Dos años de prisión por comprar una lata de pienso

Dos años de prisión por comprar una lata de pienso

“¿En qué país del mundo meten preso a alguien por comprar un poco de comida para cerdo?”

Corral de cerdos en el patio de una vivienda (foto del autor)
Corral de cerdos en el patio de una vivienda (foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – Para muchos es la única forma de poner carne en sus platos a la hora de comer. Para otros, la vía en que se ganan algo más de veinte dólares mensuales, el promedio un empleo estatal. El mal olor constante y los riesgos de contraer enfermedades como leptospirosis o cólera, son condiciones que deben enfrentar los que crían cerdos dentro de sus casas.

En no pocas residencias de las zonas urbanas se ha destinado un lugar en el patio, en los techos, o incluso en el baño, para la cría de estos animales. La situación se extendió tanto, que fue incluso caricaturizada por varios grupos humorísticos de los años 90′, cuando la escasez se ensañó con el país luego del fin de la ayuda soviética. Desde entonces, la cría doméstica de cerdos nunca ha cesado.

Danilo Giménez, de Quivicán, vive a escasos metros del parque central de dicho pueblo. Su casa ni siquiera tiene patio y se vio en la necesidad de habilitar un corral en el techo para criar cerdos y así alimentar a su familia. El motivo radica en que “la carne de cerdo en Cuba es bastante cara, a 40 pesos una libra de bistec. Soy profesor de escuela primaria, tengo 3 hijos y con los bajos salarios que recibimos mi esposa y yo no nos alcanza para comer. Desde hace un año aproximadamente crío estos animales para poder comer”.

Sobre las condiciones higiénicas de su granja improvisada, comenta que “a veces la falta de agua para limpiarlos provoca mal olor y moscas, pero tenerlos es la única manera de poder poner luego un trozo de carne a mis hijos en la mesa, de vez en cuando”.

A los cerdos se les alimenta con sobras de comida, el sancocho recogido en donde aparezca, a veces en mal estado. Lo ideal sería darles pienso, pero este es controlado por el Estado y, por ende, su comercialización también es ilegal y bastante perseguida por la Policía.

Otro entrevistado para este reportaje es Alain Sánchez, quien refiere haber cumplido dos años de prisión por comprar una lata de esa comida para animales. “Criaba cerdos en el patio de mi casa, habilité un corral para cinco y con eso me mantenía”.

Sánchez dice que no trabajaba con el Estado por considerarlo “una gran explotación”. El joven se graduó de técnico medio en veterinaria, pero se ganaba la vida criando cerdos en casa “hasta que un día me detuvo en la calle la policía trasportando en mi bicicleta una lata con pienso que había comprado en el mercado negro. Fui condenado a dos años de prisión y cumplí uno. Ahora me encuentro en libertad condicional y me pregunto: ¿en qué país del mundo meten preso a alguien por comprar un poco de comida para cerdos?”

Osmany López, un especialista en medicina general que también vive en Quivicán, tiene cuatro puercos en el patio de su casa. “Muchas veces el gobierno ha amenazado que va a prohibir la cría de animales dentro de las casas en el casco urbano. Pero en el fondo ellos saben que si lo hacen matan de hambre al pueblo”.

El galeno opina que “la cría de cerdos en las casa juega un papel fundamental en la alimentación de familias enteras y para muchos es la entrada de dinero extra con la cual sobrevivir, en un país donde el sueldo no alcanza ni para comer; yo mismo soy médico y me vi obligado a conseguir mis animales porque el salario solo no basta para cubrir las necesidades básicas de mi familia. Aunque conozco las consecuencias que pudiera traer la cría de cerdos en el hogar y sobre todo donde hay niños, tendré que correr el riesgo si quiero brindarle a mi familia algo de carne”.

La cría de cerdos toma de cinco a seis meses básicamente, hasta que los animales alcanzan un peso aproximado de 200 libras. Luego pueden venderse en unos 3500 pesos ‒140 dólares‒. Supuestamente el Ministerio de Salud Pública lleva un control de cada casa que posea “corral” para cerdos, pero el hedor y el peligro de contagio se mantienen, inevitables, como parte de ese alto costo a pagar en Cuba por comer algo de carne.

Acerca del Autor

Orlando González

Orlando González

Periodista independiente. Reside en La Habana.

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