Así entierran los cubanos a sus muertos

Así entierran los cubanos a sus muertos

“Oye, ¿que en este país no se podrá ni descansar en paz?”

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LA HABANA.- “Cuando oí que en solo 20 días iban a reparar todo el cementerio, me caí pa’tras”, cuenta Adelaida. La semana pasada, en el Noticiero dijeron “que era una inversión millonaria para el cementerio chino y para Colón”, y dice que pasó porque no se lo creía. “Pero qué sorpresa, vaya. Las reparaciones es por alantico y ya”, y cuenta que hay muchos trabajadores en las calles principales, las tumbas que se ven y la capilla del cementerio de Colón.

El fin de las obras está anunciado para el 15 de marzo de este año.

“En el cementerio chino puede que se vea más, al menos uno lo ve pintadito cuando dobla la 27 por allí, pero Colón basta caminarlo un poquito nada más para darse cuenta de que aquello no se resuelve en 20 días”, y puede comparar porque ella coge con frecuencia la guagua que dobla por la avenida 26 donde la muerte da la bienvenida en ideogramas.

La Empresa de Servicios Necrológicos es la encargada de restaurar y reparar los cementerios en todo el país, pero no da información a menos que la autorice el Poder Popular. Por eso nadie pudo proporcionar detalles sobre qué pasará con los mármoles rotos, la cristalería perdida, las estatuas mutiladas, las inscripciones borradas, los panteones en derrumbe parcial o total o las tumbas semiabiertas.

Según la misma Adelaida, su familia tiene un osario y cuando fueron a hacer la última de las exhumaciones de sus fallecidos “por poco me da un ataque”, cuenta. “Todos los huesos estaban revueltos y le dije que me iría cinco minutos para que arreglaran aquello”.

Ella no sabe lo que hicieron a sus espaldas. “Tuve que meterme en la cabeza que eso que estaba allí no eran las personas que tanto había querido en vida, porque si no, me da una cosa”. Supone que los sepultureros, en los cinco minutos que ella les dio, recogieron y guardaron donde cupieron el reguero de huesos que había cuando entró la primera vez.

El panteón de la familia de Ingrid queda justo al lado del de Menocal, el general del Ejército Libertador que fue presidente de la República de Cuba entre 1913 y 1921. Cuando fue a visitarlo para ver en qué condiciones estaba el suyo descubrió que “habían borrado el nombre de Menocal”.

“Tuve la sensación de que estaban borrando un pedazo de historia”, agregó.

Pero el caso de Yosleidys puede que sea el peor de todos. Ella, junto a otros familiares fueron a hacer la exhumación de los restos de cuatro de sus difuntos y les dieron a escoger entre osarios sucios y con nombres inscritos.

Pero no es una situación exclusiva del cementerio de Colón donde todos quisiéramos ser enterrados.

En el Guatao, el mes pasado, a Mercedes se le murió uno de los ocho hermanos que tiene. Ella fue la encargada de los trámites funerarios.

“Para empezar, la funeraria del Guatao la están reparando”, cuenta Mercedes, quien no quiere agregar al dolor de perder a su hermano la presión del hijo que es “comunista”. Por eso se inventa un nombre, “y lo tuvimos que velar en el Centro Comunitario”.

Ese fue el primer dilema con la muerte. El segundo fue a la hora de enterrarlo.

“No había cupo en el cementerio y nos dijeron que debíamos mandarlo para Colón, pero teníamos que esperar hasta el día siguiente porque ya era muy tarde”. Era el segundo día tras uno de velatorio y otro de espera. Al día siguente llamaron a Colón y les dijeron que no había cupo allí tampoco.

Entonces Mercedes sugirió que lo enterraran sin sarcófago, directamente en la tierra.

“¿Y tú sabes lo que me dijeron?”, cuenta Mercedes, que aún no sale del asombro, “que no, porque la tierra es del Estado”, y ahí fue cuando ella, “con dolor y todo”, amenazó con que dejaría a su “muerto” sentado en la puerta del cementerio del Guatao, para que “la mismísima Oyá (deidad de la religión Yoruba) se encargara de resolverlo todo”.

Parece que apelar a la santa hizo que lo enterraran finalmente, sin ataúd. Lo que sí no le resolvió la orisha fue la sensación que quedó en Mercedes, quien siente próxima “la pelona” por sus más de 70 años.

“Oye, ¿que en este país no se podrá ni descansar en paz?”, se pregunta. La respuesta, claro está, nunca la sabremos.

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