De campeones “buenos” y “malos”

De campeones “buenos” y “malos”

Dos deportistas discapacitados nos cuentan sus historias de limitaciones y perseverancia

Leydis Rodríguez Rodríguez (foto tomada de Internet)
Leydis Rodríguez Rodríguez (foto tomada de radiobayamo.icrt.cu)

BAYAMO, Cuba – El denominador común entre dos jóvenes deportistas bayameses es la disciplina escogida y el ser discapacitados físicos. Sin embargo, A Leydis Rodríguez y Luis Perea les separan caminos diferentes en cuanto a resultados obtenidos y atención por parte de las autoridades deportivas locales.

Leidys Rodríguez tiene ahora 31 años y su vida parecía marcada por el infortunio. Con apenas un año de edad, una enfermedad y posterior negligencia médica en el Hospital Clínico Quirúrgico Celia Sánchez Manduley de la ciudad de Manzanillo condujeron a amputarle las piernas, según declara su madre.

En la Cuba de inexistentes oportunidades, la niña y su familia vivieron disímiles vicisitudes: precarias condiciones en el hogar y la nula compensación social. Las regulaciones establecen que contar con familiares directos invalida la ayuda económica de Estado para los discapacitados como Leydis, porque los otros miembros del hogar han de hacerse responsables.

Así fue como Clarisbel Rodríguez y su esposo tuvieron que luchar solos con tres hijas, una de ellas discapacitada. Pero no permitieron que Leydis fuese vista diferente. Por ello, afirma su orgullosa progenitora, “la apoyé siempre” y “nunca desde la lástima”, según dice también Lenia, hermana de Leydis.

Reconocimiento oficial otorgado a Leydis (foto del autor)
Reconocimiento oficial otorgado a Leydis (foto del autor)

Quizá por esa filosofía, Leidys Rodríguez es hoy la Campeona Parapanamericana en levantamiento de pesas y recordista continental en los 77 kilogramos. Se trata de la primera mujer cubana en lograr semejante hazaña.

Hace cuatro años, cuando buscaba en qué emplear su tiempo, la muchacha comenzó a practicar baloncesto antes de encontrar su verdadera pasión deportiva. El entrenador nacional de su actual disciplina, Ramón Martínez (Guaso) –quien devendría además un gran amigo–, afirma: “Vi las cualidades físicas de Leidys desde el principio y también su condición humana”.

A pesar del éxito que viven hoy, Lenia no olvida aquellos días en que tenía que llevarla a la escuela, entre terraplenes y sobre sus hombros. De lunes a viernes, tres kilómetros, sin silla de ruedas.

Pero aquél esfuerzo no fue suficiente. Leidys se vio obligada a abandonar sus estudios secundarios porque las clases eran en un tercer piso y los burócratas de Educación nunca buscaron soluciones para ella. Todo ese tiempo la madre se mantuvo en gestiones con el gobierno, pidiendo ayudas que jamás llegaron.

Ya con 14 años la niña, fue que la Asociación Cubana de Limitados Físicos y Motores (ACLIFIM) le ofreció una silla de ruedas, una casa pequeña y una chequera de 190 pesos (menos de ocho dólares), que muchas veces se ha visto en peligro de ser retirada.

La medalla de oro alcanzada en Toronto, Canadá, es un importante triunfo a la perseverancia de Leydis. Sin embargo su más preciado premio es su hijo, ahora de diez años. Leidys confiesa sentirse muy ilusionada y estimulada para seguir trabajando en pos de nuevos triunfos: “Quiero demostrar al mundo que una discapacidad física no es justificación para dejar de luchar”.

Luis Perea Polo
Luis Perea Polo (foto tomada de ecured.cu)

Una historia bien diferente es la de Luis Perea, también un deportista discapacitado bayamés, cercano a sus 31 años.

Según declaraciones de su madre, a los seis meses de nacido el niño contrajo poliomelitis y las secuelas le atrofiaron la pierna izquierda y su movilidad. Sin embargo, “desde edades tempranas Luis comenzó a interesarse por el deporte”, sigue contando su mamá. “En una ocasión que se encontraba practicando pesas en el combinado deportivo de nuestra comunidad, fue observado por el facilitador que atiende la especialidad para discapacitados. No recuerdo su nombre. Éste señor apreció las condiciones físicas de mi hijo, llegando a la conclusión de que tenía talento para empeños mayores”.

Los frutos no se hacieron esperar. Desde el año 2001, Luis comenzó a cosechar lauros, implantando récords nacionales. Sus resultados le llevaron al equipo Cuba, permitiéndole participar en varios eventos internacionales. Fue medallista en Juegos Parapanamericanos y participante de los Juegos Paralímpicos de Beijing 2008 y Londres 2012. Por estos resultados lo seleccionarion miembro de la ACLIFIM, y la Asamblea Municipal del Poder Popular en la capital granmense lo declaró Hijo Ilustre de la ciudad.

Todo cambió en el año 2014, cuando decidió vender su casa y abandonar ilegalmente el país con parte de su familia. Atrás quedaban su esposa y dos hijos.

Entonces, las autoridades deportivas y gubernamentales quitaron de la fachada del que había sido su hogar la placa de Hijo Ilustre de Bayamo y pretendieron borrar su historia. Y como luego se sucedieran otros eventos desagradables contra la familia que había quedado en Cuba, Luis se vio obligado a regresar, temiendo por los suyos.

El campeón parapanamericano junto a su esposa e hijos (foto del autor)
El campeón parapanamericano junto a su esposa e hijos (foto del autor)

Lo que había dejado cuando salió de Bayamo lo encontró totalmente diferente: “Fue muy desagradable. Nunca olvidaré el momento en que Pastor Vega, presidente de la ACLIFIM en Bayamo, me dijo que yo era una vergüenza para mi tierra. Me expulsaron de la institución y le prohibieron a mis ex compañeros de equipo que visitaran mi casa o me dirigieran la palabra, y a mí me imposibilitaron la práctica del deporte. Me trataron como el peor de los delincuentes”.

“Guaso”, el mismo entrenador de Leydis Rodríguez, cuando se le pregunta sobre la actitud de las autoridades hacia Luis responde que “como deportista es bueno, eso es lo único que estoy autorizado a decir”.

No quedaron muchas alternativas para el pesista. Hoy encuentra paz y sosiego en una iglesia de su barrio, que además le ayuda con alimentos y ropa para su familia. A ellos no se les permite trabajar en nada que tenga que ver con el estado, ni tampoco se les concede licencia para dedicarse al trabajo privado. Viven, literalmente, de la caridad pública.

Al despedirse de este reportero, Luis comenta: “Jamás pensé que me sentiría como extraño en mi propia tierra y que después de todo lo que ofrecí se me tratara como a un traidor. He decidido que ni yo ni mi familia hablaríamos más sobre este tema. Sólo nos trae problemas. Vivimos mi esposa e hijos con temor, por todo lo que hemos pasado, pero rodeados del cariño de vecinos y los amigos más allegados; pensando que todavía hay un futuro y que, más temprano que tarde, éste tocará a mi puerta”.

Ricardo Sánchez Tamayo

Periodista independiente

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