“Lo cubano desbordó la Isla e inundó el mundo”

“Lo cubano desbordó la Isla e inundó el mundo”

Entrevista a Ileana Fuentes, directora del Museo de la Diáspora Cubana

Ileana Fuentes (Cortesía)

LA HABANA.- Nunca olvidaré mi visita al American Museum of the Cuban Diaspora, en la calle 12 y Coral Way, Miami. No solo por sus muestras, sino también por la personalidad excepcional de su directora, la doctora Ileana Fuentes.

La doctora Fuentes me concedió el privilegio de mostrarme personalmente el museo, sala por sala. El recorrido se inició en un salón presidido por una pintura de Bedia que ocupa toda una pared, un jinete armado con un machete, y que tiene un título bien elocuente: “Una nueva carga al machete”.

Además de deleitarme con su conversación y sus explicaciones sobre el museo, la historia de Cuba, su gente y otros temas, la doctora Fuentes tuvo la gentileza de responder este cuestionario para CubaNet.

Teniendo en cuenta que usted vino a los Estados Unidos muy niña, durante la Operación Peter Pan, me ha sorprendido agradablemente su cubanía, su nivel de información sobre la situación en Cuba, así que no puedo evitar preguntarle cómo lo ha conseguido.

Llegar en 1961, a los 13 años, como refugiada, sola, a un país extraño, donde el ciudadano promedio —los norteamericanos— no saben de dónde uno viene, y te preguntan constantemente si había luz eléctrica y automóviles en Cuba, en qué tipo de choza vivías y dónde está Cuba, hizo de Cuba “mi país”, una obsesión, algo que una conoce y recuerda, y que no puedes ni quieres olvidar. Tu identidad está en juego, y mientras más conoces y aprendes del país y la cultura de tu tierra natal, más seguro, más fuerte, con más confianza en ti te sientes.

José Bedia: ‘Algo así… como una nueva carga al machete’, 2017 (Cortesía)

He pasado toda mi vida reafirmando esa identidad entre propios y extraños. La crianza tiene que ver con ello también. Mi madre fue maestra en Guanabacoa, y miembro de la Fragua Martiana, donde me llevaba muy a menudo. Tener que memorizar a los cuatro años Los zapaticos de rosa, de Martí, marca tu conciencia para toda la vida; aunque, como feminista, no soy martiana (el aferrar la identidad nacional a Martí nos ha hecho como pueblo mucho daño). Por su parte, mi padre había sido fundador del Conjunto Casino a finales de los años 30. Nunca se resignó a la realidad de ser un exiliado, de no poder regresar a su patria, a ponerle flores a la tumba de su madre. Amaba su Cuba, la que había recorrido con el conjunto de punta a punta. Todos los días te hacía un cuento, una anécdota, te llevaba a La Habana de su memoria. Hizo lo mismo con mi hija, su única nieta. Papá había militado en el Partido Ortodoxo, y conocía a Fidel Castro y su demagogia y total falta de escrúpulos por experiencia propia. Por tanto, la revolución, sus antecedentes y su resultado nefasto lo conoció en carne propia y era tema constante en mi casa.

No nos perdíamos una noticia sobre Cuba, reuniones políticas, manifestaciones, actos culturales donde todo giraba en torno a “nuestra Cuba” y a la caída de Fidel y del comunismo. No hubo una Nochebuena que terminara alegre, todo el mundo lloraba con el brindis por “el próximo año en Cuba”. Más adelante, me dediqué a estudiar sobre Cuba, a leer, a aportar a la cultura a través de grupos. En los setenta me integré al Centro Cultural Cubano de Nueva York, y hasta el día de hoy mi vida ha sido Cuba.

Recuerdo el poema de Heberto Padilla donde afirma: “Yo siempre he vivido en Cuba”. Cuba y la desaparición del castrismo. Cuba y el retorno a la democracia. Cuba y los derechos humanos y civiles de todos los cubanos. Cuba y el libre mercado, el progreso y el bienestar del cubano de a pie. Cuba y una agenda feminista para rescatar a la nación del destructivo machismo, del perenne caudillismo. Cuba pensada como Matria, y no como Patria.

¿De quién fue la idea del Museo?

Ha habido idea de un museo cubano desde los años setenta, cuando se empezó a conocer que el Gobierno de Cuba estaba despilfarrando —léase vendiendo— parte del patrimonio cultural de la nación. Hubo un gran escándalo con la venta de los cuadros de Sorolla que había en el Museo Nacional en los mercados de arte de Europa. Eso despertó el deseo en un grupo eminente y próspero de cubanos de Miami de hacer algo por la cultura.

Florencio Gelabert: ‘El Sitio III’, 2017 (Cortesía)

El Museo Cubano de ahora surgió en 1996, encabezada su junta de directores por la Dra. Ofelia Tabares, jubilada ya hace unos años. Fue un “museo sin paredes” hasta 2016. Ese año se re-bautizó como el Museo Americano de la Diáspora Cubana, y se inauguró su sede permanente.

¿Por qué el Museo es de la diáspora y no del exilio?

Es no solo del exilio porque quisimos ser inclusivos. El término “diáspora” incluye a todos los cubanos que residen, crean, prosperan, y han hecho sus vidas, fundado familias, y logrado sus sueños fuera del territorio cubano. La inmensa mayoría es exiliada, incluyendo a los hijos y nietos de exiliados. Pero otros, que sí son parte de la diáspora, no salieron de Cuba como exiliados estrictamente hablando, aunque todos, aunque no lo entiendan y digan que son “emigrantes económicos”, son en realidad refugiados políticos, ya que han tenido que dejar su país porque el sistema político cubano no les permite una vida decente, próspera y razonable.

Entonces, al escoger su nuevo nombre, pensamos que si le llamábamos “del exilio”, mucha gente se sentiría (erróneamente) excluida. El término “diáspora”, que es más científico, humanista, tema de estudios académicos, incluye a todos los cubanos regados por doquier. Hoy, en muchas universidades se estudia e investiga la diáspora africana, la caribeña, la haitiana, la irlandesa, la de diversos países asiáticos, y, sobre todo, la diáspora judía, que es la más antigua y conocida, y que cuenta con museos importantísimos en muchas ciudades del planeta. ¿Entonces por qué no estudiar, documentar y celebrar la diáspora cubana, con pasión y urgencia? Esa es nuestra misión.

María Brito: ‘Seedings’, 2005 (Cortesía)

¿Qué criterios utilizan a la hora de escoger las obras que se exponen?

El Museo no es un museo de arte. Es un museo de especificidad cultural, un museo de la memoria. ¿La especificidad y la memoria de quién? De la diáspora cubana. Las humanidades —historia, sociología, literatura, antropología— son tan importantes en este Museo como las artes. En la temporada de arte (diciembre-enero) el Museo prestará atención a los artistas plásticos mediante exposiciones organizadas rigurosamente dentro de la misión documentadora del Museo. Los criterios priorizan la trayectoria profesional del artista, las colecciones museológicas que cuentan con su obra, las exposiciones importantes en que ha participado, los premios y becas que ha recibido, etc. El resto del año, las exposiciones serán de corte histórico-social sobre el desarrollo de la diáspora (desde el primer período de exilio hasta hoy) y sobre eventos importantes en los últimos 60 años que han marcado nuestra historia.

¿Qué importancia para los cubanos tiene este Museo?

Imagínate. Desde el siglo XIX, la historia de Cuba, de los cubanos, no puede contarse sin incluir sus diversos exilios y migraciones. No hay historia sin Martí, Varela, Morúa Delgado, Heredia, Emilia Casanova, Cirilo Villaverde, la Avellaneda, sin los cubanos de Nueva York, Tampa y Cayo Hueso que tanto aportaron a la lucha por la independencia. Tampoco sin los músicos que formaron parte del surgimiento del jazz en EEUU y de la música en general en Nueva York durante los años 30 y 40. Hasta el santiaguero Desi Arnaz con su Ricky Ricardo es de los cubanos.

Entonces, documentar y celebrar la historia, los logros, la creatividad, la tenacidad, y el ingenio de 1,8 millones de cubanos que a partir de 1959 tienen que irse de Cuba a sobrevivir y a reinventarse en otras tierras y en otras culturas es de suma importancia, porque esa es una historia no solamente cubana, sino también de cualquier país donde exista una comunidad de cubanos en diáspora.

¿Quién financia el Museo? ¿Ha sido difícil obtener ese financiamiento?

La sede permanente del Museo en Miami la financió el Condado Miami-Dade mediante una asignación aprobada por votación de los residentes del condado en 2004 en pro de diversas instituciones culturales, parques y centros de recreo. Sus gastos operacionales ascienden a $2,8 millones, incluyendo exhibiciones y programas, y esos fondos provienen en parte del Condado Miami-Dade, la Ciudad de Miami, patrocinios corporativos, diversos donantes y mecenas, y fundaciones privadas. También con ingresos de entrada al museo, de los miembros, y de la rentabilidad de una gran terraza en la azotea y un jardín interior, que están disponibles para eventos y fiestas. Ha sido y es difícil obtener este apoyo, porque el museo con su sede está empezando, y en proceso de obtener acreditación nacional, que es requisito para ciertas fuentes de fondos. Por eso hemos realizado solamente dos exhibiciones, pero que han sido sumamente importantes y de alto nivel de excelencia. Ahora en 2018 el desenvolvimiento económico comenzará a verse.

Luis Cruz Azaceta: ‘In Transit’, 2017 (Cortesía)

¿Perspectivas futuras del Museo?

Vamos a celebrar la apertura oficial del Museo en septiembre, el fin de semana de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, patrona de todos los cubanos, (6 al 8 de septiembre) con una exhibición histórica-cultural sobre la inigualable Celia Cruz (1925-2003), su exilio, su carrera, sus triunfos. Lleva por título Forever Celia. Es mi opinión que dentro de cincuenta años, cuando nadie se acuerde de Fidel Castro, el mundo entero estará escuchando esa voz única de Celia Cruz y cantando con ella. Fidel Castro, a su piedra; Celia Cruz, a la eternidad.

Simultáneamente, en otra de las galerías de Museo, tendremos otra exposición sobre la familia Bacardí y su lucha por una Cuba libre desde el siglo XIX hasta el presente. Muy pocos cubanos saben que los Bacardí fueron abolicionistas, y lucharon por la independencia de Cuba. Durante la República lucharon contra todas las dictaduras, incluyendo la de Batista, y apoyaron a los alzados en la Sierra Maestra. A cambio, el vil régimen les confiscó absolutamente todo en 1960, al igual que a cientos de empresas. Pero su ron, sus fórmulas no se las pudieron confiscar. Hasta el día de hoy luchan en los tribunales internacionales por sus marcas y sus derechos de propiedad. Y triunfan. La exposición Bacardí se titula Forever Cuban.

También tenemos proyectadas exposiciones histórico-sociales y de arte por los próximos cinco años, además de programas de literatura, música, conferencias. Y ya estamos en los primeros pasos del programa docente con las escuelas del Condado Miami-Dade, que tendrá al Museo como visita obligatoria para estudiantes de 5to grado en adelante para aprender y disfrutar el legado de la diáspora cubana.

¿Les interesaría incluir en un futuro, siquiera excepcionalmente, muestras del arte underground que se hace en Cuba?

Nuestra misión es documentar, estudiar, celebrar y educar sobre la diáspora cubana, sus logros, sacrificios, desarraigo, preocupaciones, incluso sus preocupaciones y dedicación respecto al bienestar de la nación cubana y el futuro democrático. Esa historia está vedada y vetada por la dictadura. Es la historia no oficial de un pueblo que alguien tiene que rescatar y documentar. Ese “alguien” es este museo de la diáspora. Siempre existirá la diáspora. Al decir de un colega, lo cubano se desbordó de la Isla e inundó el mundo. Esa inundación es irreversible, y ha dado frutos y genialidades profundas. Exilio y diáspora son condiciones vivenciales, tanto físicas como espirituales, donde también entran las ideas, el pensamiento político, y todos los enfoques humanísticos del grupo.

En usted hay una constante preocupación por la discriminación racial, de género y de cualquier otro tipo. ¿A qué se debe ese ahínco?

Se debe al haber vivido en Estados Unidos durante los tiempos verdaderamente revolucionarios y evolutivos que fueron las décadas de los sesenta y los setenta, sobre todo, aunque la evolución social no se ha detenido en Estados Unidos ni en el mundo occidental libre y democrático. Aunque tengo que decir que desde niña me sacaba de quicio la gente racista y sus actitudes, incluso dentro de mi familia. La lucha por los derechos civiles y el resurgimiento del movimiento feminista en los años sesenta marcó mi vida.

César Trasobares: ‘Barrio adentro’, 2017 (Cortesía)

Otra razón para agradecerle a mis viejos, ya fallecidos, que hicieran el gran sacrificio de enviarme a Estados Unidos y de salir de Cuba a una edad difícil, a empezar de nuevo, con tal de que yo viviera en libertad. He estudiado ambos temas, el racial muy particularmente con respecto a Cuba, y el feminista a nivel global. Una vez uno descubre las verdades escondidas por “los poderes” a través de la historia, se te caen las vendas de los ojos, y tu pensamiento da un salto abismal hacia la claridad y hacia una verdad y enfoque más verdaderos. Cambias para siempre, y te comprometes a divulgar y a luchar por la equidad.

¿Lamenta el tiempo que dedica al museo y que pudiera emplear en escribir?

No lo lamento, pero sí lo extraño profundamente. Volveré pronto a publicar. Tengo un libro en prensa, en coautoría con una colega y amiga periodista, titulado Deliciosos canallas, anécdotas sobre machistas, mujeriegos, pederastas y acosadores.

En preparación tengo dos compendios, uno de mis escritos sobre género y feminismo, y otro sobre arte y cultura de la diáspora. También llevo un par de años escribiendo mis memorias sobre la Operación Peter Pan bajo el título Retrato de Wendy… Wendy, la niña de la familia Darling, cuyos niños Peter Pan se lleva al país de Nunca Jamás. Desde 1993 uso Wendy para hablar de las niñas de la Operación Peter Pan, que fuimos muchas. ¡Basta de invisibilidad! Cuando me jubile definitivamente, no haré otra cosa que escribir, ¡hasta que la cabeza y las manos aguanten!

luicino2012@gmail.com

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