Jugarse la vida en una carretera de Cuba

Jugarse la vida en una carretera de Cuba

El 76% de las vías “posee un estado técnico de regular a malo”

SANTA CLARA.- Raúl Ortega visualiza la línea de asfalto en la cual está a punto de adentrarse. Tiene con ella sentimientos encontrados, una relación amor-odio que debe desafiar porque de recorrerla depende el sustento familiar. Bordea cada tramo poroso o bache para que el Peugeot 309 de 1990 que maneja se deteriore lo menos posible. Ortega es chofer profesional desde 2012 y recorre la Autopista Nacional de Centro a Occidente casi a diario.

Al momento de su construcción, tres décadas atrás, la autopista se presentaba como un megaproyecto que finalmente quedó mutilado por las carencias económicas del denominado “Período Especial” en los años 90 del pasado siglo. Desde la capital cubana hasta el kilómetro 32 consta de ocho carriles, cuatro en cada senda, de ahí que en algún momento la nombren “Ocho Vías”. Desde ese punto adelgaza a seis carriles hasta las cercanías de Santa Clara.

La aspiración que mediría miles de kilómetros y atravesaría la nación entera, solo llegó hasta el centro del país.

“Desde la localidad de Taguasco, en Sancti Spíritus, solo existen la senda sur y algunas ‘islas’ de lo que sería la norte, obviamente lastimadas por las propias condiciones de una obra a medio concluir, la falta de mantenimientos profundos, el sobreuso que implica circular por un solo carril y el azote de los temporales de los últimos meses”, describe el periódico Escambray.

“En Taguasco se acabó la autopista”, señala por su parte Ortega. “Lo que hay es Carretera Central, que las condiciones son peores, peores…” El chofer no repite el calificativo por gusto. Deja en suspenso la frase para ponerle el punto final con una expresión de desprecio.

La Autopista Nacional y la Carretera Central, un “fósil” vial de 1931, son las principales vías del transporte automotor para recorrer la isla. En los últimos tiempos se han convertido en escenarios constantes para colisiones y lamentables pérdidas humanas, lo que ha destapado un debate sobre el actual estado de estos viales.

Hacia Oriente: rutas intransitables

Conseguir un taxi que viaje hacia la porción oriental de Cuba es un desafío para cualquier viajero, tanto nacional como foráneo, pues “para allá atrás ya no hay carretera”, sentencia José Manuel Rodríguez, también chofer profesional.

(Foto: Marcelo Álvarez)

Para Ortega, la recta comprendida entre Ciego de Ávila y Florida, Camagüey, resulta intransitable. “Es un reguero de baches permanentemente en unos cincuenta y tantos kilómetros, que no hay auto que resista. Yo en lo personal, hace años ya, no quiero ir hacia el Oriente. Me gusta ir, si acaso, hasta Ciego de Ávila, Cayo Coco, Cayo Guillermo, hasta ahí se puede ir, pero de allí para atrás no vale la pena. Y las personas a veces no quieren pagar lo que vale”.

Sin embargo, Rodríguez apunta que “después que pasas Camagüey es cuando todo se vuelve crítico. El tramo de Las Tunas a Bayamo, de Vado del Yeso, toda esa zona está en estado lamentable, con huecos, incluso partes que no tienen ni asfalto. Entre Santiago y Guantánamo, que es un tramo relativamente corto, está muy mal”.

José Manuel Rodríguez, propietario de un Lada 2101 de 1985, dice que es negocio no ir hacia el Oriente del país: “Hay veces que las averías en el carro son grandes”, afirma con preocupación.

“De Santa Clara hasta el final de la Autopista hay tramos sumamente pésimos, está peor que para Occidente y las posibilidades de accidentes son mucho mayores”, insiste Ortega.

Los entendidos en el tema aseveran que los componentes de dirección del auto resultan los más afectadas con el mal estado de las vías, a lo que se adiciona el desgaste de los neumáticos, la amortiguación y la carrocería.

En el mercado negro, a decir de Ortega, una goma de baja o media calidad puede costar 110 CUC. En cambio, una dirección nueva, en cálculos de Rodríguez, puede ascender hasta 200 CUC. “En una carretera buena, la dirección del carro puede durar tres años, mientras que, en una deteriorada, la mitad”.

(Foto: Marcelo Álvarez)

“Yo he hecho miles de veces esta pregunta y nadie tiene una respuesta: ¿Cuánto le cuesta a este país comprar las piezas de repuesto del parque de autos en comparación con el costo de arreglar la carretera? ¿Cuánto se pudiera ahorrar? Yo estoy seguro que este país tiene que gastar millones de dólares en las piezas de repuesto para los vehículos”, cuestiona Ortega.

La Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) dejó de reportar en los últimos años datos sobre el parque automotor estatal en la isla. Según cifras de 2010 en la isla circulaban un poco más de 17 100 ómnibus, 3057 taxis y 12 787 vehículos de carga.

Sin embrago, no se aquí contabilizan los vehículos privados ni los autos asignados a las empresas estatales. Si solo la mitad de ellos resultaran averiados cada año, los gastos en sustitución de piezas fueran millonarios. Pero esas sumas tampoco están disponibles.

“Con una autopista en buen estado esos millones en piezas de repuesto se reducirían y se utilizarían en otras cosas”, sugiere Ortega. “Pero la pregunta es: ¿de dónde salen esos millones para reparar los carros? ¿Quiénes se afectan con ese gasto?”

Por otra parte, el periódico Escambray, de Sancti Spíritus, reportó que “solo por concepto de sellado de grietas, bacheo, supresión de ondulaciones y restitución del pavimento dañado demandan un volumen cercano a las 10 000 toneladas de hormigón asfáltico, con un valor superior al millón de pesos”. Estas estimaciones fueron realizadas solo para un tramo de apenas 75 kilómetros.

Hacia Occidente: la carrera por el mejor lugar

Rumbo a la capital cubana, la vía más rápida y popular resulta la Autopista, que, en opinión de Raúl Ortega, puede catalogarse “de mala a regular, porque hay tramos que están así. Hay otros mejores, pero son los menos. Entre las distancias más deterioradas está Santa Clara-Aguada de Pasajeros, provincia de Cienfuegos. Estamos hablando de casi 100 Km. También entre el kilómetro 92 y hasta el 82, que pertenece a Mayabeque, hay un tramo terrible. Más de ocho años sin una reparación”.

(Foto: Marcelo Álvarez)

La “estrategia” entonces resulta permutar constantemente de carril en una incesante búsqueda por un trozo liso de asfalto. La superficie exhibe orgullosa sus antiquísimas huellas, casi patrimoniales: grietas extendidas por varios metros, otras más pequeñas, pero contundentes; tramos desnudos de asfalto y otros vestidos con demasiado, conformando molestos desniveles; huecos, invariables “sorpresas” que el chofer debe memorizar para no visitarlos.

“Manejar en la Autopista es una carrera por el mejor lugar. Es un estrés añadido porque tienes que ir atendiendo el bache, los animales, a los choferes que conducen mal”, refiere Ortega.

Sin embrago, Rodríguez rebate que “el constate cambiar de vías es una de las causas de accidentes, porque de noche ves el carro que viene detrás, pero por el día te puedes descuidar y no lo ves y cuando cambias de senda puedes tener un incidente”.

Actuales reportes indican que cada 47 minutos ocurre un accidente de tránsito en Cuba, una isla con una de las cifras más bajas de vehículos de la región. Cada 12 horas muere un cubano en uno de estos accidentes.

El teniente coronel Roberto Rodríguez Fernández, jefe de la Dirección Nacional de Tránsito, declaró a medios oficiales cubanos que los 11 187 accidentes que ocurrieron en Cuba en 2017 dejaron 750 muertos y más de 8 000 lesionados. El año pasado superó en 292 accidentes al 2016, que registró 10 895, informó el periódico Escambray, aunque el número de muertos y lesionados disminuyó en 17 y 210, respectivamente.

Sin embrago, en lo que va de 2018 se ha registrado un balance de más de 20 muertos y 250 heridos, al decir de la prensa estatal cubana, quien ha alertado sobre el mal estado de las carreteras. Los accidentes de tránsito figuran como la quinta causa de muerte en el archipiélago y la primera para los jóvenes entre 15 y 29 años.

(Foto: Marcelo Álvarez)

Mientras Ortega maneja su Peugeot, recuerda que antes del llegar al kilómetro 44, rumbo a Occidente, dos huecos ocupaban el centro mismo de la ruta: “Venía un carro de turismo rápido, evadió el primero, pero cogió el segundo y se cayó entre dos puentes. Por suerte, no le pasó nada a nadie. Eso lo vi yo personalmente. Después que ese carro cayó allí, taparon los huecos. Pero tuvo que casi matarse un grupo de personas para que lo arreglaran. Todavía el puente tiene la huella del impacto”.

“La región central está en los primeros lugares de índice de accidentalidad”, manifiesta Rodríguez desde el volante de su Lada. “Para mí, una de las causas fundamentales es el mal estado de las vías, la mala señalización, además de las irresponsabilidades de los choferes, pero el mayor porciento lo tiene el deterioro de las carreteras”.

“Este incremento de los accidentes últimamente, en mi opinión muy personal, no es por los baches, ni por los animales sueltos en la vía”, refuta Ortega, “son por imprudencias del ser humano, por negligencias, eso es un gran problema. Los conductores toman bebidas y manejan con sueño. Pero, aun así, si analizas, los cubanos somos muy buenos manejando, porque teniendo en cuenta todos estos factores en contra, pudiera haber más accidentes”.

En lo que sí coinciden ambos choferes es en la calidad de las reparaciones realizadas, pues persisten imperfecciones y algunos segmentos se muestran sin un buen terminado. “Las reparaciones pueden durar un año, dos, pero al cabo de ese tiempo regresan los problemas. Nosotros, como somos un país pobre, tenemos que hacer las cosas bien para que nos duren. Para el Estado debería ser una prioridad la carretera”, reafirma Ortega.

Si a eso se le adiciona que la Autopista no posee alumbrado para el tránsito nocturno, la idea de que es prácticamente un cementerio sobre asfalto no resulta tan descabellada. Raúl Ortega lo ha sufrido en carne propia. La noche del 26 de noviembre de 2017 sobre las 10:30 pm regresaba de La Habana con su familia cuando, en territorio cienfueguero, una manada de búfalos le “cerró” el camino. “Frené, pero era imposible no chocar con ellos. Eran muchos y no son fáciles de ver porque son de color oscuro”.

Nadie en su auto, ni en uno de turismo que también colisionó, resultaron lastimados, pero su Peugeot salió gravemente herido en el capó, el parabrisas delantero, los focos y la defensa, un choque que le substrajo del bolsillo más de 1200 CUC.

(Foto: Marcelo Álvarez)

Circular a oscuras es un riesgo que muchos prefieren no correr, pues las posibilidades de accidentes ascienden considerablemente. “Por la noche, cuando te cruzas con otro carro que viene en la dirección contraria es casi imposible ver qué hay detrás. Sales del cruce a ciegas. Generalmente no hay nada, pero si hubiera, chocarías irremediablemente. De día puedes ver dónde está el bache con antelación o una señal, pero de noche no visualizas hasta que estás ‘arriba’ de él”, sugiere Ortega.

“Hubo un tiempo en que la autopista estaba con cerca y los animales no pasaban, pero hoy la mayoría no tiene cercado”, recuerda Rodríguez. “La zona de Mayabeque, que tiene mucho ganado, yo le tengo pánico de noche, por eso trato de evitarla. En tiempo de invierno, el ganado se acuesta arriba de la carretera para coger calor”.

Los criterios aquí expuestos son naturalmente apreciaciones personales, mas resulta un hecho irrefutable que el 76% de las carreteras “posee un estado técnico de regular a malo y es inadecuado el completamiento de la señalización semafórica”. Así lo dijo en julio del año pasado un funcionario del Ministerio del Transporte en una sesión del Parlamento. Entonces, los juicios de Ortega y Rodríguez no se ubican lejos de la verdad, una que cada día resta vidas y suma accidentes.

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