Donde Fidel perdió el trono

Donde Fidel perdió el trono

Hay quienes acusan al pintor Fuster de atiborrar a Jaimanitas con pinturas de mal gusto. El artista hace oídos sordos. Ha realizado su sueño espectacular: proporcionar color y solidez a las casas de más de cien familias

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Detalle de la casa de Fuster, en Jaimanitas (foto internet)

LA HABANA. Cuba . — En un humildísimo y antiguo poblado de pescadores, perteneciente al oeste de las costas habaneras, ocurre algo insólito desde hace tres décadas. Algo que se comenta en voz baja para no lastimar los oídos de nadie: En Jaimanitas, Fidel Castro perdió el trono.

Y es allí donde José Rodríguez Fuster -1946- se ha convertido en el hombre más querido y más popular. Un verdadero ídolo que recibe el cariño y el agradecimiento de los 20 mil habitantes con que cuenta ese pueblo.

Lo que todos dicen y se preguntan por qué la ausencia de Fidel Castro en ese escenario tan carismático, como es la llamada ¨Ruta de Fuster¨, un verdadero derroche o reino salvaje artístico, donde predominan hombres con los ojos al mismo lado de la cara, con gallos cantando en sus hombros, bicicleteros escuálidos como hilos, llevando en las parrillas a muchas personas, palmas reales distorsionadas, peces imaginarios, islas anoréxicas colmadas de seres aglomerados, fungibles y desorbitados. Por qué no ha obtenido el Premio Nacional de Artes Plásticas.

Entre sus grandes éxitos está haber utilizado una gran parte de sus ganancias como creador artístico para arreglar más de cien casas que estaban a punto de caerse. Si Fuster no ha sido alcalde o delegado de su municipio, es porque no ha querido. La admiración y el respeto que le demuestran los pobladores de Jaimanitas lo hubieran puesto en la misma cima del poder político.

Comenzó pintando cuadros, luego trabajó la cerámica. Es conocido por sus mecenas europeos como ¨El Picasso del Caribe¨, porque pueden verse influencias de Picasso y Jean Dubuffet a través de sus trozos de azulejos, colocados de manera que conformen paisajes, rostros, mensajes, santos de Santería…

Cuando llegó a Jaimanitas, hace treinta años, aunque desde 1966 ya pintaba, vivía en una casita de madera donde llovía más dentro que fuera. Hoy, con sus mismas manos, Fuster la ha convertido en todo un palacio barroco y le ha añadido una marca perdurable a su casa taller, que comienza con un frontón sumamente surtido de su imaginario. Adentro ha aprovechado cada mosaico para erigir su estudio y su vivienda, más dos galerías donde exhibe sus cuadros fundamentales, a la venta de turistas que cada día esperan para entrar y que llegan en ómnibus refrigerados o en viejos autos Chevrolet norteamericanos alquilados, parqueados en fila a lo largo de la calle 3ra y 226.

Su estudio, construido en el segundo piso del inmueble, es un verdadero mirador, donde Fuster contempla toda su obra y según dicen, puede divisar hasta los grandes árboles que rodean y ocultan la residencia del Comandante en Jefe.

Al principio trabajó solo, hoy se ha nucleado de una brigada bajo las órdenes del viejo Olbis, que luego del trazado primario de Fuster, revisten las paredes de las fachadas. Así encontramos perpetuados los nombres de El mexicano, El Chapi, Monono, Julia, la gente más pobre del pueblo. Otros sitios de interés donde se puede apreciar su obra en cerámica son: el Policlínico de Jaimanitas, el vestíbulo del hospital CIMEQ, una sala de estar del Hospital Militar, tiendas de artesanía, paraderos de ómnibus, etc.…

En muchas ocasiones, los pobladores de Jaimanitas se han quedado esperando por Fidel Castro: cuando Fuster inauguró un mural inspirado en el desembarco del Granma, cuando inauguró el de Hugo Chavez, y hace apenas unos días, cuando lo visitaron los cinco espías, liberados de la prisión gracias a Obama.

Todos los allí presentes y sobre todo Fuster y su hijo médico Alex, se quedaron esperando por la llegada del máximo líder.

Patrocinador de actividades culturales y conmemorativas, sobre todo con niños de las escuelas y jóvenes aficionados al baile, el aporte político en la obra de José Fuster ha sido notable.

Nada de esto ha motivado a Fidel Castro, quien sencillamente ha ignorado a Fuster y sobre todo la sensibilidad tan generosa que posee este artista.

¿Será que Fuster ha sido ignorado por haberse convertido en cacique de un pueblo que le pertenecía al Gran Jefe Indio, al único rey de Cuba? ¿El, que procede precisamente de una familia pobre de pescadores en Caibarién, provincia de Villaclara, que a los 14 años alfabetizó en las montañas de la Sierra Maestra, que su obra está presente en los principales museos y galerías del mundo y que su casa es visitada por decenas de extranjeros que a diario quieren conocer a un cubano capaz de darle valor a uno de los pueblos más míseros del país?

Todo no son loas para este hombre tan singular. A qué artista no le ocurre. Hay quienes lo acusan de atiborrar a Jaimanitas con trabajos de mal gusto, de atentar contra las disciplinas de Planificación Física, al construir asientos que obstaculizan el paso de los peatones por las aceras y sobre todo de auto bombo, porque su trabajo pudiera representar una oda u homenaje a sí mismo, al inundar tantos espacios ajenos. Fuster hace oídos sordos. Es mucha su satisfacción, porque ha realizado su sueño más espectacular: proporcionarle color y solidez a las casas más deterioradas de más de cien familias.

En la esquina de 226 y Tercera erigió un muro que dividió en noventa y ocho cuadriculas, donde aparecen las huellas de artistas importantes, o amigos suyos como los pintores Adigio Benítez, Flora Fong, Francis Fushbaer y otros.

Nada de eso ha importado al guerrillero heroico. Ni siquiera una carta escrita en Microsoft Word, ha recibido este artista, mucho más popular que el pintor Kcho y los amaestradores de delfines del Acuario Nacional, que Fidel tanto ha elogiado y visitado.

Fotos Tania Díaz Castro y Frank Correa
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