El hijo desamparado de un general de las FAR

El hijo desamparado de un general de las FAR

Aún siendo un niño él vivía con su mamá en Marianao cuando su padre, el General de Brigada Rolando Kindelán Bles, los abandonó

Jaime Kindelán Morales (foto del autor)
Jaime Kindelán Morales (foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – A todos los desamparados que deambulan por la zona aledaña al cine de 12 y 23 en el Vedado, yo los conozco. La mayoría tienen necesidad de recibir afecto, protección o algún tipo de ayuda. Hay algunos que hasta quisieran que uno asumiera la responsabilidad en todas las áreas fundamentales de su vida. Están llenos de picardía y juegan a sabiendas con la compasión humana para que la gente se apiade de ellos. No obstante gradualmente con firmeza y amor, aunque no al ritmo que uno quisiera, se van comportando mejor como personas. En la medida que me han ido conociendo, se han dado cuenta de que mi servicio hacia ellos es para ayudarlos a salir con denuedo de su penosa situación.

Por vocación, he lidiado en con diferentes manifestaciones del dolor humano por toda Cuba, pero siempre hay algún caso que a uno lo marca más profundamente que otro. Este es el caso de Jaime Kindelán Morales. Recuerdo haberlo conocido por los días en los que Benedicto XVI visitó a nuestra nación en abril de 2012. Para todos los que pasamos por el portal de la cafetería “La Pelota”, fue sorprendente el vacío que dejaron los desamparados que habitualmente merodeaban por allí. Todos fueron recogidos en algún momento antes del amanecer en los días previos de la visita de Su Santidad. El gobierno trató de despejar la Habana, para dar una buena impresión a la prensa extranjera y a los visitantes que anduvieran por la capital.

Pasadas dos semanas fueron apareciendo de nuevo los indigentes, entre ellos Kindelán. El mismo me contó que lo montaron de madrugada en un carro blanco pequeño. Luego de que llenaran el carro de indigentes hasta el hacinamiento, fueron llevados para el “Hospital Psiquiátrico de la Habana” otrora “Mazorra”. Él no quería ir y fue controlado a través de electroshocks  y sedantes, hasta que lo liberaron de nuevo.

Kindelán Morales apunta que aún siendo un niño él vivía con su mamá en Marianao cuando su padre, el General de Brigada Rolando Kindelán Bles, los abandonó. Aún después de bastante tiempo es notable su dolor cuando expresa que perdió a su madre a una temprana edad, pues el que fuera en ese momento su padrastro, la asesinó. En los años 80, salió de Cuba por la Bahía del Mariel. Dice que desde que llegó a los Estados Unidos estuvo 17 años preso en la prisión de alta seguridad de Atlanta y fue devuelto como excluible. A su regreso a Cuba estuvo recluido un mes en la prisión de alta seguridad del “Combinado del Este”.

Cuando le pregunté como es que se buscaba la vida, me confesó Kindelán Morales que el portal de (12 y 23), es actualmente su casa y su trabajo. Él vende en el portal e igual trabaja como mensajero o limpiador de pisos para buscarse honradamente un plato de comida.

Según él, para su padre biológico, el general, su hijo no es más que un traidor a la patria. Lo tiene relegado al olvido, pero Jaime aunque nunca ha sido atendido por su padre, lo extraña y lo sigue queriendo. Sueña con el día en que finalmente puedan hacer las paces.

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