Guillermón Moncada, el rayo de la guerra

Guillermón Moncada, el rayo de la guerra

Hay héroes de nuestra historia cuyas vidas deberían ser objeto de permanente veneración y su ejemplo cultivado con el respeto que siempre marca el civismo

96e8a3764f64707f66b6c74e0b2a4d5a_XLGUANTÁNAMO, Cuba. -Hay héroes de nuestra historia cuyas vidas deberían ser objeto de permanente veneración y su ejemplo cultivado con el respeto que siempre marca el civismo. En Cuba tenemos muchos héroes extraordinarios y se mencionan sus nombres cada vez que llega la ocasión propicia pero se desconocen sus trayectorias, lo cual propicia que el régimen manipule su historia de forma vulgar.

Uno de esos héroes gigantescos es Guillermo Moncada, más conocido como Guillermón, quien siendo hijo de un esclavo liberto que ni siquiera quiso reconocerlo se levantó desde una pobreza espartana para cubrirse de gloria en apenas cincuenta y seis años de vida.

Nacido el 25 de junio de 1841 en la ciudad de Santiago de Cuba y negado el reconocimiento paterno, Guillermón ostentó como único apellido el de su madre, la señora María Dominga de la Trinidad Moncada.

Desde muy temprana edad se convirtió en carpintero aserrador para garantizar su sustento y el de su familia. El sobrenombre de Guillermón, apelativo por el que era llamado cariñosamente por sus compañeros de armas, se debió a su elevada estatura.

Regino E. Boti fue el primer intelectual cubano que hizo un estudio biográfico de Guillermón, en él dejó plasmada esta sintética descripción física y espiritual del héroe: “Predestinado a ser un guerrero, la naturaleza lo dotó de elementos físicos y mentales para la lucha: brazo largo, estatura gigantesca, ancha espalda, recios muslos, mirada escudriñadora, concepción rápida y carácter ejecutivo. Únase a eso las prendas morales que le adornaban, porque Guillermón representó la hidalguía, la nobleza, la caballerosidad, la rectitud, a tal punto, que, ante su inmaculada figura, los negros y los blancos de la capital de Oriente, veían en él a la persona augusta de verbo revolucionario”.

Un héroe de las tres guerras

Guillermón Moncada se incorporó a la Guerra de los Diez Años a mediados de noviembre de 1868 y se puso a las órdenes del Mayor General Donato Mármol. Muy pronto descolló por su temeridad e inteligencia combativa, lo cual provocó que fuera nombrado segundo jefe de uno de los batallones de la División Cuba, bajo las órdenes del legendario coronel Policarpo Pineda, alias Rustán.

En la Guerra de los Díez Años participó en numerosas batallas y recibió varias heridas. Su ascenso puede catalogarse como impresionante pues el mismo mes en que se incorporó a la lucha fue ascendido a cabo, en diciembre de 1868 obtuvo el grado de sargento, el de alférez en abril de 1869 y el de teniente en 1869. En enero de 1870 fue ascendido a capitán y en noviembre de ese año recibió el grado de comandante. En mayo de 1871 fue ascendido a coronel y el mes siguiente a teniente coronel. Cinco años después fue ascendido a General de Brigada. Participó con Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá pero ante la situación existente depuso las armas en junio de 1878.

Al iniciarse la Guerra Chiquita se incorporó a ella cuatro días después de los sucesos ocurridos en Santiago de Cuba el 26 de agosto de 1879. Entonces Calixto García, quien fungía como Presidente del Comité Revolucionario Cubano, le asignó el mando de las fuerzas del sur y el centro de Oriente y le otorgó el grado de Mayor General del Ejército Libertador en 1879. Al comprender que esa guerra estaba perdida capituló el día 2 de junio de 1880 junto con el entonces general de Brigada José Maceo. Después de embarcar hacia Jamaica fue apresado en alta mar por los españoles y enviado preso a España donde permaneció hasta 1886.

Fue designado por José Martí jefe de la provincia oriental para que dirigiera el levantamiento del 24 de febrero de 1895 en esa zona del país. Debido a la tuberculosis contraída en las cárceles españolas falleció el día cinco de abril de 1895 en el campamento de Joturito.

Dos anécdotas que definen el valor y la moral de Guillermón

No puede pretender un artículo abarcar la vida total de un héroe como Guillermón Moncada. Por tal razón compartiré con el lector dos anécdotas que pueden ilustrarlo acerca de su grandeza.

Cuenta Boti, quien para la realización de sus apuntes biográficos se valió sobre todo de los testimonios de oficiales del ejército libertador que combatieron junto con Moncada, que al fallecer el patriota Donato Mármol fue designado para sustituirlo el que hasta entonces había sido su segundo jefe, el general Máximo Gómez. El dominicano quiso conocer personalmente a todos los jefes que operaban bajo sus órdenes y cuando se realizaba la revista militar, el coronel Policarpo Pineda, Rustán, uno de los más valientes en el Oriente cubano, se adelantó al Generalísimo y señalando a Moncada le dijo: “General Gómez, le presento a mi primer capitán, que es bueno y se puede tener confianza en él”. Esto, dicho por uno de los hombres más temerarios que conoció esa contienda, dice mucho de Guillermón.

La otra anécdota es la siguiente: En la zona de Guantánamo operaba a favor de la corona española Miguel Pérez y Céspedes, un cubano que era temido por su valor en el combate. Enviado Guillermón por Máximo Gómez para que enfrentara a las tropas de Pérez, las cuales causaban bajas significativas a los mambises y daños a los hacendados simpatizantes con ellos, un día hallaron en un camino una nota firmada por Miguel Pérez en la cual se había escrito: “A Guillermo Moncada, en donde se encuentre. Mambí: No está lejos el día en que pueda, sobre el campo de la lucha, bañado por tu sangre, izar la bandera española sobre las trizas de la bandera cubana”.

A dicha nota respondió Guillermón escribiendo al dorso lo siguiente: “A Miguel Pérez y Céspedes. En dónde se hallare. Enemigo: Por dicha mía se aproxima la hora en que mediremos nuestras armas. No me jacto de nada; pero te prometo que mi brazo de negro y mi corazón de cubano tienen fe en la victoria. Y siento que un hermano extraviado me brinde la triste oportunidad de quitarle filo a mi machete. Más, porque Cuba sea libre, hasta el mismo mal es bien”.

Roberto Jesús Quiñones Haces

Nació en la ciudad de Cienfuegos el 20 de septiembre de 1957. Es Licenciado en Derecho. En 1999 fue sancionado de forma injusta e ilegal a ocho años de privación de libertad y desde entonces se le prohíbe ejercer como abogado.
Ha publicado los poemarios “La fuga del ciervo” (1995, Editorial Oriente), “Escrito desde la cárcel” (2001, Ediciones Vitral), “Los apriscos del alba” (2008, Editorial Oriente) y “El agua de la vida” (2008, Editorial El mar y la montaña). Obtuvo el Gran Premio Vitral de Poesía en el 2001 con su libro “Escrito desde la cárcel” así como Mención y Reconocimiento Especial del Jurado del Concurso Internacional Nósside de Poesía en 2006 y 2008 respectivamente. Poemas suyos aparecen en la Antología de la UNEAC de 1994, en la Antología del Concurso Nósside del 2006 y en la selección de décimas “Esta cárcel de aire puro”, realizada por Waldo González en el 2009. Roberto Quiñones fue encarcelado por el régimen cubano durante un año, entre septiembre de 2019 y septiembre de 2020, como represalia por ejercer el periodismo.

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