investigación que está en curso,” declaró este 19 de septiembre en Washington la delegación cubana presidida por Josefina Vidal Ferreiro, a propósito de los “alegados incidentes que han afectado a funcionarios estadounidenses en La Habana y a sus familiares.”

“Esclarecer los delitos producidos es importante. Pero de mayor utilidad resulta conocer la identidad del criminal antes de que consiga cometer el crimen. La eficacia policial se mide más por la detección que por el esclarecimiento”, dice un experimentado criminalista.

El experto se refiere a lo que en jerga policial llaman “detección, prevención y corte”. Resolver esas misiones es la consagración policíaca en cualquier lugar del mundo. La Seguridad del Estado cubana se ufana de cumplir con esas tareas al pie de la letra. ¿Qué pasó ahora?

Hay una veintena de estadounidenses lesionados. Incluso entre los descalabrados está un RSO (Oficial de Seguridad Regional) adscripto al Servicio de Seguridad Diplomática, técnicamente, con rango de agregado en la Embajada de Estados Unidos en La Habana.

¿Habrán puesto goma de mascar en los lentes de la Técnica Operativa cubana y el otro medio paquete de chicles en los del Servicio de Seguridad Diplomática de Estados Unidos?

Según publicó el periódico Juventud Rebelde (JR) este viernes, a las autoridades cubanas no les “ha sido posible establecer hipótesis sobre el origen de estos hechos”. Y si no existen hipótesis, criminalistamente hablando, la investigación está en punto muerto.

Cada criminal, como en la caza, precisa técnicas particulares de acecho, persecución y captura, pero aun así, la investigación de todos los crímenes parte de principios clásicos con interrogantes precisas.

¿Qué ocurrió? ¿Un hecho criminal, la simulación de un delito o un suceso fortuito? ¿Quién o quiénes resultaron víctimas? ¿Quién o quiénes, y por qué, pueden ser autores materiales, intelectuales o cómplices? ¿En qué motivo está inspirado el crimen, arrebato pasional, económico, político, o la conjunción de esos y otros factores? ¿Dónde, cuándo, cómo, con qué medios fue posible cometer el delito?

Esas y otras interrogantes deben formularse y recibir respuesta en la primera etapa de la investigación, y, acto seguido, elaborarse hipótesis en congruencia con los cuestionamientos planteados.

Dos supuestos generales plantean la investigación de delitos no flagrantes, en la creencia de que estamos en presencia de un crimen, o de su simulación para encubrir otro hecho delictivo; de un acto de agresión, o de una operación de bandera falsa para enmascarar otros propósitos.

De esas conjeturas generales (versiones en argot policial), se desprenderán tantas probabilidades particulares como provechosa o insustancial resultara la investigación previa (primer ataque, entre 24 y 72 horas, quizás un poco, o bastante más, luego del conocimiento del hecho), y a cada una de esas versiones corresponderán tantas tareas para su comprobación como sospechas entrañen.

La elaboración de un plan de versiones con tareas para su comprobación, siempre, conduce a un resultado, aunque no sea el esclarecimiento inmediato del suceso investigado, pero sí a nuevas hipótesis.

Decir las autoridades cubanas que en este caso de los diplomáticos estadounidenses no han conseguido “establecer hipótesis sobre el origen de estos hechos” es reconocer ineptitud, negligencia o que están mintiendo.

Según un experto entrevistado por JR, en Cuba “no existe el equipamiento o la tecnología que pueda ser utilizada con fines similares a los descritos como ataques acústicos”. Esa sería una hipótesis, ¿no? Argumentando el propio diario que EE.UU. ha reconocido el “manejo de tecnologías secretas durante décadas,” preguntándose: “¿Por qué culpar a Cuba del uso de una tecnología que si existiera, la pudieran tener los propios norteamericanos y afirman que no?”

¿Son desconocidos y a la larga no plagiados los sistemas acústicos estadounidenses destinados a operaciones militares y de inteligencia? Véase éste ejemplo, con aplicación en el pasado siglo; responda el lector por sí mismo la pregunta, y, de paso, deduzca por analogía en qué punto se encontrará la acústica en el siglo XXI en términos operativos:  “En este sentido es interesante la investigación del profesor Pierce, quien con sus colaboradores del laboratorio de acústica de la Universidad de Harvard investigó la constitución y funcionamiento del aparato sonoro y auditivo de los insectos acuáticos.

“La información obtenida sirvió a Pierce de material inicial para un detallado informe al Estado Mayor de la flota submarina de EE.UU. acerca de las posibilidades de establecer comunicación entre las naves en el medio acuático, sin que las señales salieran a la atmósfera,” dice el general mayor V. Konopliov en su libro El pronóstico científico en el arte militar, editorial Progreso, Moscú, 1979.

Vía telefónica este viernes fui entrevistado en el programa Cuba al Día de Radio Martí. El moderador Omar López Montenegro preguntó: “¿Usted cree que las autoridades cubanas están en capacidad de dar respuesta a este asunto de los diplomáticos en La Habana?”

“No lo están y ellos mismo admiten que no han podido establecer ninguna hipótesis sobre su origen, ‘eminentemente sensorial’; lo sensato sería que optaran por lo que en dirección operativa llaman ‘establecer la cooperación’, que hasta ahora no han hecho, que se sepa,” respondí.

“Pero las autoridades cubanas han pedido cooperación a Estados Unidos”, arguyó López Montenegro.

“De Estados Unidos son las presuntas víctimas y está bien que participen en la investigación. Pero no me refiero a esa cooperación, sino a la establecida digamos por INTERPOL, aunando expertos de países con escuelas clásicas en las ciencias forenses, Francia, Alemania, Inglaterra…

“Hay opiniones asegurando que no existe la tecnología capaz de producir lesiones como las descritas; pero desde el arco y la flecha, el hombre ha procurado llegar más lejos con sus armas; es arriesgado en pleno siglo XXI afirmar que determinada arma no existe”, repliqué.

“¿Usted cree que las autoridades cubanas no cumplieron con la protección de los diplomáticos norteamericanos en La Habana según la Convención de Viena…? ¿Cree usted que esta situación pueda traer el rompimiento de las relaciones de Estados Unidos con Cuba…?”, preguntó el periodista Tomás Cardoso, conductor de Cuba al Día. Al respecto dije: “No lo digo yo; las autoridades cubanas han admitido que después de estos sucesos, ‘ampliaron y reforzaron las medidas de protección de la embajada estadounidense y sus residencias’ en La Habana. Bueno, entonces había fisuras; es ilógico reforzar lo de por sí debidamente fuerte, fiable.

“Las autoridades cubanas deben poseer de la Embajada y sus residencias un estudio de situación operativa, esto es, una sinopsis de lo favorable y lo desfavorable del área con medidas para aprovechar lo útil y contrarrestar lo perjudicial. Los encargados de eso debían conocer el nombre de los gatos y los perros de los vecinos y los callejeros, y paso saber si alguno de ellos tiene mal carácter. En dirección usted delega autoridad, nunca responsabilidad, esa es indelegable, y alguien debe responder si faltó el debido compromiso.

“En cuanto a las relaciones creo que dependerán del resultado de las investigaciones; si es esclarecedora, no debe haber rompimiento, si el gobierno cubano no está implicado por acción u omisión flagrante, pero si no es así, el rompimiento de relaciones diplomáticas es consecuencia lógica de un acto de agresión”.

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Acerca del Autor

Alberto Méndez Castelló
Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España. Su novela "Bucaneros" puede encontrarse en Amazon.

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