La amenaza real en tiempos de epidemia

La amenaza real en tiempos de epidemia

El verdadero agente transmisor del dengue y sucedáneos es el cubano mismo

LA HABANA, Cuba.- Una multa de 300 a 600 pesos es la penalización aplicable a cualquier vecino que se niegue a fumigar su domicilio; al menos mientras dure la campaña para “controlar” la proliferación de infestados por dengue y prevenir nuevos casos de Zika en Cuba. Según la Dirección Provincial de Salud Pública, municipios como Habana Vieja y Centro Habana mantienen un alto riesgo de infestación, pese a las periódicas fumigaciones.

“En esta casa se fumiga todas las semanas, sin falta (…) y mi suegra tiene dengue”, comentó a CubaNet Roberto Bermúdez, vecino del consejo popular Los Sitios, en el municipio de Centro Habana. Las pavorosas alertas sobre el virus Zika han atenuado en algo la resistencia de los vecinos ante las pesquisas de los efectivos de las FAR vinculados a la campaña antivectorial. Sin embargo, la cooperación ciudadana recesa apenas el dueño de casa cierra su puerta. En plena calle, en la esquinas, los vertederos de basura son una invitación a todo tipo de plagas, factor que favorece la propagación de epidemias.

En La Habana se ha entronizado la convicción de que solo hay que mantener el cuidado y la higiene del espacio familiar; dando por sentado que la ciudad no es importante o, de serlo, la responsabilidad recae exclusivamente en el gobierno cubano. En la intersección de las calles Factoría y Gloria (Habana Vieja) puede transcurrir una semana sin que aparezca el camión de los Servicios Comunales para remover la loma de inmundicias. “A veces envían un transporte a recoger materias primas, y dejan el resto de la basura pudriéndose bajo tremendo sol, al lado de un agromercado donde se venden alimentos a la población”, alegó insultada Nila Castillo, vecina del consejo popular Jesús María.

Irregularidades de este tipo se perciben en los barrios marginales, donde el camión recolector no acude a diario y abundan los depósitos de basura parcialmente hendidos o desbaratados; ineficaces para la función a que fueron destinados, sin que la entidad correspondiente agilice su reemplazo. Pese a ello, el problema de la hediondez citadina no es privativo de la gestión estatal. Los habaneros han adquirido la costumbre de no caminar más de una cuadra para botar la basura. En algunas zonas donde Servicios Comunales ha trasladado los contenedores apenas cien metros del lugar donde estaban, para evitar que los hedores y las moscas invadan las casas de los vecinos, constantemente hay personas volcando escombros, deshechos y remanentes de brujerías al contén de la acera. Es tanta la desidia que, incluso hallando vacíos los depósitos, muchos arrojan las bolsas de basura al suelo.

Si la situación epidemiológica en Cuba no ha alcanzado el grado de alerta máxima, es a causa de la prolongada sequía por la que atraviesa el país. Pero el peligro será inminente cuando comiencen las ansiadas lluvias y el agua se empoce, junto a toda suerte de residuos, en los basureros aledaños. Por más que Salud Pública redoble la intensidad del saneamiento a nivel domiciliario, si no aumenta la exigencia hacia los Servicios Comunales ni se toman medidas con la ciudadanía, las pilas de deshechos continuarán creciendo, fermentando y apestando en la puerta misma de la gente.

En el Departamento de Vigilancia y Control de Vectores de Centro Habana, el Teniente Coronel Blas Ramírez –responsable de las brigadas que intervienen en la campaña antivectorial– explicó a CubaNet que el delito de propagación de epidemias es penado por la ley cubana con una multa de 2 000 pesos (unos 70 CUC), o privación de libertad en caso de reincidencia. Previo a la aplicación de estas soluciones extremas, hay otras alternativas legales para frenar las indisciplinas que ponen en riesgo la salud de la población. Ninguna se aplica con el rigor necesario y ello se verifica en el acto desafiante de amontonar desperdicios en lugares señalizados con letreros prohibitivos.

Si bien la delicada situación social por la que atraviesa Cuba es poco favorable a las medidas coercitivas, no es menos cierto que, sin sanciones que obliguen a las personas a hacer lo que por consciencia y compromiso ciudadano deberían, pronto los medios de comunicación dejarán de exhortar a la prevención para anunciar alarmas y cuarentenas. A juzgar por las imágenes, el verdadero agente transmisor del dengue y sucedáneos es el cubano mismo, no el mosquito Aedes aegypti.

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