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Domingo, 22 de octubre 2017

La Habana bajo los ‘Boinas Negras’

‘Infunden pánico, no seguridad’

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LA HABANA, Cuba.- ¿Quién quiere ser de Tropas Especiales? ¿Qué crees de tantos militares en la ciudad tras el paso de Irma? ¿En qué piensan los policías?

Estas son algunas de las preguntas que han servido a modo de encuesta en La Habana para saber cómo se sienten los habaneros con el despliegue de “Boinas Negras”, las fuerzas de élite del MININT, en las calles. Sin embargo el panorama represivo abarca a más personajes: Policía Nacional, sujetos vestidos de civil que se presupone sean de la Seguridad del Estado o del Departamento Técnico de Investigaciones, miembros de las FAR, cadetes de la Marina de Guerra y Policía de Tránsito. Todos en funciones diferentes.

Las Tropas Especiales son la novedad, pero con ellos no se puede intercambiar nada más allá del piropo y el chiflido porque cualquiera puede ser el enemigo.

“Hay que tener mierda en la cabeza para querer estar vestido de negro bajo este sol, paseando por la calle con un arma”, dice un muchacho con espejuelos conectado a la wifi en el parque de 15 y 13 en el Vedado.

Sin embargo, por lo que sale en la televisión, este no parece que sea el criterio de la mayoría. Otros creen que lo que tienen sencillamente es miedo.

“Dime de qué presumes y te diré de qué careces. ¿No es como dice el dicho?”, interrumpe otra señora que se sintió atraída por la conversación en el mismo parque. No es la única que piensa así.

Roberto, de Boyeros, Fabián, del Cerro y Nadia Socolova, de San Miguel, coinciden en que cuando se ven “tantos ‘Boinas Negras’ en la calle” es porque el Gobierno tiene miedo “de lo que pueda pasar”.

“Y si tienen miedo, es porque hay algo que tienen que estar haciendo mal, ¿no?”, agrega Nadia Socolova.

La visión de Roberto es diferente. “Sales a la calle ‘enfantasmao’ —predispuesto por el discurso de los jefes— y cuando llegas a la calle tienes más miedo que te den del que te imaginas; entonces tienes que dar, porque el que da primero da doble”, explica.

Algunos parecen saber qué piensan los “Boinas Negras”.

“Tienes que meterte en la cabeza de esa gente y entender”, dice uno en la cola de la Western Union en Carlos III, que aunque permanece en el anonimato, tiene tiempo para contar: “Tener ese uniforme es sentirte poderoso, es tener la autorización de dar y de que no te den, es que te creas que al fin te puedes comer el mundo y más, y sobre todo, como sales poco pa’ la calle se supone que estés más preparado porque has tenido más tiempo de entrenar”, e intenta profundizar en lo inexplicable: “Ubícate, es una olla de presión a full lo que va pa’rriba de ti. Lo digo por experiencia propia”.

“Para Eduardito fue un orgullo pasar su servicio en los ‘Boinas Rojas’”, cuenta Alicia sobre su hermano, con el que siempre ha tenido pésimas relaciones. Los “Boinas Rojas” a los que se refiere son las Tropas Especiales de las Fuerzas Armadas.

“Cada vez que llegaba a la casa se vanagloriaba de lo que había aprendido en la unidad. Nos aplicaba las técnicas de inmovilización a las mujeres y se excedía. Una tenía que suplicarle para que dejara esos jueguitos pesados”, señala.

Según su hermana, las “enseñanzas” le sirvieron a Eduardito para “toda la vida”.

“Antes de empezar el servicio era violento. La única diferencia es que después tuvo oficio, y no había quien lo parara entre estrellones y piñazos bien dados. Y le servía cualquiera cuando se daba un trago”. Igual, hace otras historias de “fajazones” sin alcohol por el medio.

“A la gente le gusta exagerar”, dice Rafael, viejo habitual del parque Fe del Valle en la calle Galiano. “Ese es su trabajo”, añade, como tratándose de un oficio como otro cualquiera.

Dos jóvenes recién graduados del MININT coinciden con Rafael: “A la gente hay que ponerle mala cara. Si no, te tragan”, dice él. Su compañera asiente a su lado y afirma: “sí, si cuando yo fui a trabajar a La Habana Vieja me dije: Yo soy pacífica y creo que la gente hablando se entiende. Hasta que me di cuenta de que nadie entiende hablando”.

“¿Quién entra a tropas especiales?”, se pregunta Argelia, esposa de un militar retirado. “Me imagino que cualquiera que reúna las condiciones”, se responde, y hace notar algunas diferencias: “Antes debían tener características muy específicas. Ahora te los encuentras de cualquier tamaño, con cara de malo todo el tiempo. Antes creíamos que eran reclutados para si venían los americanos, ahora nos damos cuenta de que el enemigo somos nosotros mismos”.

Argelia también nota cómo últimamente los vemos con más frecuencia. Dos de los despliegues más importantes han sido durante las exequias de Fidel Castro y tras la inestabilidad que ha provocado el paso del huracán Irma.

“Son unos salvajes”, así los clasifica. “Infunden pánico, no seguridad, son una mala mezcla entre gente sin mucho en la cabeza y armas en la mano”, y sentencia que “esos matan en cualquier momento, si es que no lo han hecho ya”.

Algunas mujeres jóvenes tienen otra perspectiva.

“Ay, son grandes y fuertes”, es el único argumento que da una adolescente mientras hace señas para reforzar lo que dice, “son unos mangones”, y se ríen entre ellas.

“Para mí están perdonados”, dice otra mujer joven. “Es que nada más saber que son policías les cojo tirria”, y se estremece como quien siente asco. “Pero que nada te coja de sorpresa: hay a quien le gusta hasta el olor a sudor de los uniformes”.

La mujer cuenta su experiencia: “Yo nací en Alamar y allí hay cantidad de militares. No había uno solo que no fuera abusador. Ni uno solo”.

“No está haciendo nada, más que su deber”, dice Elizabeth, otra de las encuestadas, añadiendo que lo que logran es “contribuir a la recuperación del país para el que sirven”. Para ella está claro que ser militar o policía es brindar un “servicio público” y que sus salarios, “bastante altos, por cierto salen de nuestro sudor”, así que “están haciendo lo mínimo”.

Elizabeth cuenta además cómo en su barrio hay quien se siente “agradecidísimo” y hasta “entusiasmado” con “tantos militares trabajando”.

Algunos creen que son “figuras” a las que hay que empezar a acostumbrarse porque “la cosa” cada día está “más caliente”, y aunque la mayoría de los encuestados hacía muecas, miraba a su alrededor antes de articular una palabra, evadía respuestas o preguntaba para quién estaba dando sus opiniones, ninguno sacó la cuenta de que el despliegue de Tropas Especiales en la ciudad es el factor común que guardamos con las imágenes de las represiones que salen en el noticiero, la señal inequívoca de que vivimos una dictadura con un pueblo por reprimir.

Acerca del Autor

María Matienzo Puerto
María Matienzo Puerto

Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una mariposa venida de África y descubrí que estaba viva desde hacía treinta años. A partir de entonces construí mi vida mientras dormía: nací en una ciudad mágica como La Habana, me dediqué al periodismo, escribí y edité libros para niños, me reuní en torno al arte con gente maravillosa, me enamoré de una mujer. Claro, hay puntos que coinciden con la realidad de la vigilia y es que prefiero el silencio de una lectura y la algarabía de una buena película.

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