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Miércoles, 20 de septiembre 2017

Rapidez para el turismo, lentitud para los cubanos

No importa si el huracán Matthew dejó a muchos en la calle

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Baracoenses entre los restos de su ciudad tras el paso del huracán Matthew (Foto: Ramón Espinosa/AP)

Baracoenses entre los restos de su ciudad tras el paso del huracán Matthew (Foto: Ramón Espinosa/AP)

GUANTÁNAMO, Cuba.- A pesar de que no han sido recuperados todos los caminos luego del paso del huracán Matthew, el gobierno cubano ha decidido trabajar en la construcción de los viales de montaña Neblina-Cayo Güín y Yumurí-Jobo Claro. Unidas a la construcción de un molino de áridos estas vías apuntan, más que a la recuperación, a la explotación turística del lugar.

Según información ofrecida por el periódico Juventud Rebelde el pasado 2 de enero y firmada por Haydeé León Moya, constructores de Villa Clara, Las Tunas, Santiago de Cuba y Holguín trabajan en la construcción del vial Yumurí Jobo Claro, que con una extensión de 4,5 kilómetros enlazará a los municipios de Baracoa y Maisí y evitará el paso por la loma de La Boruga, donde la carretera tiene pendientes y curvas peligrosas que impiden el paso de ómnibus y rastras.

La vía tendrá dos sendas y ocho metros de ancho con paseos a ambos lados, Según la fuente, ya está virtualmente concluida la mitad del terraplén y lista para pavimentarse. El trabajo ha sido difícil debido a las características del terreno, donde abundan la vegetación tupida, el “diente de perro” (formación rocosa muy usual en Cuba) y las montañas.

Se habla de la construcción de dos miradores y de un gran hotel sobre las terrazas con vista al Paso de los Vientos. Los rumores son atendibles dadas las evidencias, aunque contrasta la lentitud gubernamental para solucionar los problemas de los damnificados con la rapidez mostrada para construir dos instalaciones turísticas.

Las “buenas” de Matthew

Después de casi seis décadas de castrismo, este se ha percatado ahora de las posibilidades turísticas de Maisí, lo que demuestra el abandono sufrido por esta zona. No en balde, al ser entrevistado por la televisión cubana, un anciano dijo espontáneamente: “Nunca habíamos recibido tantas visitas y atención”.

Baracoa y Maisí son zonas de extraordinaria belleza natural. En ellas existen especímenes como el almiquí, un fósil viviente, y las famosas polimitas, caracoles de exuberante colorido. Son bellísimos los paisajes que pueden apreciarse desde La Farola y las terrazas marinas, donde abundan lugares totalmente vírgenes.

En tal contexto, una obra como la mencionada debería ser bien recibida por todos. Sin embargo, la carretera ha provocado malestar entre algunos campesinos que habían obtenido varias parcelas de tierra en usufructo para hacerlas producir y ahora han sido privados de ellas.

CubaNet contactó vía telefónica con dos lugareños, quienes aceptaron ofrecer su testimonio a cambio de que no reveláramos su identidad.

El primero es uno de los campesinos perjudicados por la construcción de la carretera: “Yo no me opongo pero es muy triste que vengan y le digan a uno que tiene que salir de un lugar que con mucho esfuerzo puse a producir y que cuando me lo dieron era maleza pura. Estoy endeudado con varias personas y hasta los frijoles que nos venden en la bodega los sembré y después de haberlo hecho vienen y me dicen que me tengo que ir y ni siquiera me han ofertado otro terreno a pesar de que estoy cansado de ir al Poder Popular para ver qué solución le van a dar a mi caso y al de los demás campesinos que están en la misma situación”.

El otro, residente en el poblado de La Asunción, nos dijo: “Debemos agradecer a Matthew porque, si no hubiera pasado por aquí, Maisí continuaría sumido en el abandono. Ahora los dirigentes se acordaron de los problemas de la carretera vieja, cuya terminación estaba prevista para antes de 1990. Es cierto que algunos campesinos han sido perjudicados, pero todos son unos “comecandelas” (chivatos), así que ahora tienen que tragar en seco y callarse”.

El faro de Maisí (Foto: Roberto J. Quiñones)

El faro de Maisí (Foto: Roberto J. Quiñones)

Acerca del presunto propósito turístico de la vía comentó: “No se puede tapar el sol con un dedo. Aquí había un hotelito que lo cogieron para almacén y ahora, en menos de tres meses, ha vuelto a ser reconstruido y reinaugurado con el nombre Faro de Maisí. ¿Con tantas casas destruidas por Matthew no era mejor haber destinado esos recursos a algunas familias? Cuando reinauguraron el hotel de 20 habitaciones el dirigente que habló dijo que lo habían hecho por la aceptación que la zona tiene entre los turistas europeos. ¿Y nosotros qué?”

A la citada reconstrucción del hotel se ha unido Villa Punta de Maisí, construida en sólo 20 días al lado del famoso faro Concha. Tiene 10 cabañas con baño interior y aire acondicionado, un bar, cafetería, restaurante, punto de venta, espacios de juego, pista de baile y, según publicó el periódico Venceremos el pasado 21 de diciembre, “exquisitas áreas de baño y prácticas de buceo”. Los inversionistas de Islazul construyen ahora una piscina y una terraza.

Habría que añadir que la villa fue construida con las llamadas petrocasas, donadas por el gobierno venezolano para los damnificados y que por los precios que habrá que pagar para hospedarse en ella no es un lugar para los cubanos de a pie, mucho menos para los lugareños, quienes posiblemente continúen presenciando la edificación acelerada de más instalaciones turísticas para disfrute de los extranjeros mientras continúan sin casas, sumidos en la pobreza, vigilados por las fuerzas élites de las FAR y el MININT y por los “comecandelas” que abundan en la zona, listos para reprimir violentamente la más leve muestra de disgusto.

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Acerca del Autor

Roberto Jesús Quiñones Haces
Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado. Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009.

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