Desabastecimiento, desde principios de año

Desabastecimiento, desde principios de año

Agromercados cerrados, tiendas en divisas sin productos y gente sin qué cocinar, es la imagen habitual por estos días

Tarima de un mercado, vacía (foto de Frank Correa)
Tarima de un mercado, vacía (foto de Frank Correa)

LA HABANA, Cuba.- Una fuerte batida de los “inspectores integrales” a los vendedores particulares llamados “carretilleros” ha provocado, desde el 31 de diciembre pasado, una escasez de productos alimenticios que dura hasta hoy, sin que se vislumbre alguna solución al problema. Las imágenes que ilustran este problema, en el caso de la comunidad de Jaimanitas, son desoladoras.

Uno de esos “carretilleros” locales, que no quiso identificarse, contó cómo ha sido su negocio desde el último día de 2015: “Tuve que vender la mercancía el 31 de diciembre escondido en una casa, para recuperar lo invertido. Ahora nadie quiere ir a comprar a ‘El Trigal’ (mercado agropecuario mayorista), porque después que habló Raúl (Castro) todos tienen miedo de perder dinero ante un cambio súbito. Los  inspectores fueron claros en su mensaje: No podemos vender hasta que no se defina el problema de los precios”.

En los últimos días diciembre, tuvo repercusión en la prensa oficialista las reuniones en diversas instancias del gobierno sobre la situación de los precios de los alimentos y el desabastecimiento en los mercados, que golpeó con particular fuerza durante la temporada en que muchos preparan una cena para despedir el año.

Rolando Díaz, trabajador de la Empresa de Comunales encargado de limpiar parques, se quejó porque el  fin de año hubo carne de puerco, pero faltó el aliño tradicional de naranja agria y comino, indispensables para el sabor peculiar del asado cubano, o la yuca con mojo para acompañarlo.

Ahora “no hay una naranja agria en todo Jaimanitas, ni siquiera en polvo que venden las tiendas en divisa. Tampoco hay malanga, plátano, yuca, boniato, ni vegetales, ni frutas”, afirma Rolando.

Luis, vendedor de un agromercado perteneciente a una cooperativa de créditos y servicios, alegó que estaban discutiendo en la Asamblea Nacional cómo fijar los precios. “Raúl está reunido con los ministros a ver cómo queda la cosa”, dijo, tal vez refiriéndose a la sesión ordinaria efectuada en días pasados, cuando  criticó los altos precios de los productos.

Ponce, técnico de electrodomésticos por cuenta propia, aseguró que era verdad que se estaba analizando la situación de los precios y se iban a convertir en universitarios estudiando tanto el problema; que era sencillo: “El estado no tiene transporte para mover los productos del campo hasta las tarimas de los vendedores. Por eso existen los intermediarios y ‘El trigal’, que es el centro de acopio donde se cocina el precio, una cadena donde todos suben más y más para ganarle al producto, y el pueblo es quien se embroma. Hay que pagarlo por las nubes”.

“Yo no sé de qué han sembrado las cantidades de tierras que se informan entregadas, porque mira, esta calabaza que ahora ves en mi mano, antes se daba silvestre en los patios y en los solares yermos; hoy es un tesoro para el que la encuentre”.

La tienda en divisa de Jaimanitas también estaba desbastecida. No hay nada de proteína, solo algunos productos de aseo, refrescos instantáneos, colcha de trapear, ron, cigarros y queso tipo parmesano, que nadie compra debido su alto costo.

“He llamado tres veces a la empresa preguntando por el pollo y dicen que sí, que van a enviarlo, pero ya a esta hora es muy difícil que venga”, comentó la tendera del local ubicado en la calle 232. “La gente anda loca: viene y me ‘descarga’ (protesta) como si yo fuera la culpable.  ¿Qué tengo que ver con eso? No soy la dueña. Si fuera mía tal vez la tienda estuviera llena”.

En los dos agromercados estatales del pueblo la situación ha empeorado tanto, que tuvieron que cerrar por falta de productos.

“Ni croquetas en el Mercomar (cadena estatal de venta de productos con pescado), ni huevos… ¡el colmo de los colmos!”, protestó Odelia Ramos, de 73 años y vecina de la calle Tercera, mientras cortaba unas hojas de cilantro de su jardín para hacer una sopa, la única opción a su alcance.

Donato, criador de puercos en Artemisa, de visita en casa de unos familiares en Jaimanitas, confesó: “De la carne de puerco habrá que olvidarse por un buen tiempo. Todos los que había en La Habana se los comieron el 31, pues no había más nada. Ahora hay que esperar unos meses a que se reproduzca la masa porcina”.

Agromercados cerrados, tarimas vacías, cuentapropistas suspendidos de su comercio, tiendas de divisas sin productos y gente desesperada sin qué cocinar, así es el espectáculo que se extiende por el pueblo, mientras las altas esferas del gobierno deciden el futuro de los precios.

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