Carpentier y la complicidad del silencio

Carpentier y la complicidad del silencio

Jamás levantó su voz para hacer la más leve de las críticas a los desafueros del régimen comunista, muchísimos más crueles y reiterados que los del gobierno de Alfredo Zayas

(foto tomada de Internet)
Alejo Carpentier y Fidel Castro (foto tomada de Internet)

GUANTÁNAMO, Cuba. -Hoy 24 de abril del 2015 se cumplen 35 años de la muerte de Alejo Carpentier. Nacido en La Habana el 26 de diciembre de 1904, comenzó a escribir desde los doce años y desde entonces tuvo la certeza de que sería escritor.

Su madre lo inició en la música, un arte que continuaría acompañándolo toda su vida. ¨La música en Cuba¨, publicado originalmente en México en 1946, está considerado un texto clásico dentro de los estudios musicológicos cubanos.

Desde que abandonó la carrera de Arquitectura en 1921, trabajó en el periódico ¨La discusión¨ y poco después colaboró en ¨Chic¨, ¨El heraldo de Cuba¨ y ¨Social¨. En 1923 fue jefe de redacción de ¨Hispania¨ y en 1924 de la importante revista ¨Carteles¨.

Participó en la histórica ¨Protesta de los Trece¨, liderada por Rubén Martínez Villena   contra los desafueros del gobierno de Alfredo Zayas. Posteriormente se integró al Grupo Minorista, formado por jóvenes intelectuales de izquierda que se pronunciaron a favor de la autonomía universitaria y la renovación del arte, la sociedad, la política y contra el hegemonismo norteamericano y las dictaduras unipersonales.

En 1927 fundó la Revista de Avance junto con otros intelectuales y poco después fue enviado a la cárcel acusado de comunista. En prisión escribió la primera versión de “¡Ecue Yamba O!”, inspirada en la corriente negrista que permeó durante los años veinte y treinta del pasado siglo a la literatura y la música cubana.

Poco después de salir de la cárcel obtuvo la ayuda del intelectual Robert Desnos, quien le facilitó sus documentos para que saliera ilegalmente del país y se estableciera en París, lo cual logró gracias al gran poeta cubano Mariano Brull, entonces funcionario de la embajada cubana en Francia.

París era entonces una ciudad que había acogido a sucesivas oleadas de refugiados, desde los rusos escapados de las purgas sangrientas de Stalin, hasta los cada vez más numerosos alemanes que huían de Hítler, a quienes muy pronto se unirían los procedentes de la guerra civil española. Era la urbe donde muchos intelectuales que luego obtuvieron renombre internacional vivían pobres, pero felices, como escribió Ernest Hemingway en su libro “París era una fiesta”. En ella Carpentier conoció a André Breton, Louis Aragón, Tristan Tzara, Paul Eluard, George Sadoul y Pablo Picasso y desarrolló una fecunda labor en la radio junto con Antonin Artaud, Robert Desnos y Jean Louis Barrault.

En 1934 viajó a Madrid y publicó su novela “¡Ecue Yamba O!”. Allí conoció a Lorca, a Alberti y a Pedro Salinas y participó en el II Congreso por la Defensa de la Cultura realizado en Madrid y Valencia en 1937. Dos años después regresó a Cuba, donde permaneció hasta 1944, cuando realizó su visita a Haití, la cual, junto con la que haría entre 1947 y 1948 por la Gran Sabana venezolana, el Alto Orinoco y la selva amazónica tendría una repercusión trascendente para su consolidación como novelista.

Su tesis de lo real maravilloso se centra en la develación de las maravillas existentes en los ritos, folclor, geografía e historia del continente americano, tal y como plasmaría en el prólogo de su novela “El reino de este mundo”, la cual lo lanzó a la fama literaria. A dicha novela seguirían “El acoso”, “Los pasos perdidos”, “El siglo de las luces”, sus ensayos agrupados en “Tientos y diferencias”, y las novelas “El recurso del método”, “El arpa y la sombra” y “La consagración de la primavera”.

Considerado uno de los grandes narradores del siglo XX, en 1975 recibió los premios “Cino del Duca” y “Alfonso Reyes” y en 1979 el Premio Cervantes. Estuvo varias veces entre los nominados al Premio Nobel de Literatura.

La complicidad del silencio

Cuando triunfó la revolución cubana en 1959, Carpentier regresó a la Isla desde Venezuela y ocupó importantes cargos, entre ellos el de vicepresidente del Consejo Nacional de Cultura, vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y presidente de la Editora Nacional de Cuba entre 1963 y 1968, año en que fue designado consejero cultural de la embajada cubana en Francia, labor que desempeñó hasta su muerte.

El 26 de diciembre de 1974 recibió el homenaje del Comité Central del Partido Comunista de Cuba en ocasión del septuagésimo aniversario de su natalicio. Fue el reconocimiento de la nomenclatura a un intelectual que jamás levantó su voz para hacer la más leve de las críticas a los desafueros del régimen comunista, muchísimo más crueles y reiterados que los del gobierno de Alfredo Zayas.

Porque Carpentier no dijo nada contra los juicios expeditos, carentes de credibilidad y respeto a elementales garantías jurídicas, extendidos hasta hoy, ni contra su corolario de fusilamientos y condenas excesivas; ni contra el sistema de partido único que eliminó la autonomía universitaria y estableció otra dictadura. También calló ante las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), ante lo que le hicieron a Heberto Padilla y ante los acuerdos del Primer Congreso de Educación y Cultura y las medidas discriminatorias posteriormente adoptadas.

Su actitud después de 1959 no fue congruente con los valores que defendió desde su condición de miembro del Grupo Minorista. Por eso ha quedado para nuestra historia como un gran escritor que optó por la complicidad del silencio.

Nota: Para la redacción de este artículo hemos tomado información de las siguientes obras:
-Diccionario de la Literatura Cubana, Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, Editorial Letras Cubanas, 1980.
-Genio y Figura de Ernesto Sábato, de María Angélica Correa, Impresiones Rubén Russo S.R.L.1973, ciudad y editorial desconocidas.
-París era una fiesta, de Ernest Hemingway, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1988.
[fbcomments]