Lázaro Saavedra y el verdadero arte de vanguardia

Lázaro Saavedra y el verdadero arte de vanguardia

Su más reciente exposición refleja la realidad cubana como una consecuencia de desastrosos errores “históricos”

Obra de Lázaro Saavedra (Foto: Ana León)
Obra de Lázaro Saavedra (Foto: Ana León)

LA HABANA, Cuba.- “Base/Superestructura” es el título de la más reciente exposición del artista plástico y Premio Nacional de Artes Plásticas 2014, Lázaro Saavedra. La muestra, que ocupa todas las salas expositivas del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, fue inaugurada el pasado 15 de febrero con una variedad de obras materializadas sobre las inquietudes conceptuales que han sido constantes en la extensa y reconocida trayectoria de este creador.

Lázaro Saavedra es uno de los sobrevivientes –física, espiritual y culturalmente hablando– de aquella generación de artistas que, en la década del ochenta, removió las rígidas estructuras de la institución Arte en el marco del Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, para formar parte del llamado Renacimiento del Arte Cubano. Tras la estela de aquel paradigmático grupo que, bajo el nombre “Volumen 1”, hizo tambalear por primera vez el cadalso sobre el cual habían sido sacrificados –durante tres décadas– la libertad de creación y el pensamiento crítico, el joven graduado del Instituto Superior de Arte configuró su camino artístico de cara a las contradicciones ideológicas y socioculturales de la Cuba contemporánea.

Independiente y tenaz, defensor convencido de las ideas de Joseph Beuys, Lázaro Saavedra esbozó, desde su obra iniciática “Detector de Ideologías”, los presupuestos estéticos que regirían su quehacer hasta la actualidad. Entre sus muchas virtudes como creador destaca la capacidad de discursar y polemizar a través de un arte que rehúye la “metatranca”, signado por la pluralidad de soportes, formatos y una hilarante mordacidad para abordar aquellas cuestiones que ocupan, angustian y amenazan al cubano de hoy.

Atento siempre a los vaivenes de la política cubana, acentuados tras la reanudación de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, Lázaro Saavedra coloca a disposición del público en la recién inaugurada exposición, obras que reflejan la realidad insular como una consecuencia de desastrosos errores “históricos”; el sistema de antivalores sobre el cual se construye la Cuba del mañana; los inescrupulosos cabildeos al interior de la institución Arte en la Isla; y el agónico ideal de independencia que fuera defendido a filo de machete en las gestas libertarias del siglo XIX. Como eje fundamental de su discurso escogió, ni más ni menos, a Elpidio Valdés: uno de los leit motiv del patriotismo antillano.

El valeroso mambí, convertido en metáfora visual del desencanto, la perplejidad, la conformidad y hasta el oportunismo, es el código más eficaz para ilustrar el fracaso de una ideología que, de tanto satanizar al capitalismo “cosificador e inhumano”, ha moldeado una sociedad orwelliana, atenta al dinero y al consumo con el afán devorador típico de quienes han pasado su vida anhelando lo que otros tienen, por trivial que sea.

Buena parte de las obras registradas en las imágenes pueden ser apreciadas en el proyecto “Galería E-mail”, plataforma online que recoge esos bocetos de aliento infantil cargados con el drama de todo un país. Pero otras piezas, como la video-instalación titulada “Progreso de una nación”, ameritan ser observadas en vivo. Para facilitar un poco al lector la apreciación de una muestra que ha venido a dinamizar el tedioso circuito expositivo de la capital, nótese que el paño donde ha sido proyectado el vídeo, es la última prenda en una tendedera abarrotada de ropa vieja y ajada. Las interpretaciones de este mensaje audiovisual –y de la exposición en su totalidad– serán más ásperas cuanto mejor se conozca la sociedad cubana en los tiempos que corren, así como la tendencia del gobierno cubano a depender del mecenas de turno, sea Rusia, China, Venezuela o Estados Unidos.

“Base/Superestructura” es, en esencia y proyección, un modelo de arte contemporáneo; una mirada honesta sobre Cuba, sin mariposeos ni concesiones. Una parte de la naturaleza irreverente y crítica de Lázaro Saavedra debería guardarse –al ciento por ciento– en un frasco para rociar con ella cada rincón de la Facultad de Artes Plásticas del ISA, con la esperanza de que los egresados conozcan lo que vale una producción plástica incisiva y franca, aislada de la retórica vana que solo sirve para confundir y desinteresar incluso al público especializado.

Durante cuatro años consecutivos, el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam presentó a Lázaro Saavedra como candidato para obtener el Premio Nacional de Artes Plásticas; pero no fue hasta el cuarto intento que su propuesta generó una decisión positiva. Sin intención de menoscabar el merecimiento de laureados anteriores, es criterio de esta autora que, al honrar a este carismático mercenario del conceptualismo, el máximo reconocimiento concedido a los artistas plásticos cubanos, finalmente se ha justificado a sí mismo.

[fbcomments]