Hubo una vez un hogar de ancianos

Hubo una vez un hogar de ancianos

Al preguntar a la que hacía guardia en el hogar Manuel Aneiro Subirat, ¿cuando lo abren? Me respondió: “Mire, señor, lo importante aquí es la batalla contra el dengue y la fiebre chikunguya. Lo demás puede esperar”

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Las ruinas del hogar de ancianos Manuel Aneiro Subirat. Foto Orlando Freire

LA HABANA, Cuba -Durante la reciente reunión de la Comisión de Salud y Deporte del Parlamento cubano se trató la situación que presentan las casas de abuelos y hogares de ancianos. Varios diputados expusieron que muchos hogares de ancianos se encuentran inutilizadas debido a problemas constructivos. Y esto ocurre, sobre todo, en las provincias de La Habana, Villa Clara, Ciego de Ávila, Mayabeque, Santiago de Cuba y Guantánamo.

A pesar de haberse asignado 66 millones de pesos para la reparación y el mantenimiento de esas casas y hogares, y de las declaraciones de las autoridades del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), en el sentido de lo prioritaria que resulta la atención a las personas de la tercera edad, la realidad muestra muy pocos avances. Basta ver la destrucción del hogar de ancianos Manuel Aneiro Subirat, en el capitalino municipio de Plaza de la Revolución.

En días pasados, al pasar frente a ese hogar de ancianos, advertí que dos empleadas hacían guardia en la única porción de la edificación que se mantiene en pie, eludiendo el caos de escombros y cabillas retorcidas que se aprecian por todas partes. Decidí acercarme para indagar sobre el presente y el futuro de esa instalación. La misión de las empleadas es custodiar parte del mobiliario que se usaba en el hogar, con la esperanza de que algún día la instalación reabra sus puertas. Otra ha sido la suerte de ladrillos, bloques y otros materiales constructivos reutilizables, los que han sufrido el “canibaleo” de personas que acuden con carretillas y otros medios de transporte.

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Foto OF

El deterioro de este hogar era tal, que tuvieron que demoler parte de sus edificaciones, con la presunción de que pronto llegarían los recursos para remozar las que parecían que tenían salvación. Sin embargo, ha pasado más de un año, y no ven indicios de que estñen por llegar.

Los ancianos que vivían en el Manuel Aneiro Subirat fueron trasladados a otros hogares. Pero los abuelos que poseían un estatus de seminternados, o sea, que entraban en la mañana y salían a las seis de la tarde, les daban desayuno, y almuerzo, hasta que sus familiares regresaran de las ocupacione, quedaron desatendidos.

Al preguntar a las empleadas que hacían guardia ¿cuándo abren el Manuel Aneiro Subirat? Se miraron incrédulas. Al fín, una de ellas me respondió:  “Mire, señor, lo importante aquí es la batalla contra el dengue y la fiebre chikunguya. Lo demás puede esperar”.

Pensaba en la triste suerte de este hogar de ancianos, cuando escuché que Raúl Castro felicitó al titular del MINSAP, Roberto Morales Ojeda, por su desempeño al frente de la asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud. De igual forma, otros diputados alababan la labor de los médicos cubanos en el exterior. Y me convencí de que a la salud pública cubana le es aplicable aquel viejo refrán: candil de la calle y oscuridad de la casa.

Orlando Freire Santana

Orlando Freire. Matanzas, 1959. Licenciado en Economía. Ha publicado el libro de ensayos La evidencia de nuestro tiempo, Premio Vitral 2005, y la novela La sangre de la libertad, Premio Novelas de Gaveta Franz Kafka, 2008. También ganó los premios de Ensayo y Cuento de la revista El Disidente Universal, y el Premio de Ensayo de la revista Palabra Nueva.

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