Epílogo para una negligencia médica

Epílogo para una negligencia médica

Durante 17 años, la familia de un joven con parálisis cerebral ha estado rogando por una vivienda

LA HABANA, Cuba.- Tras 17 años de espera, a Yeyson Olivera Pérez, un joven aquejado de Parálisis Cerebral Infantil (PCI), finalmente le fue entregada una vivienda.

El otorgamiento, de manera muy sigilosa, fue realizado por el Consejo de la Administración Municipal (CAM) de La Habana Vieja, en una comunidad recién construida en la barriada San Agustín del municipio La Lisa.

La nueva barriada, aún sin culminar, acoge además a decenas de familias desplazadas por los derrumbes que a menudo tienen lugar en la ciudad.

Olivera Pérez, sus padres, hermana mayor y un sobrino, llevaban unos siete años “colados” en un taller estatal abandonado en calle Agua Dulce número 57, sin servicio sanitario ni de agua potable, con un piso grasiento y techos con tantas goteras que al llover el agua corría por el pequeño cuarto demarcado por paredes de cartón.

El Gobierno del Cerro, municipio donde está enclavado el taller, durante todo este tiempo se negó a resolver el problema de la vivienda a Yeyson alegando razones de jurisdicción, pues su dirección oficial era de otro municipio.

De igual manera, cada gestión que su madre emprendía en favor de mejorarle un poco las ya deterioradas condiciones de vida, siempre resultaba en un callejón sin salida. Su dirección oficial de residencia pertenecía a la provincia de Villa Clara y ésta, según las respuestas ofrecidas en la capital, era la máxima responsable de dar solución a la problemática.

Durante los más de 17 años de residencia en la capital, Pérez Veliz no logró domiciliarse en la misma. La Habana Vieja, municipio de residencia oficial de su esposo y padre de Yeyson, es un municipio “congelado” y sólo se permite, en contados casos, la entrada de alguna persona previa salida de otro domiciliado.

Antes de vivir en el taller, 16 miembros de la familia residían en un pequeño apartamento ubicado en un tercer piso de la calle Cienfuegos de la barriada Jesús María, La Habana Vieja. Desde entonces Yeyson ya tenía que bañarse en el lúgubre pasillo común que conectaba al resto de los apartamentos, dado que el baño, colectivo, se encontraba inservible.

Unido a lo anterior, cada vez que necesitaban llevar a Yeyson a las sesiones de rehabilitación o algún otro turno médico, tenían que bajarlo y subirlo en su silla por la empinada y estrecha escalera que daba acceso a la puerta de salida del referido inmueble.

En consecuencia, Yeyson lleva más de siete años sin recibir rehabilitación médica y ha perdido los pocos reflejos que había adquirido. Sus dedos, de manos y pies, cada día se engarrotaron más, hasta quedar inoperantes.

En el 2000 tuvieron que abandonar la casa de Jesús María, desalojados ante un eminente peligro de derrumbe.

La nueva vivienda consta de portal, sala, dos dormitorios, baño, cocina-comedor, patio y, a diferencia de muchas otras entregadas en esa comunidad, todo el piso, el baño y la cocina se encuentran revestidos con losas de cerámica.

“Te voy a enseñar la parte de la casa que más falta le hacía a Yeyson”, aseguraba Pérez Veliz, mientras apuntaba al área de baño, que costa de una tasa sanitaria, lavamanos de pedestal y ducha con agua corriente a todas horas del día.

Por su parte, Jesús Olivera Pérez, padre de Yeyson, agradeció a todas las personas que de una u otra manera brindaron su apoyo en pos de resolver la situación.

“El apoyo vino de muchas partes, CubaNet mismo denunció en más de una ocasión las paupérrimas condiciones en que vivía mi hijo, tiene mucho que ver con todo esto que estamos logrando”, dijo Olivera. “Agradezco a la revista, y a todos aquellos que ayudaron e hicieron posible que al fin mi hijo pudiese vivir como un ser humano”.

Además de la vivienda, las autoridades entregaron a Yeyson una silla especial de ruedas acorde a su padecimiento de salud, generado por una mala manipulación del equipo médico encargado de realizarle el parto a su mamá.

Amén de lo conseguido, la familia continúa a la espera de recibir una serie de artículos que desde hace años fueron prometidos por el Gobierno. De acuerdo con Olivera, “la batalla no ha terminado”.

“Solo espero que no sean otros 17 años”, concluyó.

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