“Para seguir soñando hay que estar vivo”

“Para seguir soñando hay que estar vivo”

Leosdanys, joven artista plástico guantanamero, a pesar de sentirse víctima de la profunda crisis económica que vive el país, piensa que no todo está perdido

Leosdanys Rodríguez Matos (Dany) durante una sesión de tatuaje (foto del autor)
Leosdanys Rodríguez Matos (Dany) durante una sesión de tatuaje (foto del autor)

LA HABANA, Cuba – Muchos artistas y jóvenes creadores se sienten frustrados por la falta de oportunidades dentro de la isla para desarrollar plenamente sus empeños profesionales. Víctimas de la profunda crisis económica que vive el país, y desatendidos por las instituciones estatales, terminan arrinconados en ocupaciones marginales dentro de la batalla diaria por la subsistencia.

Leosdanys Rodríguez Matos (Dany), un joven artista plástico guantanamero, es uno más de esa larga lista. “He tenido que abandonar mi carrera para no morirme de hambre. Desde que me gradué realicé decenas de obras en mi provincia natal. Trabajé en murales pictóricos y de cerámica para proyectos comunitarios e iglesias; doné obras para ambientación y pinté decenas de cuadros que participaron en múltiples exposiciones nacionales e internacionales”, cuenta.

Rodríguez Matos, quien se graduó en 1997 en la Academia de Artes Plásticas José Joaquín Tejada, en la provincia Santiago de Cuba, también cuenta con exposiciones personales en España, Italia y Alemania; así como en la Bohemme Fine Art y la Galería de Arte Latino, con sede en los Estados Unidos.

Pero las expectativas de desarrollo profesional y económico en Guantánamo eran pocas y el joven artista decidió viajar a La Habana, en busca de mejores opciones.

“Llegué a la capital en 2011 y comencé a chocar con la telaraña del burocratismo, los prejuicios regionalistas y los intereses personales de los funcionarios de cultura y administradores de galerías de arte. Durante un tiempo sobreviví con la venta de mis cuadros a compradores extranjeros; pero estaba solo, y terminé derrumbándome. Todo el dinero que ganaba se me iba en alquileres y comida, y me quedé sin recursos y materiales para seguir pintando”.

A mediados del año 2011, el joven pintor decidió establecerse en la capital habanera y dedicarse a los tatuajes que, ya desde entonces, se habían convertido en un oficio muy lucrativo.

“Al principio lo hice como un escape para resolver el diario. Mi intención era ahorrar un poco de dinero para continuar después con la pintura, pero cuando me vine a dar cuenta ya tenía una numerosa clientela. Además, mi licencia de Artista Independiente me autoriza para realizar este tipo de trabajo. Eso sí, aunque no puedo decirte que me vaya mal, lo cierto es que me gustaría dedicarme a la pintura, porque esa es mi gran pasión y el espacio espiritual donde me siento plenamente realizado”.

Dany confiesa que se siente decepcionado, presa de la incertidumbre y el desaliento, atrapado en una sociedad de expresiones bipolares donde la gente transita de la euforia a la depresión. Una sociedad donde todo se reduce a sobrevivir.

“Yo siento que todavía tengo muchas cosas que decir a través de la pintura, y que esto de hacer tatuajes es una forma de irme muriendo como artista; pero tengo que comer, pagar alquiler y enviarles alguna ayuda a mis padres en Guantánamo. Tengo que ser objetivo, porque para seguir soñando hay que estar vivo”.

Y de eso se trata el drama de la mayoría de los cubanos: de seguir vivos. De resistir y esperar apoyados en esa fe que, semejante a las luces intermitentes, aunque unas veces se enciende y otras se apaga, siempre deja la sensación de que no todo está perdido.

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