¿Por qué esperar a que se inunde La Habana?

¿Por qué esperar a que se inunde La Habana?

Los desagües de aguas limpias y albañales son, desde hace mucho tiempo, parte del paisaje de una ciudad en ruinas

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Niña a punto de ser arrastrada en inundación en el Pontón, C. Habana (foto de archivo)

LA HABANA, Cuba.- Antes que los meteorólogos comiencen  con la siembra de nubes en los cielos del país con el propósito de aminorar los efectos de la sequía, según reportes de la prensa oficial, es posible colegir de antemano el escaso impacto de esos esfuerzos.

El problema estriba en la profusión de salideros en todo el país, sobre todo en la capital del país con sus más de 2 millones de habitantes.

Investigaciones llevadas a cabo por instituciones gubernamentales sobre este fenómeno, destacan que más de la mitad del agua que se bombea hacia los 14 municipios de La Habana se pierde por el mal estado de las tuberías.

Los desagües de aguas limpias y albañales son, desde hace mucho tiempo, parte del paisaje de una ciudad en ruinas.

Algo parecido sucede en miles de apartamentos, donde las conexiones hidráulicas han sido destrozadas por el óxido y los años de explotación. Existen numerosos núcleos familiares cuyo abastecimiento depende de conductos con más de 70 años de servicio.

Dado el margen de las afectaciones es iluso pensar en una normalización a corto plazo.

Con un déficit en los embalses que asciende a 320 millones de metros cúbicos de agua en comparación con igual período del año 2004, y pronósticos que coinciden en una extensión de la sequía, la situación del abasto tiende a crisparse en los meses venideros.

Una reciente pesquisa por tres cuadras de la calle Merced, en el municipio Habana Vieja que comprendió 40 casas y apartamentos, arrojó la existencia de uno o varios salideros en 28 de los inmuebles.

La cifra es el botón de muestra de una crisis que requiere inversiones de cientos de millones de dólares y no menos de una década para alcanzar soluciones duraderas, según un especialista que trabajó en una dependencia del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH).

“Yo no tengo dinero para sustituir las tuberías que están malas. Por lo menos con el agua que llega puedo llenar los tres tanques de 55 galones. Eso es lo que me interesa. Los salideros que esperen”, alegó un vecino de las casas visitadas.

En Cuba el pago por el suministro de agua es subsidiado. Esto de cierta manera contribuye al desinterés de la población en reparar las averías, motivo que se suma al promedio salarial que no sobrepasa los 30 dólares al mes. Cifra que apenas alcanza para cubrir necesidades alimentarias, aseo personal y otras de igual o mayor urgencia.

Mientras las lluvias siguen ausentes del territorio nacional, la poca agua que queda en las represas, continúa desperdiciándose a lo largo y ancho del país.

“De los dos salideros que tenía. Pude reparar el del inodoro. Este me salió barato, pero el otro ni hablar. Hay que romper paredes y todo. Ni que yo estuviera loca”, expresó una oficinista que reside en una de las vetustas edificaciones de la calle Merced, junto a su madre y dos hijos pequeños.

En los alrededores de esta zona del casco histórico son comunes los ríos de aguas cristalinas e inmundas sobre el pavimento.

Se nota que la sequía no ha llegado a su clímax. Esos afluentes conservan su vitalidad para satisfacción de los virus, bacterias y mosquitos Aedes aegypti.

oliverajorge75@yahoo.com

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