Marinello, ¿una sombra que perturbó a Fidel Castro?

Marinello, ¿una sombra que perturbó a Fidel Castro?

¿Qué ocurrió con este célebre comunista, que se quedó fuera del juego político de la Revolución triunfante?

Juan Marinello en su oficina (foto cortesía del autor)
Juan Marinello en su oficina, poco antes de morir (foto cortesía del autor)

LA HABANA, Cuba. – La nota biográfica del intelectual marxista-leninista Juan Marinello Vidaurreta, nacido en el poblado de Jicotea, provincia Villaclara (1898-1977) es una de las más prolíficas de las que aparecen en el Diccionario de la Literatura de Cuba, publicado en 1980.

Mucho antes de que naciera Fidel Castro, era el cubano más importante de la hoz y del martillo.

Aun así, es muy posible que los historiadores oficialistas de hoy no se hayan preguntado aún qué ocurrió con este célebre comunista, que se quedó fuera del juego político de la Revolución triunfante, una vez fueron repartidos de dedo todos los cargos claves del gobierno. ¿Acaso se han interesado en indagar la singular trayectoria laboral de Marinello a lo largo de casi veinte años que vivió bajo la ¨égida¨ de Fidel Castro?

No fueron pocos los cubanos, conocedores de nuestra historia, que se preguntaron por qué el viejo presidente de todos los comunistas cubanos no fue nombrado presidente de los nuevos comunistas del país, cuando en 15 de abril de 1961 ya Fidel Castro había proclamado el carácter socialista de la Revolución. Ni siquiera tuvo en cuenta que en 1948, Marinello había aspirado a ese mismo cargo, como candidato por el Partido Socialista Popular y había fracasado.

Por qué el jefe guerrillero de la Sierra Maestra prefirió a Osvaldo Dorticós Torrado, nadie lo sabe. Dorticós no poseía, ni remotamente, el historial de Marinello: fundador del Partido Socialista, ensayista, poeta, periodista, orador…

Conocí a Marinello durante los primeros meses de 1961, cuando junto a un grupo de jóvenes poetas del desaparecido periódico Prensa Libre, visitábamos semanalmente su casa en el reparto Nuevo Vedado de La Habana. Era un hombre de personalidad muy carismática, afable, de buen carácter y a simple vista con una buena dosis de comprensión y tolerancia ante la vida. Conversábamos mucho. Escuchamos su larga historia como político, sus viajes por el mundo…, nos regaló algunos de sus libros. En ocasiones, aunque no llegué a hacerlo, tuve deseos de preguntarle su opinión sobre el asesinato de León Trotsky, ordenado por José Stalin.

Por esos mismos días, Fidel Castro se reunía con otro grupo de escritores en la Biblioteca Nacional, cuyo resultado se resume en su famosa frase ¨Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada¨, parodiando la de Benito Mussolini: ¨Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado¨ y el grito del dramaturgo Virgilio Piñera, temeroso ante la falta de libertad que se avecinaba.

Caridad Mercader (la madre del asesino de Trotsky) y Lena Imbert, junto a Juan Marinello, en México (foto cortesía de la autora)
Caridad Mercader (la madre del asesino de Trotsky) y Lena Imbert, junto a Juan Marinello, en México (foto cortesía de la autora)

Unos días después, Juan Marinello escribía un artículo titulado Carta a un grupo de escritores jóvenes –a nuestro grupo-, y se publicaba en la Revista Bohemia. Entre otros puntos, dijo: ¨Que nadie se sienta forzado a una manera específica de expresión, que nadie renuncie a su pensamiento, siempre que éste confluya en una gran voluntad nacional que no es legítimo contradecir ni atacar.¨

¿Quería decir que debíamos escribir libremente, como cada cual pensaba? ¿Acaso respondía a la macabra consigna del jefe guerrillero, cuando claramente dijo que si no escribías a favor de su revolución, entonces no escribas?

Aunque conocido como un hombre de paz, vital todavía y tan apegado a las luchas políticas, recuerdo que nos llamaba la atención el retiro al que se vio obligado, siempre en su casa, en medio de la vorágine revolucionaria que se vivía en Cuba, ¿No era acaso el más idóneo, el más confiable para ocupar una de las funciones más esenciales dentro del nuevo gobierno socialista?

¿O era demasiado rival para el líder máximo?

Al fin, a mediados de 1962, Marinello ocupó el cargo de rector de la Universidad de La Habana y los pocos meses, exactamente en febrero de 1963, se le supo varios años muy lejos, allá en Ginebra, Suiza, como Embajador Permanente de Cuba ante la UNESCO. Bien distante del acontecer cubano. ¿Una vieja y actual costumbre de Fidel Castro para mantener fuera de su tablero de ajedrez político a todo aquel que poseyera criterios propios?

En el mes de marzo de 1977, inmerso el Comandante Invicto en la búsqueda de un acercamiento con Estados Unidos, muere Juan Marinello. No recuerdo que le haya dedicado uno de sus miles y kilométricos discursos.

¡Quien entiende a los comunistas! Menos mal que como cualquier paisaje boscoso, la Revolución castrista se entiende mucho mejor desde lejos.

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