El dilema del príncipe heredero de Cuba

El dilema del príncipe heredero de Cuba

Nadie preguntó a Díaz-Canel si en verdad quería asumir el reto de llevar adelante a su país

Miguel Díaz-Canel (Foto: Marcelo Álvarez)

SANTA CLARA.- Todos los artículos de opinión política que se escriben dentro y fuera de Cuba daban como posible sucesor del régimen al hasta hoy primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel, pero a nadie se le ocurrió preguntarle si en verdad quería asumir el reto de llevar adelante a su país.

Por su biografía conocemos que desde que integró las filas de la juventud comunista destacó, al punto de llegar a ser el primer secretario del Partido en dos provincias, ministro de Educación Superior y posteriormente asumir el cargo que acaba de dejar, en el cual perdió todo el brillo que poseía de su anterior currículo para convertirse en una figura gris, repetidora de consignas de una lucha antecesora a su nacimiento y fiel y amaestrado discípulo del pensamiento de Raúl Castro.

En conversación sostenida con un experimentado periodista cubano, a quien le daremos el nombre de Manuel para proteger su identidad, le pregunté si veía a Miguel Díaz-Canel como presidente, a lo que respondió que “la práctica de los últimos tiempos señala que donde se hace una sustitución del titular asume el segundo. Además, se habla de relevo generacional y ese es otro indicio a su favor”.

Sin embargo, la certeza que rondaba la opinión pública sobre su presidencia era casi absoluta, ante lo cual Manuel aclaró que “la mayoría lo ve como el presidente sucesor por su trayectoria de estos años, cuando se ha dado a entender que hay una separación entre las funciones políticas y las estatales. Se le ha enviado a representar al país en foros internacionales de alto nivel y se le han encomendado en la nación presidir tareas netamente gubernamentales, como los inicios del curso escolar, por solo citar una”.

De acuerdo con un estudio desarrollado por investigadores de la Universidad de Harvard (Estados Unidos), se ha determinado que ser elegido como jefe de Gobierno reduce la esperanza de vida hasta 2,7 años, y tienen un 23% más de riesgo de muerte.

A pesar de que todos los focos estaban sobre Díaz-Canel y lo ponían en el escenario del cambio en Cuba, él mismo expresaba ante las preguntas de la prensa que no concibe “las rupturas en nuestro país”.

“Creo que ante todo tiene que haber continuidad”, añadió el ahora jefe de Estado.

Este mismo reporte, publicado durante las “elecciones” municipales en Cuba, resalta que aunque en aquel entonces eludió pronunciarse sobre la posibilidad de que sea el próximo dirigente de Cuba, Díaz-Canel aseguró que en el futuro “habrá presidentes siempre defendiendo la Revolución y serán compañeros que saldrán del pueblo, los elegirá el pueblo”.

Por otro lado, durante su primer discurso como presidente, este 19 de abril delante de la Asamblea Nacional y de toda Cuba, subrayó acerca de sus principales objetivos de trabajo: “No vengo a prometer nada, como jamás lo hizo la Revolución en todos estos años. Vengo a cumplir el programa que nos hemos impuesto con los lineamientos del socialismo y la revolución. Aquí no hay espacio para una transición que desconozca o destruya la obra de la revolución. Seguiremos adelante sin miedo y sin retrocesos; sin renunciar a nuestra soberanía, independencia, programas de desarrollo, e independencia”.

Para Manuel, si se pone en una balanza el deseo que pueda tener por asumir la presidencia o si lo tomará como otra orientación del Partido, el asunto se inclina más por la línea partidista. “Por su ejecutoria ha demostrado que lo hará con la segunda opción, pues nunca ha dejado entrever cómo sería el gobierno siguiente; además de que en su trayectoria como dirigente siempre se ha caracterizado por su fidelidad a la organización política”, dijo el veterano periodista.

En un artículo publicado ayer por el diario español El País, el economista Carmelo Mesa-Lago expuso al respecto: “No se sabe bien qué piensa y, por lo demás, si Raúl Castro en diez años no fue capaz de impulsar más las reformas por el contrapeso de los sectores conservadores, no sé cómo podrá hacerlo Díaz-Canel, que no está revestido de su legitimidad histórica y que es muy probable que no tenga el apoyo unánime del Ejercito y del Partido”.

Por otro lado, el destacado comentarista cubano Jorge Gómez Barata, dijo una vez en uno de sus artículos que “el nuevo mandatario, que no será un improvisado, tendrá que forjar su propia capacidad de convocatoria, desarrollar habilidades para formar un equipo eficaz, y lograr consensos, tolerancia para que se asimilen las críticas, adquirir popularidad, y lidiar con diferentes obstáculos, incluido ciertas ráfagas de fuego amigo”.

Hoy, Raúl Castro le ha regalado a Díaz-Canel el país, como obsequio adelantado a su cumpleaños 58, que será este 20 de abril, coincidentemente con el del más consagrado dictador de la humanidad, Adolfo Hitler, quien cumpliría 129 años.

Por otra parte, Raúl en su discurso de despedida ha dicho que no quiere que le regalen nada por su cumpleaños, el venidero 3 de junio, así que el nuevo “señor feudal” no tendrá deudas.

Lo cierto es que se vea el nuevo escenario político como se vea, el futuro de Cuba está en manos de Díaz… digo, de Dios.

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