Eclipse total

Eclipse total

En la sala Adolfo Llauradó, el más reciente estreno del joven director de teatro Jazz Vilá

LA HABANA, Cuba.- Ayer en la noche subió a las tablas, en la sala Adolfo Llauradó, el más reciente estreno del joven director de teatro Jazz Vilá. “Eclipse”, inspirada en “La señorita Julia”, del dramaturgo sueco August Strindberg, recoge varias escenas de la tragedia para construir, a través de un simulacro de Reality Show, una obra inscrita en el contexto contemporáneo y antillano en particular.

Interpretada por un elenco joven que alternará protagónicos durante las presentaciones, “Eclipse” enmarca su historia en un triángulo amoroso, donde los implicados buscan sobrevivir por motivos pasionales y/o materiales, trance que pone a prueba continuamente la veracidad de un sentimiento llamado a trascender intereses pueriles. Sin embargo, lo que pudo ser una entrega potable y recontextualizada del clásico literario escandinavo, se convirtió en una absoluta decepción. Además de echar en falta una buena dirección actoral, la noche de estreno estuvo a cargo del elenco menos sólido, cuyos actores estuvieron muy distantes de asumir la envergadura demandada por sus personajes.

El pretexto del Reality Show como apoyatura para una narración desde lo contemporáneo, adquirió con los primeros compases el cariz de un chanchullo mediático, al estilo de “El Show de Cristina” o “Caso Cerrado”. Si tal era la intención, no había que molestarse en salir de casa. La adaptación de un clásico siempre entraña un riesgo, máxime si se hace necesario introducir matices cotidianos -quizás opuestos a la cultura del país de origen- con el objetivo de permitir al público identificarse con la obra y apropiarse de sus significados. Pero una cosa es arriesgarse en buena lid, y otra muy distinta convertir la posibilidad de reflexionar desde la propia experiencia, en un espectáculo mediocre.

Probablemente no fuera ese el propósito inicial de un Jazz Vilá que, en apenas una hora y quince minutos, echó por la borda el crédito obtenido con “Rascacielo”, su obra precedente. Mucho público especializado acudió entusiasmado por el éxito anterior, para encontrarse continuos tropiezos en el despliegue escénico y un penoso empeño en recurrir a la carcajada fácil, a las poses risibles y a todos los clichés imaginables.

En una entrevista, el director afirmó que el nexo entre “Eclipse” y “Rascacielo” son las cuestiones humanas: el amor, la falta de comunicación, la estratificación social y la paranoia contemporánea de demostrar en todo momento la valía personal. Nada de ello es perceptible durante la puesta en escena. El amor, empequeñecido entre la tragedia original y el circo preparado por Vilá, no merece ser mencionado. El resto se limita a los desencuentros entre una fogosa joven adinerada y un sirviente, tan ambicioso como cretino. Decididamente, el autor de “Rascacielo” no percibió el límite entre restar densidad a un clásico y convertirlo en una pifia, supuestamente en interés de hacerse entender por un público joven que se halla muy distante del arte en general.

“Eclipse” es un buen ejemplo del abismo que existe entre un concepto creativo muy bien elaborado y el producto final devenido en negación del mismo. Si algo impresionó en la noche de estreno, fue constatar el enorme patrocinio tras el nombre de Jazz Vilá, que incluye desde la firma Red Bull hasta las embajadas de Suecia y Noruega. Es una verdadera lástima que tantos recursos no hayan servido para ofrecer al público una obra cuya calidad resultara, cuando menos, aceptable.

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