¿Qué fue de la Flota Cubana de Pesca?

¿Qué fue de la Flota Cubana de Pesca?

La sobreexplotación y el abandono terminaron con una formidable industria

pescadores en gomas
Pescadores sobre cámaras de neumáticos (foto de archivo)

LA HABANA, Cuba – Aunque en los años 60 el gobierno cubano compró diez atuneros japoneses con todo y tripulación, ese proyecto, como tanto otros del Comandante, no rebasó el lustro de vida. En realidad, la Flota Cubana de Pesca fue armada por los soviéticos a principios de los años 70, con el fin de restablecer la maltrecha economía cubana tras una década de fracasos.

A partir de ese punto, la Flota Cubana de Pesca vivió una época de esplendor, llegando a tener 90 atuneros rusos del tipo Tropical, 20 arrastreros por popa españoles tipo Calsa y 4 buques-fábricas construidos en Alemania Oriental, además de dos buques-cisterna rentados también a los españoles.

Según la revista “Mar y pesca” que editaba por aquel entonces un abultado Ministerio de Pesca, esta flota llegó a capturas anuales de cien mil toneladas. Pero aquel ejército de barcos se fue extinguiendo lentamente hasta desaparecer por completo.

Un antiguo compañero de afanes llamado Julio Ayón, se dedicó por veinticinco años a la pesca de altura. Fue oficial de refrigeración del “Río Zaza”, uno de los cuatro buques-fabricas que llegó a tener la flota pesquera en aquella época feliz de la macarela y la merluza

Julio cuenta por qué fue que semejante flota con tan experimentados hombres, se deshizo: “por sobreexplotación y abandono. De las tripulaciones y de los barcos.”

Las campañas de pesca duraban de seis a siete meses, sin tocar tierra, con jornadas de doce horas diarias, algo que deterioró la salud de casi todas las tripulaciones. La mayoría de los hombres, una vez en tierra, padecían de trastornos nerviosos que trataban en vano de solucionar con alcohol.

Los barcos, bajo este excesivo régimen de trabajo, sufrían frecuentes averías que eran resueltas con reparaciones deficientes. A la postre, la nave averiada quedaba inutilizada por completo. Entonces se desguazaba para aprovechar sus piezas, práctica muy frecuente que era conocida como “canibalear”.

Por otra parte los soviéticos utilizaban algunos pesqueros en tareas de espionaje radioelectrónico en la zona de pesca del Atlántico Noroccidental, lo que recargaba la faena de las agrupaciones y les dificultaba cumplir la norma asignada.

Fue a fines de los años 80 que, ante la escasez de piezas y de suministros soviéticos, el gobierno cubano optó por desguazar más de la mitad de la flota, toda vez que su reparación era costosa y no se podía permitir los gastos de mantener una flota así.

Muchos barcos se vendieron a buen precio a España, como chatarra para sus acerías. En uno de estos viajes para transportar chatarra, el viejo buque Guantánamo dio una vuelta de campana y de toda su tripulación se dice que sólo sobrevivió un marinero.

Las tripulaciones de los barcos, tras el desguace, fueron rentadas a varios países por la firma Antares, que dirigía el capitán de navío Orlando Romay, posteriormente juzgado por corrupción.

De esa forma terminó un proyecto que costó millones de dólares y que, contrario a otros que de nada sirvieron, al menos durante poco más de una década trajo comida a la mesa de los cubanos e ingresos para miles de familias de pescadores.

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