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Viernes, 20 de octubre 2017

Artes marciales, propiedad del Estado

Las sociedades independientes que las practican son vistas con recelo por el gobierno

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LA HABANA, Cuba.- Las artes marciales en Cuba comenzaron a popularizarse a través de los filmes del género que entraban al país y que se extendieron rápida y masivamente. Como consecuencia de estas películas, sobre todo las protagonizadas por el legendario Bruce Lee, un número cada vez mayor de ciudadanos comenzó a interesarse en la práctica de estos sistemas de lucha.

Sin embargo, como la política estatal deportiva no contempla la masificación de estas artes de lucha y la demanda de los interesados aumentaba, comenzaron a crearse sociedades independientes sin fines de lucro, con una gran disponibilidad y variados programas de enseñanza al alcance de todos.

Tomás López Rodríguez, un maestro cinturón negro séptimo dan, de 65 años de edad y que enseña mugendo, jiu-jitsu, krav-magá, pelea callejera y defensa contra armas, nos habla de cuánto se puede “cuantificar la calidad social de los grupos humanos con la práctica sistemática y disciplinada de las artes marciales”.

“No todo es patadas y piñazos. Las Artes Marciales aporta invaluables beneficios espirituales, éticos y morales; mejora considerablemente la salud física, contribuye al equilibrio mental, educa el carácter y desarrolla la autoconfianza”, dice López Rodríguez, quien además imparte clases especiales para discapacitados.

El maestro Tomás López, quien ha dedicado 50 años de su vida a las artes marciales, es del criterio que “una política educativa eficaz debía considerarlas como parte del sistema de enseñanza desde el nivel primario, y eliminar la rutina de una educación física tradicional que no se identifica con los intereses de los educandos”.

En Cuba, las sociedades de artes marciales son aceptadas y reconocidas por el gobierno como Organizaciones No Gubernamentales (ONG), pero no se les autoriza el ejercicio del trabajo privado, por lo que su práctica es legalmente polémica y susceptible de ser considerada una desobediencia civil.

Dayán Romeu Santana, de 37 años, certificado como representante oficial de la subsidiaria cubana de yuen kay san wing chun, un sistema de defensa personal proveniente de China, lamenta “la falta de apoyo oficial y las constantes trabas burocráticas que limitan la expansión de las artes marciales”.

Para Romeu Santana, quien es además licenciado en Mecanización, máster en Ciencias Técnicas Profesionales y candidato a doctor en Ciencias Energéticas, “resulta incomprensible que la revolución haya desarrollado programas educativos y culturales al alcance de todos los cubanos y limite tanto las posibilidades para la expansión de las artes marciales a nivel social”, aunque reconoce que en el interior del país “los gobiernos locales son más receptivos y colaboradores, a pesar de los escasos recursos de que disponen”.

El Instructor de wing chun, con 28 años dedicado a la disciplina, ha constatado sus beneficios terapéuticos trabajando con autistas, débiles visuales, parapléjicos, adultos mayores e impedidos físicos con problemas psicomotores, sin pasar por alto que “las artes marciales desarrollan habilidades y capacidades defensivas, que aumentan la autoestima, el nivel de responsabilidad y la capacidad de sacrificio”.

Algunos entrevistados que prefirieron no identificarse se refirieron al boxeo, karate, judo, lucha libre y grecorromana y el taekwondo como “los únicos deportes marciales que el gobierno apoya con recursos” porque los utiliza con “fines políticos”.

“Las otras variantes de las artes marciales que se practican en Cuba, y que se desarrollan desde sociedades independientes y con recursos propios, el gobierno las agrupa y controla bajo la FCAM (Federación Cubana de Artes Marciales)”, continuaron explicando los entrevistados que protegieron su identidad.

“Y la FCAM deja muy claro en sus estatutos que la Federación ‘no ampara ni auspicia, ni promueve la práctica de las artes marciales con fines lucrativos o comerciales’”, concluyeron.

La labor educativa y formadora de valores que están alcanzando las sociedades independientes de artes marciales, sus importantes resultados en el rescate y reinserción social de ciudadanos marginales y sus aportes indiscutibles a la terapéutica en el trabajo con los discapacitados, entre otros logros, carecen de utilidad para los intereses propagandísticos del régimen cubano.

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