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Miércoles, 22 de febrero 2017

¿Es peligroso ser como José Martí?

“No se habla lo suficiente de su proyecto de nación y de su concepto de gobierno, de libertad”

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LA HABANA, Cuba.- “Les dicen que deben ser como el Che, no como Martí, ¿es que acaso es muy peligroso ser como Martí?”, me comentaba hace días Mireya, una maestra de enseñanza primaria, mientras me observaba haciéndole fotos a una imagen del Apóstol.

Era una imagen tosca, muy fea y demasiado seria para haber sido plantada en medio de un aula escolar. “Está de espanto. Los niños deben terminar con pesadillas”, me decía esta misma mujer que, además, criticaba el modo en que se les enseña a los estudiantes el pensamiento martiano:

“No se habla lo suficiente de su proyecto de nación y de su concepto de gobierno, de libertad. Se les dice que fue un hombre bueno, que escribió poemas y cuentos para niños, y así para muchos, aun cuando crecen, Martí no es más que un escritor, un poeta, con mucha imaginación, tan solo eso”, se lamentaba esta señora que, no temiendo a las palabras “periodista” e “independiente” con que quise presentarme antes de grabar sus palabras, también me hacía reparar en el deterioro de la imagen de nuestro héroe nacional.

Para esta profesora, en vez de camisetas con la imagen de Ernesto Guevara o con frases de tributo a Fidel Castro, los cubanos deberían considerar a Martí como “nuestro símbolo esencial”.

Es, en cierto modo, la idea de Hansel, un joven grafitero de La Habana que gusta de usar la imagen de Martí en sus obras de arte callejero:

“Yo siento que en los últimos tiempos la imagen de Martí ha sido eclipsada por otras menos problemáticas para nuestra realidad. Martí era muy claro y tajante en sus ideas sobre la libertad, la justicia, el respeto a la dignidad humana y, desgraciadamente, nuestra realidad, y no te estoy hablando solo de Cuba, está llena de ejemplos de falta de libertades, de injusticias y de miseria humana. (…) Es palpable a diario y esta situación de sálvese el que pueda no es compatible con el pensamiento martiano. Fíjate que en los grafitis que hay por ahí, no es el Ché el que lleva una camiseta reclamando wifi gratis, es Martí. Si debe haber cambios en Cuba y para bien de todos, Martí debe ser el patrón a seguir, nadie más, solo Martí”, opina Hansel.

Para algunos, con respecto a épocas anteriores, la imagen de José Martí ha sufrido el abandono de aquellos que lo ven como simple historia del pasado, como paladín de una utopía social irrealizable.

A nadie se le escuchó decir “Yo soy Martí”, aunque sí gritaron “Yo soy Fidel”. Frase en un punto de venta de cigarros y ron (foto autor)

“Cada vez se ve menos la atención a los bustos de Martí”, afirma Digna, profesora de Historia de Cuba en un preuniversitario de La Habana y promotora de una Cátedra Martiana en su centro de enseñanza: “Hay cientos de bustos desatendidos por ahí, miles de ellos, pero recuerdo que antes era espontáneo entre los vecinos del barrio hacer un jardín alrededor, poner flores, banderas. Ahora incluso están sin pintar, rodeados de basura. (…) Tiene que ver con la falta de identificación de la gente, no lo ven como lo que debe ser, sino como un tipo soñador y solo eso, como un hombre del pasado, y hay gran responsabilidad nuestra en eso, de los dirigentes, y es que hay muchos Martí, y hay algunos Martí que pueden ser muy molestos. (…) Es la esencia de todo lo que tiene que ver con Cuba, sin embargo, solo conocemos de él un par de cosas, lo menos problemático”.

Un par de mensajes televisivos sin mucho atractivo  y algunos reportajes en ese tono retórico y frío que suele identificar a la prensa oficialista cuando aborda temas extremadamente controlados por la censura, fueron las únicas marcas de celebración para recordar la fecha del natalicio del más grande y universal de los cubanos.

La llamada Marcha de las Antorchas, organizada por la Federación Estudiantil Universitaria, aunque se anunció en tributo al Héroe Nacional exhibió muy pocas pancartas con frases o imágenes de Martí y ninguna de las consignas gritadas aludió a su rico legado ni le rindió homenaje. A nadie en la marcha se le escuchó decir: “Yo soy Martí”, aunque sí, en cambio, gritaron “Yo soy Fidel”, esa nueva frase al uso por el Partido Comunista, y que incluso ha sido estampada en los lugares menos apropiados, si de respetar la memoria de un líder se tratara y no de simular un consenso.

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Acerca del Autor

Ernesto Pérez Chang
Ernesto Pérez Chang

Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).

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