Llamarse yayabero

Llamarse yayabero

No se puede culpar a quienes se percatan de lo enfermo que está su Yayabo y sienten vergüenza

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Unos pescadores intentan sacar algo de las contaminadas aguas del río Yayabo (foto del autor)

SANCTI SPÍRITUS, Cuba – Para Ezequiel Pérez González, llamarlo yayabero “es una ofensa”. Ello responde a la situación que exhibe el río conocido como Yayabo, que otorga el sobrenombre a los hijos nacidos en la central provincia de Sancti Spíritus, cuarta villa fundada por Diego Velázquez, en 1514, la única que mantiene su nombre en latín.

Sin embargo, no se puede culpar a quienes se percatan de lo enfermo que está su Yayabo y sienten vergüenza, o incluso se cuestionan si realmente son dignos de tomar el gentilicio de ‘yayaberos’, que por décadas fue un sello de orgullo y remembranza. El afluente del río Zaza, con sus 36 km de longitud constituye uno de los símbolos más distintivos de los espirituanos, pero acciones en su contra han creado un su cuadro de contaminación y decadencia.

Esta divisa natural, de donde viene la tradicional leyenda del Güije del Yayabo, ha bendecido a los moradores de su ribera durante más de cinco siglos. Los pobladores de Sancti Spíritus construyeron un puente a principios del siglo XIX que les permitió conectarse con la tercera villa fundada por la corona española en Cuba, a principios de 1514, y que había tomado el nombre de Santísima Trinidad.

Después de haber resistido casi dos centurias, el Puente sobre el río Yayabo posee toques mitológicos para algunos pobladores de la Villa, quienes sostienen que “este fue construido con leche de vaca, traída para humedecer la mezcla de cal y arena y la no utilización de cemento”. En 1995 el puente fue proclamado Monumento Nacional.

No se conoce a ciencia cierta cuándo los vecinos de la ciudad decidieron conectar las líneas de aguas residuales al cauce del río. Pero la contaminación, con menor o mayor gravedad, impera desde tiempos remotos y aparentemente no se hace lo suficiente para revertir el estado reinante.

El río Yayabo nace en una zona llamada El Copeyal, a una altura de 520 metros sobre el nivel del mar. El lugar, hoy deforestado, pertenece al municipio de Fomento.

Una de las razones que no permiten explotar correctamente este recurso natural es la Planta Potabilizadora de Agua del municipio de Sancti Spíritus, ubicada río abajo después de los vertimientos de residuales de varias comunidades, según explica un especialista del Grupo de Gestión Ambiental del Centro de Investigación de la Tecnología y el Medio Ambiente del territorio, a quien se le reserva anonimato.

El puente sobre el Yayabo es Monumento Nacional y un distintivo de la ciudad (foto del autor)
El puente sobre el Yayabo es Monumento Nacional y un distintivo de la ciudad (foto del autor)

El experto propone como solución ubicar la toma de agua río arriba y asegurar que no existan descargas contaminantes en el cauce del Yayabo; pero “se necesitan cuantiosos recursos para esta operación”, comentó la fuente.

El río Yayabo se encuentra afectado desde su tercio medio y bajo por vertimiento de albañales domésticos y de instalaciones sin tratamiento.

Esto es provocado por la zona de desarrollo de la comunidad conocida como Camino de La Habana, sin alcantarillado, así como vaquerías y asentamientos que evacúan sus residuales por letrinas sanitarias que drenan hacia la cuenca del río, según reseña el máster en ciencias Félix Pentón, del Centro de Estudios Pedagógicos de Sancti Spíritus y otros autores, en una investigación titulada: “El río Yayabo, un escenario para el desarrollo de la educación ambiental escolar”, de 2010.

Varias bibliografías identifican también los incendios forestales en la franja del cauce y la aparición de cárcavas en las márgenes del río, como otros entes que han contribuido a su deterioro o dan fe de él. Otra problemática es el uso de plaguicidas en la agricultura, que contamina los suelos, o la pérdida de cobertura vegetal de la cuenca del Yayabo.

Por su parte Ricardo Sánchez, residente en la comunidad Camino de La Habana, identifica a “la extracción de arena que hacen las personas del río para la construcción” como uno de los motivos de su lamentable estado.

Especialistas espirituanos refirieron como principales causas de la erosión en las márgenes del río Yayabo “las fuertes crecidas en épocas de lluvias, la deforestación y los tres cierres en su curso medio, así como otras acciones antrópicas que ha sufrido”. Del mismo modo explicaron que la cantidad de viviendas situadas en las cercanías “vierten sus líquidos residuales directamente a él. Igualmente los colectores pluviales de las calles envían su contenido a la corriente del Yayabo”.

Asimismo cuantiosas empresas y organismos vuelcan los desechos de su producción directamente en aguas del símbolo espirituano. La mayoría por no tener las condiciones adecuadas para establecer un sistema de alcantarillado que provea un tratamiento a los residuales. En resumen, cada año se vierten al río 1 434 toneladas de DBO (Demanda Bioquímica de Oxígeno, que equivale a decir carga contaminante), cuya concentración oscila por tramos.

Maribel Acosta es nativa de la zona y también sufre por el daño de que es víctima el Yayabo. “A nadie le importa; si dices algo, te buscas un problema o los inspectores no se aparecen por aquí. Nadie resuelve el problema de que las fosas del Camino de La Habana y de Las Cañas (otra comunidad de la zona) desemboquen en el río”, describe irritada.

El vertimiento de aguas residuales ha contaminado el río que identifica a la provincia (foto del autor)
El vertimiento de aguas residuales ha contaminado el río que identifica a la provincia (foto del autor)

Cada provincia posee inspectores de la Dirección Integral de Supervisión (DIS), que se encargan de enfrentar las acciones de particulares que afecten al río mediante la aplicación de multas. Pero, en Sancti Spíritus, a pesar de las múltiples violaciones ambientales, “no se ha aplicado un número acorde de multas”, aseguran muchos.

El DIS puede aplicar penalidades que oscilan entre 200 y mil pesos (de ocho a cuarenta dólares) por recoger arena. En el caso del vertimiento de basura, la penalidad es de 200 a 600 pesos.

“Muchas veces se niegan a entregarnos el carné de identidad y otras huyen. Incluso hemos sido agredidos en reiteradas ocasiones, y hasta hemos tenido que llamar a la policía”, confesó uno de los inspectores del DIS.

A sus 87 años, Ezequiel Pérez González, el espirituano que se ofende si le llaman yayabero, se queja de que “muchos sentimos observar lo contaminado que está el río. Recuerdo cuando era joven y podía bañarme y hasta pescar en cualquier parte de él. Es penoso su nivel de contaminación y ver que nadie intenta revertir la historia”.

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