¿Jugueterías o museos?

¿Jugueterías o museos?

Ha llegado el Día de Reyes Magos, una fecha angustiosa para los padres cubanos

VILLA CLARA, Cuba.- En la vidriera, un tosco cosmonauta de cartón alza una bandera de Cuba y otra de Italia, como si ambas naciones alguna vez se hubieran unido en cualquier intento más allá de la atmósfera. Junto a él, unos guerreros ninjas y unos “racing cars” le hacen lucir ridículo. En otro estante, un hipopótamo color rosa esconde su patética forma con unos suaves peluches, una ballena azul y varias casitas se unen al cuórum grotesco que le da la bienvenida a quienes se acercan a la nueva juguetería La Época, en la capital villaclareña.

A juzgar por el exterior, uno pensaría encontrar al interior del inmueble juguetes igualmente inacabados y otros más sofisticados, pero no. La nueva adquisición del emporio militar TRD (Tiendas Recaudadoras de Divisas) es tan majestuosa, que quienes entran tienen la sensación de haber traspasado el umbral de cualquier tienda en suelo capitalista, donde no hay lugar para lo rústico.

Desde los años 80, los habitantes de la ciudad no veían una tienda de este tipo, cuando las arcas del campo socialista abastecían los deseos infantiles de jugar. Luego de casi dos años en pausa por remodelación, el comercio regresa con el nombre con el cual nació en la época republicana, y en cierto modo ha revivido una de las esquinas del transitado boulevard santaclareño, que poco a poco vio morir a su antecesora, que los lugareños conocían como la tienda de Trasval.

En el día inicial, los infantes comieron dulces como cortesía, quizás para suavizar el golpe que vendría después, cuando los padres descubrieran las etiquetas de los artículos que, para nada, son de juego.

La tienda de los sueños

Tras la puerta principal hay una cola para respetar, de esas que derrumban cualquier ilusión. Se entra de diez en diez, después de un cuerpo a cuerpo que cualquier luchador libre incluiría en su entrenamiento. Desde su estreno, La Época no ha visto día alguno sin cola en su entrada. Pero este cuatro de enero sumaban al menos cincuenta las personas que esperan por entrar al mundo de fantasía y colores que hay vidriera adentro.

“Es que sacaron unos jugueticos más baratos”, responden desde la cola ante la duda. Y entonces uno entiende la turba, el desespero, el nerviosismo… Y es que el cubano pasa tantas penurias que cuando localiza un pequeño orificio por el cual abrirse paso, no duda en zambullirse de cabeza en él.

Al entrar, un colosal velero con peluches como tripulantes ocupa el centro del establecimiento. Lo rodean espigadas estanterías repletas de juguetes en sus cajas, y un televisor reproduce videos y dibujos animados. De las paredes cuelgan gigantografías con princesas y castillos. Los niños observan hipnotizados tanta maravilla y no demoran en quererlo todo.

“Mira mami, qué Barbie tan linda, ¡cómpramela!”. “Papi yo quiero ese carrito rojo”. “Abuela, si me porto bien, le vas a decir a los Reyes Magos que me traigan este castillo”. Y los padres no encuentran cómo responder, no saben explicar que, si compran cualquiera de esos artículos, puede que no subsistan un mes entero. Cuando el salario de la mayoría de los villaclareños apenas llega a 808 pesos en moneda nacional (32 CUC), según cifras oficiales, no hay mucho margen para estos “caprichos”.

Y los ojos de todos se engrandecen ante una muñeca que cuesta 71 CUC (1775 pesos), una carrito de 80 CUC, equivalente a aproximadamente 2000 pesos en moneda nacional, y un pequeño piano que se comercializa por 55,95 CUC (1398 pesos). Con algunas de estas sumas es posible costear una noche en un hotel todo incluido en la cayería de Villa Clara. Pero ahí no queda todo, los estantes exhiben otras “sorpresas”: un dinosaurio de goma es suyo si cuenta con 42,95 CUC o 1073 pesos, jugar ajedrez aquí saldría en 11,55 CUC (288,75 pesos) y un pony se vende en 10 CUC (250 pesos).

“Este cubo con figuritas vale 9 CUC (225 pesos), una muñeca, que era lo que mi hija quería, me costó 20 CUC (500 pesos) y este jueguito de peluquería, que está bastante asequible, sale en 3 CUC (75 pesos). Allá dentro hay una muñeca preciosa que vale 30,95 CUC (773,75 pesos), y otras de 75, 77, 80 y hasta 100 CUC”, cuenta una madre al salir de la juguetería.

Al preguntarle si una tienda con esos precios es para los cubanos, esquiva la mirada, enmudece por unos segundos, pero reacciona: “Realmente todo el mundo hace sacrificios y compra los juguetes para los niños, pero, en honor a la verdad, el precio no está acorde con la economía del cubano promedio”.

En el próximo llamado, Anay Bermúdez “clasifica” para entrar a la tienda de los sueños. Vino por embullo con unas compañeras del trabajo que le habían comentado de la famosa juguetería. “Dicen que aquí los precios están… por las nubes”. Anay sube la mano como señalando el cielo, para luego regresar de sopetón a la tierra. “Por eso no traje a la niña, porque para qué la voy a embullar con algo que no le puedo comprar”, se lamenta.

Cerca de la salida, una mujer vende pelotas a 2 CUC: “¡Arriba, la pelota baratica que en la tienda no hay!”, repite y repite. Justo en la otra acera del boulevard, unas comerciantes aprovechan la aglomeración para exhibir unos peluches mucho más “económicos”. Un hombre se asoma al empañado cristal, y su esposa le advierte: “Ahí ni entres que el juguete más bajito vale 50 ‘fulas’”. En la fila una mujer comenta que “en las otras tiendas no hay nada para los niños”, y unas muchachas de uniforme militar prefieren abstenerse a sufrir.

“A mí la niña, por suerte, me pidió un libro de colorear y unos colores, y ya se los compré en otro lugar”, sentencia una madre aliviada. “El mío, asegura otra madre, tendrá que conformarse con un carrito plástico que venden los particulares, porque el salario no puedo estirarlo más. Para mí esto es un museo, se mira pero no se toca”.

La abuela Alicia Hernández estuvo cerca de dos horas en la fila para ver una sonrisa en el rostro de su nieta este día de Reyes. Viajó desde Cascajal, el último poblado de la provincia, ubicado a más de 60 kilómetros de La Época. “Trabajo limpiando casas y gano 300 pesos al mes. Solamente en el pasaje para llegar aquí y el regalo se me va un salario. Así que imagina cuánto tuve que ahorrar para comprar esta cocinita de 10 CUC (250 pesos)”.

“Los precios están bastante alterados, añade Alicia. Un castillo, que le llama la atención a todos los niños vale 68 CUC (1700 pesos). Aquí pueden comprar solo los que tienen familiares afuera porque lo que ganamos no nos alcanza”.

Y no es que fuera de La Época haya demasiadas opciones. Solo algunos comercios venden juguetes “criollos”, fabricados con plástico de dudosa procedencia, y que desprenden en ocasiones olores demasiado fuertes. Un vendedor ambulante por las calles de Santa Clara empuja un triciclo repleto de grotescos juguetes, confeccionados como sin ganas. Los carritos cuestan 40 pesos en moneda nacional y una cocinita 25. Más baratos, cierto, pero en la relación precio-calidad, pierden por nocaut.

Los juguetes no son un gasto innecesario, como pudieran pensar algunos. Los especialistas advierten que, con el juego, los infantes descubren el mundo que les rodea, socializan, aprenden valores y logran ser independientes.

Una reciente fiscalización presentada en la Asamblea Nacional del Poder Popular en julio de 2017, arrojó que los padres podían comprarles a los niños la media de un juguete por año, pero sin la calidad que precisan. Los precios que hoy tanto indignan a los villaclareños en La Época son el resultado de que Cuba “no cuenta con una estrategia definida para la producción, distribución y comercialización de los juguetes”.

Rosmery Santiesteban, diputada por el municipio Yara, provincia de Granma, advirtió en los debates que “la familia no va con sus hijos a estas tiendas porque se convierte en un problema”.

Por otra parte, Olga González Naranjo, del Ministerio de Industrias, explicó que crear en Cuba una industria de juguetes sería una opción a largo plazo. “No existe una política que responda a la producción, comercialización, distribución e importación de juguetes en el país. Hay muchas cosas escritas, pero son normas de hace más de 40 años. Nos comprometimos que antes de diciembre vamos a presentar un cronograma de las acciones que estamos realizando hoy”, refirió.

[fbcomments]