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Lunes, 22 de mayo 2017

Cuba y el islam

Los musulmanes en la isla se enfrentan a los mismos estigmas de sus correligionarios en todo Occidente

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LA HABANA, Cuba.- La falta de información acerca de la comunidad islámica en Cuba ha hecho que muchos comiencen a engendrar sentimientos de islamofobia.

El actual fenómeno existente en Medio Oriente con grupos extremistas como ISIS y sus atentados en Bélgica y Francia han llegado a los cubanos a través de los medios oficiales reafirmando su creencia de que todos los musulmanes son terroristas o cuando menos “una amenaza”.

Adonis, un joven de 20 años, comenta: “De madre. Una vez me topé con uno en la guagua y casi me da una cosa. Estaba vestido con las cosas esas de ellos. Imagínate las guaguas siempre están llenas de gente ¿Y si le daba por reventar todo aquello?”

Aunque hasta el momento no se ha producido ningún incidente con la comunidad islámica, opiniones como estas no son poco comunes. Sobre todo entre los jóvenes acostumbrados a la visualización de seriales norteamericanos donde por lo general las “amenazas a la seguridad nacional” provienen de practicantes del islam.

Recientemente la salida en el paquete de películas sobre los atentados en París y Boston han reforzado este hecho.

Ezequiel, joven de 24 años, comenta: “Mira, esas películas estaban basadas en hechos reales. Si pusieron una bomba en ‘la Yuma’ (en el extranjero), que allí todo está súper sabroso, qué te vas esperar de este país que la cosa esta insoportable”.

Aunque la Liga Islámica de Cuba ha sido reconocida por la Oficina para la Atención a los Asuntos Religiosos del PCC, musulmanes entrevistados para este reportaje coinciden en que se evita que puedan difundir su fe. Además, piensan que el Gobierno prefiere que continúe la desconfianza contra su comunidad.

Más allá de las suspicacias, algunos han decidido separarse de la institución y vivir la fe en la intimidad. Consideran que la Liga Islámica no sirve verdaderamente a los propósitos del islam y, aunque no existen pruebas concluyentes, piensan que la institución es una mascarada del Gobierno.

Yasser, de 50 años, comenta su experiencia: “Me convertí al islam hace diez años con unos estudiantes libaneses de medicina. Antes había trabajado toda mi vida para las FAR. Así que tengo muchos amigos allí adentro y puedo confirmarte que la Liga Islámica de Cuba es un invento del Gobierno. Al principio no les importaba porque éramos muy pocos los cubanos que nos convertíamos, pero cuando la cosa empezó a crecer tenían que controlarla, como se hace aquí con todo. El presidente de la Liga Islámica es un coronel retirado. ¿A ti te parece casual?”

Aunque el 17 de junio de 2015 se inauguró la Mezquita Abdallah, la instalación permanece ligada al Gobierno mediante la Oficina del Historiador que, entre otras proscripciones, evita que se tomen fotos al interior de la mezquita.

Hasta hace algunos meses era imposible entrar al portal y un custodio ubicado en la puerta cuidaba que la disposición se cumpliera. La situación creaba algunos recelos entre la población.

Jorge Luis comenta: “El custodio me dijo que era solo para musulmanes. Me dieron ganas de decirle que era que tenía ganas de hablar con Dios. A ver que me respondía”.

Pero desde inicios de este año se ha permitido que los visitantes lleguen a este lugar mientras la sala de rezos está cerrada. En la recepción se han colocado algunos murales con información sobre el islam, aunque aquellos que deseen indagar son remitidos al Centro Islámico Boliviano por las misivas.

Tampoco ha provocado buena impresión uno de los acápites que se puede leer en una circular, que señala que el agente de seguridad de la mezquita es también responsable de “que nadie se siente… ni enfrente, en la acera del Museo”, lo cual es visto como una apropiación de espacio público.

Aunque algunos musulmanes entrevistados aseguran que existe un centro de información en la mezquita se hace imposible localizar a sus empleados.

Otro de los motivos por los cuales algunos musulmanes han decidido alejarse de sus comunidades es la entrada masiva de lo que llaman “jineteros”.

“Al principio la gente que entraba lo hacía por fe. Si quieres saber del islam tienes que hablar con algún hermano que tenga por lo menos 7 años de converso. Porque en los últimos tiempos se ha ido llenando de jineteros. Uno de los pilares del islam es ayudar al hermano que no tiene, pero la gente se está dedicando a pedir cosas. A un hermano yemenita le pidieron 200 CUC para montar una panadería y al final lo estafaron. Muchas mujeres entraron para casarse con alguien que las sacara del país. Una porquería. Por eso yo prefiero rezar solo en mi casa”, comenta Rafael, convertido al islam hace nueve años.

Por su parte Humberto, musulmán desde hace cuatro años, dice: “No son los mismos recursos los que tú tienes en Cuba y los que tiene un hermano en el extranjero. A mí muchos hermanos me han ayudado con hasta 50 CUC para alimentar a mi familia. Me han dado ropa, cosas. Algunos piden, es verdad; es necesidad, no que estén jineteando a nadie. Mira con la comida: tenemos algunas cosas que se supone que no comamos pero son las únicas que hay, como el puerco. En público uno dice que no lo hace pero en tu casa tienes que hacerlo porque no te puedes morir de hambre. Sé que Alá todo lo ve y es misericordioso. Él entiende”.

(Foto: Ernesto Carralero)

Damián, converso al islam desde 2014, dice: “La comida es difícil. Hace poco sacaron unos paquetes de pollo sacrificados correctamente en la tienda pero costaban 3 CUC el paquete. Si un hermano no me hubiera ayudado no podría haberlo comprado”.

Aunque los musulmanes cubanos padecen los mismos problemas que la población, esto no impide que frecuentemente sufran expresiones de odio en las calles.

Humberto comenta: “Cómo no. En más de una ocasión me han gritado ‘terrorista’, ‘talibán’, pero yo sigo caminando. El problema es que la gente no sabe del verdadero islam, que es entrega a Dios”.

Damián dice: “Más de una vez me han gritado que me vaya para Siria, que soy un terrorista, o me gritan preguntándome donde dejé las cabras. A mí no me importa, pero un hermano incluso se afeitó la barba para no llamar tanto la atención”.

Otras reacciones ahondan un poco más.

“En la Feria del Libro de 2015 me regalaron un Corán en el stand de Arabia Saudita. Recuerdo que una mujer estaba haciéndome unos tatuajes de henna. Era una de sus atracciones. Quería preguntarle sobre la vida de las mujeres musulmanas, pero no había manera de que me mirara. Cada vez que le hacía una pregunta escondía la cabeza y uno de los hombres venía a hablarme”, dice una joven llamada Sara que no es musulmana.

“Yo nunca he soportado a la Seguridad del Estado pero espero que los tengan infiltrados hasta la coronilla. A eso es a lo que se tienen que dedicar, a controlar a ese tipo de personas”, opina en tanto Luis Miguel, un cubano que no oculta su recelo hacia la comunidad islámica.

No obstante, no todos miran negativamente la presencia de los musulmanes.

“Estoy viendo una serie que se llama Inculpado. Al chiquito lo meten preso porque asesinan a la novia y él es musulmán. Es lo mismo que pasa cuando tienes prejuicios con la gente. Los juzgas porque sí, sin conocerlos realmente”, opina Marian, una joven de 16 años.

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