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Jueves, 24 de agosto 2017

El arte de tocar el cuerpo para sanarlo

Ciertos privados tratan de sacar adelante un negocio lleno de tabúes

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(Cortesía)

LA HABANA, Cuba.- Parte de la diversificación del mercado laboral privado en Cuba ha sido generada por el flujo de libre información que facilita el acceso a Internet, donde una gran cantidad de sitios incentivan la búsqueda de prácticas alternativas para mejorar la salud.

Uno de los servicios laborales que se está haciendo visible es el que ofrecen los masajistas, quienes se perfilan como una fuerza laboral muy competitiva.

Para Adis Nubia Guerrero Arias, una masajista de 49 años, “la gente está descubriendo los múltiples beneficios que aporta a la salud el masaje, aunque queda mucho por hacer en cuanto a promoción, porque en Cuba está actividad está muy alejada de nuestras costumbres culturales”.

Guerrero Arias, graduada de Técnico Medio en Animación y Recreación Turística, decidió capacitarse en las técnicas de manipulación corporal “porque a través de esta poderosa herramienta terapéutica puedes contribuir al bienestar de los demás no sólo en lo físico, sino también en aspectos vitales como lo psicológico, estético y social”.

Adis Nubia comparte el trabajo individual que realiza en el espacio privado de su casa, ubicada en calle 66, entre 17 y 19, municipio Playa, La Habana, con el equipo de trabajo de “YUMAMASSAGE”, una casa de masajes ubicada en L y 23, en el vedado, La Habana, donde gracias a su diligencia conocimos y conversamos con su directora y parte del equipo.

La directora de YUMAMASSAGE, Yuneisa Perera Rodríguez, una joven de 31 años licenciada en psicología, aprovechó su escaso tiempo para desmontar, brevemente, el mito popular sobre la “superioridad masculina en actividades como la relacionada con el masaje”.

“Algunas personas asocian el masaje con la fuerza física, y por eso le atribuyen a los hombres mayor capacidad en este oficio; pero lo cierto es que la mayoría de los clientes se sienten más confiados ―y prefieren― a las masajistas mujeres”, dice Perera Rodríguez.

La psicóloga, quien ha realizado diversos cursos especializados que la capacitan como masajista y que está próxima a concluir un postgrado en osteopatía, considera que “la proximidad corporal entre el masajista y el masajeado, y el contacto físico con su cuerpo desnudo, o semidesnudo, involucra un grado de intimidad que para la mayoría resulta menos incómodo cuando la profesional es una mujer, además de que en el masaje lo fundamental es la técnica, la habilidad y la experiencia”.

Handiel Álvarez Hidalgo, otro de los integrantes de YUMAMASSAGE, es un joven de 28 años que se graduó en Ecuador en un curso de especialización en “Estimulación Acuática y Actividades Físicas para Grupos Especiales, Atletas de Alto Rendimiento, Personas con discapacidad y Adultos Mayores” y está próximo a concluir un técnico medio en Terapia Física y Rehabilitación.

Álvarez  Hidalgo, para quien la capacitación es el pilar fundamental sobre el que se construye la ética profesional, lamenta que a los aspirantes que solicitan licencias para ejercer el trabajo por cuenta propia no se les exija conocimiento certificado.

“Hay mucha gente improvisada, amparadas legalmente, que están haciendo barbaridades. Y aun cuando no se justifique que suceda con reparadores de calzado, albañiles, barberos y otros oficios, es mucho más grave cuando se trata de la salud ―y a veces hasta de la vida― de los seres humanos”.

Otro de los aspectos que Handiel considera imprescindible en un servicio de calidad es el relacionado con la infraestructura. “Los locales que ofrecen servicio de masajes deben tener un mínimo de comodidades y, sobre todo, de extrema higiene. Y eso hay que lograrlo aunque para ello tengamos que sacrificar parte de nuestros ingresos”.

El entorno laboral y otras condiciones accesorias fue un tema recurrente dentro de las preocupaciones y exigencias de todos los entrevistados, tanto como la capacitación y el conocimiento profesional.

Ángel francisco Mansanet Santiesteban, de 50 años, asegura que “un masajista competente y bien entrenado no solo puede mejorar y curar los efectos nocivos del estrés, los traumas musculares y otras dolencias físicas. Un masajista competente también educa y capacita a las personas que atiende, para que aprendan a vivir la libertad de un cuerpo y una mente sana”.

Pero para Mansanet Santiesteban, graduado de pintura en la Academia de Artes Plásticas San Alejandro y profesor de yoga y artes marciales, el efecto curativo del masaje comienza con la primera impresión que recibe el cliente.

Yuneisa Perera durante una sesión de masaje (Cortesía)

Yuneisa Perera durante una sesión de masaje (Cortesía)

“La presencia física, la ropa que usas durante la sesión de masajes, las condiciones del lugar, la iluminación, la calidad de los productos, la fragancia y limpieza de las sábanas y toallas, todos y cada uno de ellos, son elementos que contribuyen a que el cliente se sienta confiado y seguro de que recibirá lo que busca”.

Uno de los recursos técnicos que parece más atractivo, y con el que muchos masajistas se identifican, es el shiatsu, que según el libro El Arte del masaje es el “nombre con el que se designa una gran variedad de técnicas” que, no obstante, tienen como principio común “la creencia en una fuerza vital conocida como Ki, que fluye por todo el cuerpo a través de los canales comunicados entre sí, o meridianos.”

Sin embargo, para algunos masajistas el bajo poder adquisitivo de la población cubana, que limita el acceso al servicio que ellos ofrecen, reduce considerablemente sus ingresos, mientras por otra parte las limitaciones y obstáculos para comprar accesorios como “camillas habilitadas” los convierten en trabajadores itinerantes con escasos recursos y posibilidades de mercado.

Tal es el caso de Edel Guerrero Ortega, de 35 años, un técnico medio en Química Industrial y Licenciado en Estudios Socio-Culturales quien, además, es especialista en Masaje Reflexológico Chino, una variante del Shiatsu, y ha cursado estudios de masaje cervical, facial, capilar y corporal estético, según afirma.

“Mi camilla es una caja de cartón donde vienen los refrigeradores chinos marca Haier. Llevo siete años en el negocio y aún tengo que lidiar con muchas dificultades. Mi patrimonio laboral más valioso es mi preparación y mi ética profesional”, dice Guerrero Ortega.

Algunos profesionales del masaje que fueron entrevistados, pero que prefirieron no identificarse, consideran que “el camino que nos queda por recorrer a los masajistas que amamos esta profesión, y nos respetamos, es muy largo y tortuoso. Contra todo lo que se diga, por parte de algunos afortunados dentro del oficio, es el masaje erótico, con todas sus variantes, el que atrae mayor número de clientes”.

Una de las jóvenes entrevistadas que no reveló su identidad, de 32 años y licenciada en Enfermería, refirió que  “algunos centros privados, mal llamados spas, ofrecen ‘servicio integral personalizado’, un atractivo paquete de satisfacciones sin límite que comienza con un masaje de estimulación. Y ya sabemos que el sexo vende, y lo hace en sociedades desarrolladas donde las opciones son múltiples, así que imagínate en este carnaval de calamidades”.

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