¿El futuro de los medios tiempos de hoy?

¿El futuro de los medios tiempos de hoy?

“Lo más triste de esos ancianos que todavía tienen que seguir batallando, es que muchos de ellos mantienen a familiares jóvenes que ni estudian ni trabajan”.

Vendedor de periodicos- Foto EA

LA HABANA, Cuba -Miles de ancianos, a lo largo de toda la isla, salen a la calle cada día desde las primeras horas de la mañana, tratando de ayudar a sus reducidas pensiones. Algunos deambulan las calles vendiendo bagatelas; otros, más achacosos, se sientan al borde de las aceras a esperar a que les acerque un comprador.

Víctimas de sus pobres ingresos;  desamparados por el programa de Seguridad Social del Estado, que no los provee de compensaciones que reduzcan su indigencia económica, miles de hombres y mujeres que dedicaron toda su existencia al trabajo honrado tienen que sacrificar el descanso que se merecieron, vendiendo cucuruchos de maní, periódicos, objetos personales (muchas veces deteriorados), dulces caseros, con la esperanza de “ganarse algunos pesos, porque la “cosa” cada día está peor, y la pensión sólo da para la primera semana del mes”.

Antonio, un anciano de 76 años -de los cuales 50 se los pasó trabajando como albañil y carpintero encofrador- hoy, con un retiro de 300.00 pesos, Moneda Nacional MN (Unos 13 dólares), todavía tiene que seguir en la dura batalla de “buscarse la vida” como vendedor de periódicos.

“Me tengo que levantar a las 5:00 de la mañana –comenta- para hacer la cola en el estanquillo donde venden el periódico. Somos muchos los jubilados que estamos en lo mismo. Ahí esperamos que llegue el Diario para tratar de comprar la mayor cantidad”.

Vendiendo cualquier cosa-Foto EA

Refiere Antonio, quien se reservó el resto de su identidad, que los jubilados compran el periódico, cuyo precio oficial es de 0.20 centavos MN, para luego revenderlo a 1.00 peso MN (6 centavos dólar).

“Nosotros somos vendedores ilegales, tú sabes. –Continuó- Pero la verdad, a mi me importa un comino la policía y los inspectores. Cuando tú llegas a mi edad, después de haber trabajado toda la vida sin ningún beneficio, te da lo mismo estar preso que muerto. Ahora bien, mientras esté vivo tengo que comer”.

Adela, otra anciana de ¡81 años! -quien laboró como maestra durante 42 años (desde 1956 hasta 1998)- emplea gran parte de su tiempo vendiendo cucuruchos de maní a 1.00 peso MN y paquetitos de galletas dulces, al precio de 5.00 pesos MN (0.30 centavos dólar).

Según explica la anciana maestra, “comienzo a vender mi mercancía alrededor de las 7:30 de la mañana –cuando los niños salen para la escuela-, y a veces son las 6:00 de la tarde y todavía estoy sentada en mi sillita de extensión, cerca del punto de venta de productos del agro que está en la esquina de mi casa, tratando de liquidar lo que me queda”.

Desde el retiro de sus actividades laborales con el Estado, estos ancianos  -anclados en el puerto de sus desamparadas economías- están convencidos –como afirma Adela- que “el único descanso real nos llegará con la muerte”.

Vendiendo algo para sobrevivir- Foto EA
Sobrevivir en las aceras. Foto EA

Por su parte. Adilys Naranjo Gari, una joven de 25 años, graduada de Técnico Medio en Economía en Comercio, comenta: “Lo más triste de esos ancianos que todavía tienen que seguir batallando, es que muchos de ellos mantienen a familiares jóvenes que ni estudian ni trabajan”.

Según expresó Naranjo Gari, los indicadores de salud que muestran un aumento en las expectativas de vida de la población cubana adulta, parecen olvidar que el problema no está precisamente en la cantidad de años que vives, sino en cómo los vives.

“La calidad de vida: Eso es lo importante. –explica Adilys- Tener una alimentación adecuada, que esa es la base para mantener una vida saludable; actividades recreativas que consideren sus intereses y necesidades; posibilidades de acceso a beneficios subsidiados que contribuyan a mejorar las condiciones de su entorno y un aumento decoroso de sus pensiones que les garantice una independencia real”.-Concluyó.

Si bien es cierto, que en diferentes zonas de la Ciudad de La Habana se puede observar a grupos de ancianos incorporados a programas de ejercicios físicos con fines terapéuticos (Tai Chi y otros ejercicios libres tradicionales) -asesorados la mayoría de las veces por profesores especializados-, que ofrecen un panorama esperanzador para las personas de la tercera edad, no es menos cierto que por toda La Habana – apostados en esquinas, portales y parques,  o deambulando su pobreza- existen miles de ancianos sobreviviendo el día a día.

[fbcomments]