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Sábado, 16 de diciembre 2017

Entrenadores de animales, un oficio polémico

Otra rama del cuentapropismo que no cuenta con la infraestructura necesaria

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Javier Corrales entrenando un ‘quarter’ (Foto: Ernesto Aquino)

LA HABANA, Cuba.- Con el incremento del interés por la adquisición de animales afectivos, sobre todo perros de raza, gatos y caballos, ha prosperado en la población cubana lo que muchos consideran “el vicio de entrenar animales”.

José Luis De Jongh Acosta, de 65 años, es un especialista en Instrumentación Industrial y Controles Automáticos que desde hace 20 se desempeña como entrenador canino profesional.

De Jongh Acosta, quien ha participado en múltiples eventos nacionales e internacionales, considera que “el bajo poder adquisitivo promedio afecta la calidad de la mayoría de los servicios profesionales dentro del mercado laboral privado”.

“Por una parte está la gente que para ganar dinero se ofrece como profesional de ‘cualquier cosa’, y por la otra están los que necesitan el servicio pero tienen una economía pobre, y la resultante de esta ecuación son las improvisaciones lamentables que desprestigian cualquier profesión, como está sucediendo con los entrenadores de animales afectivos”, continúa el entrenador.

José Luis, quien también entrena a los dueños de perros de raza para que ellos mismos los manejen en los eventos competitivos, refiriéndose al importe de las sesiones aclaró que “no existe una tarifa fija. El precio depende de la edad y raza del perro, el tipo de entrenamiento y el tiempo de duración”.

Pero los entrenadores de perros para pelea opinan diferente sobre el pago por su trabajo. Uno de ellos, que se reservó su identidad porque “las peleas de perros son ilegales”, comentó que “un entrenamiento intensivo de 30 días de un staffordshire (conocido en Cuba como stanford) puede costar entre 150 y 300 dólares, ya que en estas peleas las apuestas son muy altas”.

El hombre considera que “la gente está pagando precios muy altos por los ejemplares de raza, desde 50 hasta 250 dólares por cada uno, sin contar todo el gasto en vacunas y alimentación, de manera que si también quieren tener un perro bien entrenado, pues que paguen. En Cuba, tener un perro de raza y además entrenarlo, es un lujo. El cubano está más para comerse a los perros que para tenerlos de mascota”.

José Luis junto a uno de los perros que entrena (Foto: Ernesto Aquino)

Otro de los animales que se ha popularizado en los últimos 10 años en la capital habanera es el caballo que, acoplado a un coche de paseo o carretón improvisado ha encontrado su lugar como alternativa a la escasez de transporte.

Conversamos con Javier Corrales Moreno, de 37 años, un técnico medio en Cultura Física y especialista integral de Ganadería, que ha participado en diversos eventos como juez de rodeo.

Corrales Moreno, quien lleva “más de 10 años” según él mismo dedicándose al entrenamiento de caballos, opina que “con independencia del conocimiento especializado que pueda poseer un entrenador de animales u otro profesional, la realidad es que el trabajador privado no cuenta con los recursos ni las condiciones mínimas adecuadas para brindar un servicio de calidad”.

“En Cuba, el trabajo privado carece de una infraestructura y respaldo jurídico básico que le permita funcionar con la seriedad y garantía que deseamos todos. Si hay tanta gente improvisada usurpando el profesionalismo es porque, de hecho, el trabajo por cuenta propia es una opción laboral nacida de la peor improvisación”, continúa explicando Javier.

Opiniones que cuentan

Algunas personas que ofrecieron su testimonio, entre discrepancias y acuerdos, coincidieron en señalar que “la vida del cubano no la entiende ni el propio cubano”; pero lo que sí está claro para la mayoría es “la necesidad de buscar motivaciones, incentivos y responsabilidades que nadie te imponga para levantarnos cada día”.

Esperanza Rentería Villalta, una jubilada de 69 años que laboró en el sector de la cultura considera que “cada día cuesta más educar a las personas y crear vínculos afectivos entre ellas, puede que eso haya incrementado el interés de mucha gente por entrenar a sus mascotas”.

Javier Corrales entrenando a un animal (Foto: Ernesto Aquino)

“En cuanto al riesgo que se corre de elegir mal a las personas que deben servirnos creo que ese es el problema que ha caracterizado siempre a los cubanos. Nos pasó durante el período republicano y en 1959 le pusimos la tapa al pomo”, asegura Rentería Villalta.

Marcos Rosales castillo, un profesor de música retirado, de 76 años, de los cuales dedicó 10 a entrenar cotorras y sinsontes, fue muy categórico cuando expresó: “El consumidor tiene un peso extraordinario en el mercado. El buen servicio se mide por los resultados. Fíjate que ni siquiera cuenta que tengas un certificado de conocimientos, porque aquí en Cuba los títulos se compran o se intercambian por favores”.

“Hay mucha gente empírica ofreciendo resultados laborales excelentes”, defendió Rosales Castillo. “Esa fama tan difundida de que el cubano es un busca vidas que hace cualquier cosa para ganar dinero, es un mito. Es cierto que somos muy polifacéticos y que en la canasta de nuestras batallas te puedes encontrar de todo; pero también es cierto, y mucho, que sabemos ganarnos la vida sin estafar a nadie”.

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