¿Quién pagará las papas podridas?

¿Quién pagará las papas podridas?

Casi cien sacos botados, a la vista de una población hambrienta de una localidad al oeste de La Habana

LA HABANA, Cuba.- En medio de un congreso del partido comunista que pide “eficiencia y organización en la actividad estatal, sobre todo en lo relacionado con la alimentación del pueblo”, en el agromercado de Jaimanitas, al oeste de La Habana, muy cerca de donde se realiza el magno evento, tuvieron que botar casi cien sacos de papas echados a perder.

La administradora del establecimiento El Provenir, situado en 236 y Tercera C, perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios Jesús Menéndez, expresó que “la causa de la pérdida de tanta papa se debe a una mala distribución de la administración municipal. En Jaimanitas desde hace tres años no traían papa. Los jaimanitenses tenían que trasladarse a los agros del reparto Flores o al de Santa Fe a comprarla. Por tal motivo hubo muchas quejas en las asambleas de rendición de cuentas. Como respuesta enviaron una rastra y otro camión repletos de papa”.

Uno de los que ayudaron a botar las papas fue Alfredo Ramos, jefe de brigada de la Empresa de Comunales, que considera un crimen desechar tanta comida. “Yo salvé algunos sacos para los puercos, pero eran muchos sacos. Un camión”.

Mientras tomo fotografías a una estiba de sacos de papas podridas que aún esperan por su destino final, una cliente escoge algunas entre las pocas que se han salvado. Luego las pesa: tres libras, y me cuenta que es trabajadora del Policlínico de Jaimanitas. “No son para mí. Es para hacer el almuerzo de los médicos. Mira cuánta papa desaprovechada y al policlínico no le asignaron ni un saco”, se queja.

El limpiabotas Ramón Tamayo tiene su cajón frente al agro y ha observado desde su puesto de trabajo  la historia de las papas podridas.

“El cubano si no llega se pasa”, dice. “Tres años sin papas y ahora esta avalancha imposible de consumir en breve tiempo, por mucha hambre que haya. Yo vi a la gente llevárselas por sacos y las colas que se formaban eran tremendas, pero era mucha papa. Con un saco que se pudriera era suficiente para que se echara a perder el lote completo”.

La administradora cuenta que hizo cuanto pudo por salvar la mayor cantidad posible. “Lavamos decenas de sacos y escogimos las buenas para la venta, pero a pesar del intento perdimos una enormidad de sacos. No tenemos responsabilidad sobre tanta pérdida. Pero la pregunta del millón de pesos es: ¿Quién pagará esa papa?”

La respuesta tal vez la tengan los delegados al congreso del partido comunista, que por estos días “han analizado de manera profunda las deficiencias y trazados las estrategias para sacar la economía a flote”, mientras muy cerca de allí el esfuerzo  de trabajadores y los recursos para la cosecha, almacenamiento y trasporte, se tiró a la basura.

El limpiabotas Tamayo tiene su propia respuesta cuando concluye: “Quien va a pagar la papa podrida será el Estado. Pero quien sufre las consecuencias de la pérdida es el pueblo, que para sobrevivir necesita la papa”.

[fbcomments]