Crece el “síndrome” de la unificación monetaria

Crece el “síndrome” de la unificación monetaria

Ante el miedo generalizado, el precio del dólar se dispara en el mercado ilegal

(Foto: Pedro M. González)

SANTA CLARA.- Desde que el pasado 24 de febrero circuló un artículo acerca del misterio en torno al próximo lunes negro de la dualidad monetaria, escrito por el profesor y economista Juan Triana (“CUP, CUC, convertidores y moneda total”), comenzó a estrellarse en el firmamento el dólar estadounidense, ese caro enemigo, y a subir hasta estratosféricos puntos cual si fuera un cohete, volviéndose arduo encontrar vendedores con fiables suministros transnacionales.

El artículo fue reproducido en el boletín digital “Desde La Ceiba” #331, dedicado entre otras angustias economicistas a los valores cambiarios que deberá lucir el moribundo CUC en su despedida.

A no olvidar que el billete falso está que juega al palo y hace olas. Y no tenemos un índice Dow-Jones ni un carajo.

El anuncio de que este año sería el fin del malvado y antipopular “cuco”, mantiene a todo el mundo (incluso el global) en vilo y cloqueando —por muy enjuto que se sabe el bolsillo medio insular—, pero a macetas y especuladores más.

Los viajantes-revendedores (mulas) del cambalache material ilícito, y los traficantes peritos en divisas negados a hacer concesiones de bagatela, andan alebrestados con que las sucursales de CADECA no posean suficiente “dinero cubano” (léase CUP) para afrontarlo, y remiten al cambio diario hasta que el buchito de pesos les desbanca.

Los apostadores también amasan su pan, viendo como engrosan listas en moneda nacional, que al final será la gran sobreviviente a la hecatombe.

Colas habituales en aquellas oficinas han aumentado vertiginosamente, dado el rumor que una devaluación traumática es inminente, convirtiendo la inflable bolsa en paulatina bola del “comercio”, que Triana tilda de “informal”.

Frente a la alternativa de un cierre brusco de cuentas bifrontes —que se intuye sea consecuencia del comentario extendido de que antes del (o quizá el mismo) 19 de abril el General dará el trastazo efectista pulverizando la obra cumbre del consanguíneo antes de irse, e incendiará la pista al sucesor que cargará con los problemas derivados de esta política segregacionista (implementada por el axiomático en 1994), y que trajo aparejado el descuarejingamiento ideológico de todos los correctos y los no tanto que desconfiaron de la anhelada recuperación del status individual ni colectivo— el cubano se apresta a aventar lo que esconda.

Esta semana talabarteros y zapateros de Camajuaní, lideraron el despegue del caos al ofrecer cambiar 10 mil cucos en este municipio en un día.

Los lúcidos propietarios de negocios cuentapropistas y diligentes braceros de las FAR, con cuentas de banco de varias cifras por no tener colchón donde ponerlo, andan enfebrecidos ofreciendo esta semana post-elecciones un plus de 10 centavos por encima de la unidad alcanzada el domingo 13, ante la escasez de billetes de a cien.

Se desesperan por denominaciones altas, dada la facilidad con que las sacan del país para sus viajes capitales, y aunque tengan que exprimir en estos periodos de incertidumbre las ganancias pírricas (o colosales) que pudieron embolsarse, no vacilan en pagar la ficticia hinchazón de una moneda realmente dura, durísima, pero que el Estado paga todavía a 0,87 tras gravarla, y que desde comienzos de año transitó de 0,92 a 0,99 (7%) en la maraña callejera que ayer sobrepasaba históricos límites.

El citado economista, haciendo malabares prestidigitadores, fija una presunta tasa de cambio poblacional de 15 pesos por CUC aplicable en cualquier momento, y abunda en media docena de otras que deben usarse para balancear contabilidades dispares en sectores empresariales donde priman la inversión extranjera y el capital milico.

Lo que no dice Pepe es cuánto dinero se le permitirá sustituir a cada tenedor ni de cuánto tiempo dispondrá para ello, si se trae a colación que entre el 6 y 7 de agosto de 1961, el nada imberbe gobierno revolú canjeó su flujo liquidatario para invalidar las fugas anteriores al exilio, y sólo admitió en caja 200 por persona.

Tampoco aclara cual será el índice para convertir cuentas de ahorro activas y trasferencias pendientes del extranjero, como es el caso de la fabulosa Western Union, que diariamente tributa millones en verdes dólares al presupuesto, pero los devalúa devolviéndolos en otro papel.

Prueba inexorable de que la hora cero va, es que los cajeros automáticos dejaron de ofrecer billetes nuevos y ahora suelen atascarse en el conteo y la entrega de los demasiado usados, pues solo los originales fueron reimpresos.

El hecho adicional de que ningún natural cubano podrá invertir un peso en su patria —para garantizarle superioridad solventísima a quienes la rigen— contrasta con la gritería del castrato ante la falta de confianza que los foráneos demuestran antes de arreglar pactos y convenios mutuos.

La prohibición de recibir físicamente moneda realmente convertible que no sea el invento nacional en cuentas corrientes con aportes del exterior, más la ridícula limitación de cantidades declarables en fronteras, es otra coartada para la normal circulación que debería tener cualquier tipo de divisa que el pueblo desease atesorar.

Porque a pocos en semejantes contiendas se ha robado, sino ha sido el ladrón el propio Estado.

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