¿Qué sucede en Cuba cuando se rompe el televisor?

¿Qué sucede en Cuba cuando se rompe el televisor?

Los servicios de reparación también están pasando por una crisis

HOLGUÍN, Cuba.- Los televisores ordenados en fila ocupan el vestíbulo del taller de electrónica COPEXTEL en esta ciudad nororiental cubana.

En las afueras del recinto estatal, expuestos al sol, otros equipos similares están junto a sus dueños que esperan pacientemente. Todos necesitan cambiar el flyback, una pieza imprescindible para el tubo de rayos catódicos, la tecnología que poseen la mayoría de los televisores en Cuba, y ahora en desuso en el mundo tras la llegada de los televisores de pantalla plana.

En la puerta de entrada un anuncio informa que solo se repararán los televisores Panda y Haier, dos marcas chinas de las que se vendieron en el país 700 mil unidades, distribuidas durante la llamada “revolución energética”, una iniciativa del hoy fallecido Fidel Castro.

Desde entonces no ha habido estabilidad en el suministro de piezas de repuesto “debido a la temprana obsolescencia de la tecnología de estos equipos y el cambio por otras más modernas”, lo que ha complejizado la “adquisición de piezas con los suministradores extranjeros”, dijo José Ángel Pérez Gutiérrez, director general de COPEXTEL, al periódico oficialista Granma.

Ante la alta demanda, diariamente el taller presta servicio a solo 25 personas que son atendidas por cuatro técnicos. Los “afortunados” clientes que serán atendidos hoy hicieron una cola de dos semanas organizada a través de una lista que cada día aumenta y en la que están anotadas hasta ahora casi 200 personas. “Fue necesario hacer la lista porque el primer día hubo una reyerta entre los clientes”, dice a CubaNet Olga Fernández, un ama de casa.

El pase de lista es diario, en los horarios de 7 de la mañana y 5 de la tarde en el parque Simón Bolívar, situado frente al taller. Los ausentes quedan eliminados. La persona que lleva el control de la lista también está en cola.

“Es un sacrificio venir dos veces al día al pase de lista”, afirma Luis Zaldívar, un trabajador estatal que, como otros, ha solicitado autorización para faltar a su centro laboral.

Las personas que repararán el televisor al día siguiente harán una guardia nocturna frente al taller sentados en un banco de un parque inhóspito y malamente iluminado. Su misión será proteger la cola de cualquier extraño que intente acercarse para comprar la pieza. Las mujeres cubrirán el turno de la noche y los hombres el de la madrugada.

A Ernesto, vecino de la Macagua, un poblado situado a siete kilómetros de la ciudad, le corresponde la guardia desde la medianoche hasta las dos de la madrugada.

“No sé si pueda venir, yo vivo muy lejos”, dice Ernesto. El responsable de la lista le responde que tiene que sacrificarse, si no, la cola se pierde.

Los últimos en la cola no tienen la seguridad de poder comprar la pieza. Después de esperar casi cinco años, la provincia, con un millón de habitantes, acaba de recibir un reducido número de flybacks que no satisface la acumulada y creciente demanda, dijo a CubaNet un trabajador del taller bajo anonimato.

El televisor es el principal entretenimiento de la mayoría de los cubanos que ganan un salario promedio mensual de 28 dólares, insuficiente para acceder a otro pasatiempo. Las ofertas de los centros recreativos, bares y restaurantes tienen un precio por encima del nivel adquisitivo de la población.

La situación se torna dramática pues desde hace cuatro meses en Holguín no hay televisores a la venta.

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