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¿Noticiero para niños?

Niños de preescolar en Cuba (foto del autor)
Niños de preescolar en Cuba (foto del autor)

LA HABANA, Cuba. -Un buen amigo tiene a su hija pequeña en el grado preescolar. Ya le había sorprendido a mi amigo que, desde el mismo primer día de clases, arrancaba la tremenda maquinaria de invasión y colonización mental de los pequeños. Durante casi una hora se sucedían discursos de funcionarios, maestros, padres y, por último, del director del colegio, todos multiplicando las loas a la revolución, a la educación gratuita, a los tres espías presos en Estados Unidos, a la Venezuela de Nicolás Maduro y quién sabe a cuántos delirios más. Hasta los estudiantes de grados mayores se aburrían a muerte y estaban locos porque aquello terminara.

Lo curioso es, según mi amigo, que, aunque la educación es gratuita, los padres siempre tienen que estar llevando algo a la escuela, desde carpetas hasta frazadas de piso y especias para el almuerzo. Sin contar, diariamente, las dos meriendas y el “refuerzo”, por no hablar de los frecuentes aportes en dinero, empezando por los cinco dólares necesarios para comprar un ventilador que alivie el sofocante calor en la sala de clases.

Ahora mi amigo ha vuelto a horrorizarse, pues su niña ha llegado a la casa diciendo que, según le ha contado su maestra, “en África hay una enfermedad muy mala que está matando a muchas personas, a muchos niños”. El padre le preguntó, sin poder creer lo que oía, si le estaba hablando del ébola. “Sí”, le dijo su hija, “y dice la maestra que tenemos que ver las noticias por la noche”.

Por supuesto, la maestra también había hablado —faltaría más— de los médicos cubanos que habían marchado sin ningún interés y con mucho coraje a ayudar a los africanos en la lucha contra la terrible enfermedad, sin importarle a la pedagoga que aquellos niños de cinco años no supieran qué cosa era ni dónde se encontraba África, ni tuvieran idea de lo que era un noticiero.

Círculo Infantil "Futuros Comunistas" (foto del autor)
Círculo Infantil “Futuros Comunistas” (foto del autor)

Mi amigo no pudo contenerse y al día siguiente se quejó ante la maestra.  Ésta argumentó que aquello se hacía para que los niños también pudieran estar preparados para los peligros de una epidemia como la del ébola. Mi amigo protestó, indignado, porque aquello no tenía por que ser una preocupación para niños pequeños y le aseguró a la docente que su hija no vería el noticiero porque, en realidad, ni siquiera él lo veía. La maestra, claro está, le dijo que ella cumplía con lo que le decían que tenía que hacer, porque no quería perder su puesto de trabajo.

No había nada que hacer. Mi amigo podía, naturalmente, ahorrarle a su niña la tortura de ver un noticiero de la televisión, dudando que pudiera haber algún padre con gandinga para someter a su hijo a semejante tormento. Lo que de ninguna manera podía evitar era que en la escuela, en ese tempranero grado preescolar, a su hija de cinco años, los maestros y el director —y de hecho cualquier funcionario enviado con esa misión en el caso de que fuera preciso— le llenaran la cabeza de toda la propaganda ordenada desde “arriba”.

Ya se sabe que el adoctrinamiento político a los niños en Cuba es constante y carece del menor pudor, pero no deja de resultar alarmante la manipulación de los infantes, cuando la vemos en programas televisivos como Para saber mañana, donde una pareja de muchachitos, habla de efemérides patrióticas, exaltando la violencia en múltiples formas más que simples valores humanos de convivencia y paz, y maltratando el idioma como si se tratara de un enemigo al que no se le puede tener perdón.

Círculo infantil "Los artilleritos" (foto del autor)
Círculo infantil “Los artilleritos” (foto del autor)

Para ellos, la historia es esa serie de consignas y ficciones atropelladas que, además, y para colmo, ellos deben repetir. Su única misión es la repetición de una historia ficticia.

En la edad preescolar, hasta los seis años, o sea, antes de que el niño empiece en primer grado, ese adoctrinamiento se torna más brutal y más absurdo, pero igualmente irrefrenable. Lo insinúan los nombres de Círculos Infantiles como “Futuros comunistas” o “Los artilleritos”.

Los ideólogos del gobierno cubano han visto y siguen viendo cómo gran parte de los jóvenes terminan vaciándose de toda esa chatarra medieval que le han metido a la fuerza en la cabeza, pero no se les ocurre a estos dogmáticos, como solución, más que meterles lo mismo en la cabeza desde más temprano y con mayor fuerza a las nuevas generaciones, porque el gobierno no necesita ciudadanos, sino súbditos capaces de morir por él.

Y puede parecer que debieran abandonar esa política porque no funciona siquiera para ellos, porque no consiguen al final multitudes de súbditos obedientes, sino muchedumbres de jóvenes que no creen en nada, que no se sienten vinculados con el pasado ni con el presente, que no son libres, sino fugitivos. Para esos ideólogos, sin embargo, eso es alguna ganancia, pues el desastre sería solo recoger una cosecha de rebeldes.