El Cadillac que conectó a Batista con Salvador Allende

El Cadillac que conectó a Batista con Salvador Allende

Lo que en su época fue símbolo de confort, hoy yace arrinconado en una humilde vivienda habanera

Cadillac del 59 (foto del autor)
Cadillac del 59 (foto del autor)

LA HABANA, Cuba.- Lo que en su época fue símbolo de esplendor y confort, hoy yace arrinconado en el portal de una humilde vivienda habanera. Se trata de un Cadillac del año 1959, del que se atan dos singulares historias. Una de ellas cuenta que perteneció de manera efímera a Marta Fernández, la esposa del gobernante cubano Fulgencio Batista y Zaldívar. La otra sostiene que Beatriz Allende Bussi, la hija del presidente chileno Salvador Allende, lo hizo suyo.

Beatriz, tras la muerte de su padre el 11 de septiembre de 1973, vino a residir a Cuba. Habitualmente se le veía montando este Cadillac 59. Cuentan que lo disfrutaba. Eso alimentó la leyenda de que era suyo, a pesar de que el automóvil tenía matricula del Estado, y el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) lo contemplaba en su nómina vehicular. En esa época, tanto el ICAP como el Departamento América, acopiaban decenas de Cadillac más, los que habían sido nacionalizados por el gobierno cubano o habían sido abandonados por sus propietarios cuando se iban del país.

Tati, como familiarmente llamaban a Beatriz, se suicidó de un disparo en la sien el 11 de octubre de 1977, dentro de una casa del barrio Miramar, con 34 años. Dejó huérfanos a Maya, de 5 años, y Alejandro Salvador Allende, de 4 años y de quien se dice lo inscribieron con tal nombre y apellido en honor a su abuelo, gracias a un decreto especial promulgado por Fidel Castro.

Fulgencio Batista junto a su esposa Marta Fernández (foto tomada de Internet)
Fulgencio Batista junto a su esposa Marta Fernández (foto tomada de Internet)

El Cadillac pasó a manos privadas, se vendió varia veces entre distintos propietario, hasta que llegó a Gerardo Lazcano, el actual dueño desde hace casi veinte años.

Un día se apareció un hombre en casa de Gerardo, quien contempló la máquina con asombro. Daba la impresión de que había visto revivir a un muerto. El hombre se le acercó lentamente, como si fuera un objeto adorado. Comienzó a pasarle los dedos por la descuidada carrocería, y dio una vuelta alrededor del auto. Cuando llegó a uno de los guardafangos delanteros exclamó: “a este guardafangos le dieron un golpe que yo enderecé, y supuse había sido Beatriz la causante, porque ella estuvo presente hasta que terminé de arreglarlo”.

Tiempo después, escuché otra historia sobre el auto, fortuitamente en medio de un diálogo con un mecánico septuagenario.

El susodicho aseguró ser especialista en cajas de velocidad de estos tipos de autos, cuando supo que el Cadillac de nuestra historia tenía la suya rota.

“Yo trabajé durante muchos años arreglando los Cadillac en el ICAP”, exclamó. Me aventuré a narrar la historia del Cadillac de mi amigo Gerardo, y su relación con Beatriz Allende. Cuando concluí, el mecánico acentuó haber escuchado acerca de la relación de Beatriz con ese Cadillac, pero negó rotundamente la versión de que había sido traído desde Chile: “Esa historia la inventaron para despistar”, afirmó el mecánico.

Beatriz Allende junto a su madre Hortensia Bussi (foto tomada de Internet)
Beatriz Allende junto a Hortensia Bussi (foto tomada de Internet)

“Ese Cadillac 59, modelo Seville, de dos puertas, sin columnas, con techo de metal tapizado exteriormente, vino de los Estado Unidos y de agencia. Su primer dueño fue Marta Fernández, la mujer de Fulgencio Batista, y eso lo sabíamos todos los que inauguramos el ICAP”. Y ratifica: “Su caja de velocidad Getaway me la conozco a la perfección”.

A la pregunta de qué haría Gerardo si de repente le comienzan a aparecer compradores al Cadillac, el actual propietario respondió:

“No lo venderé nunca”.

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