La desconfianza de los gobernados

La desconfianza de los gobernados

Para vencer la epidemia sin daños mayores, el régimen tiene un reto: convencer al pueblo gobernado para que confíe otra vez en el poder que lo mantiene en desgracia

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Un cartel en La Habana muestra a Raúl Castro (Foto: Reuters)

LA HABANA, Cuba. – El régimen cubano entró en la crisis sanitaria por el nuevo coronavirus con el índice más bajo de credibilidad nacional, mientras intenta legitimar la continuidad del castrismo con la designación de dirigentes impopulares.

En el otro bando, las redes sociales se han mantenido liderando con fuerza la vida de una sociedad que acaba de descubrir las ventajas informativas de Internet.

En pocos años las redes develaron a los cubanos que la incapacidad del modelo social y sus dirigentes son los responsables del desalentador panorama nacional, y no el embargo comercial de los EE. UU. contra el Gobierno cubano, como aseguran las autoridades de la Isla.

En el actual contexto la generalidad de los cubanos considera que la acumulación de poder y los beneficios económicos son las principales causas que mantienen al país en la pobreza y sin señales de recuperación.

Continuidad de los métodos

Cuando en Cuba el poder respondía con represión a la crisis de confianza popular, la pandemia de COVID-19 invadió al mundo. Cuando alcanzó la Isla, fue convertida en una “nueva batalla de la Revolución”. Incluso la prensa oficial llegó a asegurar que en medio de la crisis sanitaria mundial “solo el socialismo salva”.

Sin embargo, el método populista del castrismo para unir a los gobernados en una batalla contra la desgracia no está funcionando. En esta ocasión a los cubanos no les basta con el discurso de voluntad política para vencer. Ahora el riesgo es otro, y extender el crédito al régimen sería poner la propia vida en las manos de una administración con un extenso récord de fracasos.

Así, la desconfianza popular crece, mientras las cifras de infectados por el nuevo coronavirus ascienden. A pesar de que los medios oficiales presumen de mantener el control sobre la epidemia ―decretada la víspera en fase de “transmisión autóctono limitada”―, las opiniones que se escuchan en la calle sobre el avance del virus están basadas en informaciones de las redes sociales, mucho más que en los medios de propaganda del régimen.

“Cuba es el único país donde se suman 30 casos al día; hay comunidades aisladas y dicen que está controlado el virus”, escuché decir en la cola para comprar pan a un hombre de 30 años. Tanto él como el resto de las personas reunidas en las afueras de una panadería habanera, hablaban de lo que leyeron en internet.

El Gobierno, por su parte cataloga a esta nueva matriz de opiniones formada a partir de las redes como “desinformación”. Incluso el gobernante Miguel Díaz-Canel instó a vacunarse contra la “neurosis que pueden generar las falsas noticias que están circulando en las redes”.

Teoría de la continuidad

En el contexto actual es difícil convencer al pueblo sobre el carácter benefactor de la Revolución-Estado. Las supuestas virtudes del régimen de la Isla exaltadas por los medios oficiales las contrastan los propios cubanos en su experiencia cotidiana.

En la propaganda política oficial el diseño de atención primaria de la salud es efectivo, el sistema de atención al adulto mayor está garantizado por los trabajadores sociales, y existen todas las condiciones hospitalarias para los pacientes infectados o sospechosos de haber contraído el nuevo coronavirus.

“Aquí no ha venido ningún trabajador social”, me comenta Rogelio Reyes, de 79 años, quien vive solo y padece de una ceguera avanzada que le impide salir a la calle sin auxilio.

Cuba es un país envejecido, con una población de personas mayores de 65 años que sobrepasa los 2 millones de habitantes. Según las autoridades de Salud, el 15 por ciento de los adultos mayores viven solos, lo que exige un reforzamiento de la atención social durante la crisis epidémica.

El Gobierno también anunció un plan de visitas, casa por casa, para asistir a los adultos mayores en la búsqueda de alimentos y la vigilancia de la salud.

“Los médicos sí vienen casi todos los días al edificio; preguntan si la gente tiene síntomas, fiebre, nada más”, añadió el anciano que sobrevive con la ayuda de los vecinos.

En opinión de la generalidad de los médicos cubanos, el diseño de atención primaria de la salud es efectivo, pero en la práctica funciona como los planes económicos, que solo ayudan a prorrogar la crisis del país.

El coronavirus entró a Cuba en el peor momento. Algunos acontecimientos recientes sugieren que la crisis de credibilidad del Gobierno empeora el panorama sanitario actual.

Las autoridades catalogan como “indisciplina” la actitud de un grupo de personas contagiadas con el nuevo coronavirus en la Isla de la Juventud, que no acudió por ayuda al sistema de salud; o como “campaña tendenciosa” la negativa en de una comunidad habanera de medicarse con el producto homeopático Prevengho-Vir, un supuesto “medicamento” preventivo suministrado por el sistema de salud.

Para vencer la epidemia sin daños mayores el régimen tiene un reto: convencer al pueblo gobernado para que confíe otra vez en el poder que lo mantiene en desgracia. El régimen, por su parte, podría comenzar pidiendo perdón por traicionar la confianza del pueblo.

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Acerca del Autor

Augusto César San Martín

Augusto César San Martín

Augusto Cesar San Martin. Nació el 20 de abril de 1967 en Ciudad de La Habana. Fue captado por el Ministerio del Interior y estudió Ciencias Penales en el Instituto Hermanos Martínez, en el que se graduó. Por discrepancias con los militares, pidió la baja permanente de ese organismo, solicitud que le fue denegada durante un año. En ese tiempo estableció contacto con los opositores pacíficos y fue encarcelado en 1994. Lo declararon preso de conciencia en 1996, y a su salida de la cárcel colaboró con la agencia Cuba Press de 1997 a 1999. En el año 2006 fundó el Centro de Información José Lezama Lima.

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