Perritos para protestar y para comer

Perritos para protestar y para comer

El deceso de un perro en Grecia motivó una crónica cursi de periódico oficialista cubano

LukanitosLA HABANA, Cuba -El pasado sábado 18, el diario Granma destacó en sus páginas interiores una noticia luctuosa: la muerte de Lukanikos. Se trataba de un perro que sobresalió por su rechazo a las fuerzas policiales y el apoyo que prestó a los manifestantes durante las pasadas protestas realizadas en Grecia contra las severas medidas de ajuste adoptadas para sacar al país de la bancarrota originada por los gastos excesivos.

En el mundo entero resulta usual que un órgano de prensa dedique espacio a una información afectiva consagrada a uno de esos animalitos que con justicia se han ganado el mote de mejor amigo del hombre. El problema es que en otras tierras los periódicos cuentan con decenas de pliegos que llenar, mientras que en Cuba el esmirriado Granma sólo dispone de dos páginas para las noticias internacionales. Llama la atención que se haya dedicado la tercera parte de una al deceso del can.

Hace decenios que un ser irracional no provocaba en el principal diario castrista una curiosidad similar. En este sentido, la antecesora inmediata de Lukanikos fue la vaca Ubre Blanca, recordista lechera que se convirtió en una de las fascinaciones de Fidel Castro. Gracias a ello, la res fue noticia frecuente de primera plana, y a su muerte (quiero decir, cuando “se tomó la decisión de interrumpir su vida”, para repetir la frase cursi que empleó entonces el Granma), se la consideró digna de erigirle una estatua.

Volviendo a Lukanikos, debo decir que los gacetilleros comunistas, en un estilo que bien serviría para redactar la más almibarada crónica social, describen al perro sato callejero como “can de raza mixta”. La noticia de su muerte ha servido para poner de manifiesto una vez más que los medios propagandísticos del castrismo informan tanto o más por lo que callan que por lo que dicen.

Es el caso que las protestas masivas en la Plaza Syntagma y otros espacios públicos de Grecia fueron noticia constante en los medios cubanos mientras ellas tenían lugar. Cuando cesaron, jamás el Departamento Ideológico del Comité Central se ocupó de informar a los cubanos de a pie que la situación en el país sudeuropeo se normalizaba. Sólo el sábado, con motivo de la muerte del cuadrúpedo, el Granma mencionó una vez más esas manifestaciones pasadas, con lo que sólo entonces nuestros compatriotas menos avisados tuvieron la oportunidad de sospechar cuál es la realidad helena de hoy.

La noticia comentada ofrece otro punto interesante; es cuando el prosista explica: “Lukanikos significa salchicha en griego, y se ganó el nombre debido al gusto que adquirió por esta comida, con la cual era alimentado”. En verdad parece muy poco delicado escribir algo como eso con destino al público de un país sumido en la miseria como Cuba.

Para uno de nuestros compatriotas de a pie resulta algo casi impensable que un can —para colmo, “callejero”; es decir, sin dueño— se alimente de modo sistemático con ese producto que los norteamericanos llaman hot dog y que casualmente se conoce en Cuba como “perrito”. Para ese coterráneo de uno u otro sexo, las salchichas constituyen un artículo exótico y codiciado, que sólo de vez en cuando pueden darse el lujo de adquirir a precios de monopolio en las tiendas en divisas controladas por el Estado expoliador.

En ese contexto, debemos reconocer que nuestros paisanos no se inclinan a prestar demasiada atención a la frase alada del canciller alemán Otto von Bismarck cuando aseguró que había dos cosas que eran las que permitían que las personas decentes durmieran tranquilas por la noche: una era que desconocían cómo se redactaban las leyes; la otra, que ignoraban los pormenores del proceso de fabricación de las salchichas…

Esos remilgos no son para un cubano famélico. Los referidos subproductos cárnicos de ínfima calidad seguirán constituyendo para él una de las principales fuentes de proteína, así como el ingrediente fundamental de uno de los más apetecidos platos de la alta cocina popular: arroz con perrito.

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René Gómez Manzano

(La Habana, 1943). Graduado en Derecho (Moscú y La Habana). Abogado de bufetes colectivos y del Tribunal Supremo. Presidente de la Corriente Agramontista. Coordinador de Concilio Cubano. Miembro del Grupo de los Cuatro. Preso de conciencia (1997-2000 y 2005-2007). Dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Ha recibido premios de la SIP, Concilio Cubano, la Fundación HispanoCubana y la Asociación de Abogados Norteamericanos (ABA), así como el Premio Ludovic Trarieux. Actualmente es miembro de la Mesa de Coordinación del Encuentro Nacional Cubano

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