Peleó en Angola, durmió en la calle, hoy es libre

Peleó en Angola, durmió en la calle, hoy es libre

La historia de Ricardo Pupo es la de muchos cubanos que fueron carne de cañón y luego fueron abandonados a su suerte, con las secuelas de una guerra ajena y cruel

angolaLA HABANA, Cuba. -Ricardo Pupo Sierra salió para el exilio hace unos días. No me perdonaría a mí misma si dejo de escribir la triste historia que le tocó vivir.

Aunque hacía algunos años vivía en Cienfuegos, Pupo nació en Holguín. Un día le pregunté cómo vino a parar tan lejos, y me respondió: “Tratando de borrar los malos recuerdos”.

Entonces me contó que, décadas atrás, cuando acababa de cumplir 17 años y estaba estudiando, lo llamaron para el Servicio Militar Obligatorio (SMO) y al concluir la previa (como le llaman a los 45 días de entrenamiento militar previo) les comunicaron que iban a pasar el servicio en Camagüey. Pero una vez allí, la noche antes de partir un oficial les anunció que al amanecer saldrían para Angola.

De aquel momento, Pupo recuerda a un recluta que gritó en la formación: “¡Si tengo que pelear por Cuba lo hago, pero a Angola no voy!” Aquel muchacho fue humillado, tachado de cobarde y homosexual, y se lo llevaron preso. Nunca más se supo de él. Han pasado los años y Ricardo siempre recuerda a aquel joven valiente que supo defender sus derechos.

De los dos años en Angola Ricardo hablaba poco, y cuando lo hacía se quedaba pensativo. Vio morir a un joven destrozado por una mina, y a otro por enfermedad. Jóvenes que habían compartido con él en Holguín, en su pueblo. Con el paso de los años, se fue dando cuenta de que se los llevaron primero para Camagüey para que no pudieran comunicarse con su familia.

Su madre no supo de él hasta más de tres meses después, cuando le permitieron escribirle. Ella nunca se recuperó por completo de la crisis nerviosa provocada por el secuestro de su hijo, y murió poco después de su regreso.

El jefe de la unidad donde estaba reclutado, siempre les repetía: “Tengan cuidado al andar con las negras, porque dicen los americanos que estamos llevando una enfermedad extraña para Cuba”.

Antes de devolverlos a la isla, por haber completado la misión les dieron un “estímulo” de 150 kwanzas y los llevaron a una candonga. El dinero alcanzó para un pomo de agua de colonia para la madre, dos fosforeras (una para cada hermano) y un par de medias para la hermana.

Ya en Cuba, no recibió ningún apoyo gubernamental, ni lo buscó. Se ganaba la vida trabajando en cualquier cosa, hasta que comenzó de ayudante de un dulcero particular de mucho prestigio, que le enseñó el oficio. Así logró sobrevivir todos estos años.

Ricardo Pupo Sierra (Foto del autor)
Ricardo Pupo Sierra (Foto del autor)

Ricardo comprendió que la manera más eficaz para luchar contra la dictadura totalitaria de los Castro era unirse al movimiento de derechos humanos, y es así como se incorpora al Partido Pro Derechos Humanos de Cienfuegos. A través de este denunció violaciones a los derechos humanos y participó en actividades a favor de la democracia. El régimen ordenó su detención y fue condenado a tres años de prisión por un supuesto delito de peligrosidad, condena que cumplió en la prisión de Ariza, Cienfuegos.

Pero aun así, Ricardo no cesó en su trabajo por la defensa de los derechos humanos. A su salida de la cárcel, se incorporó al Movimiento Cubano Reflexión. Durante todos estos años, Ricardo tuvo que dormir en cualquier lugar (un parque, el Prado, la terminal de ómnibus) porque en Cuba no hay refugios ni casas de tránsito para personas sin amparo ni hogar. Tampoco tenía libreta de racionamiento, ni carnet de identidad, que le habían quitado al entrar en la prisión. Una de las formas de hostigamiento empleadas contra él era detenerlo por no llevar el documento de identidad.

De Ricardo son estas palabras, que aún preso declaró por teléfono para el periódico La República de septiembre de 2006, editado en Miami por el Directorio Democrático Cubano: “Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, grupo o partido. Un pueblo es la composición de muchas voluntades. (…) Un pueblo es el bien común de todos los ciudadanos. Esto solo es posible en la democracia. (…) Salgamos a las calles en busca de la verdad y así llegará la libertad”.

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