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Martes, 28 de febrero 2017

Bloqueo castrista, más que embargo estadounidense

“¿Y ahora por qué ley va a paralizar mi construcción?”

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Butaca junto a estiba de cemento paralizado: el trono y los súbditos del director de Planificación Física en Las Tunas (Foto: Alberto Méndez)

LAS TUNAS, Cuba.- La orden con que el presidente Kennedy impuso el embargo económico, comercial y financiero al gobierno del difunto Fidel Castro cumplió 55 años el pasado viernes. Fue, según los castristas, para “fomentar el descontento popular”.

Cabe preguntarse: ¿Funcionarios a las órdenes del general de división Samuel Rodiles Planas, presidente del Instituto de Planificación Física de Cuba, también están dedicados a “fomentar el descontento popular” a cuenta de leyes estadounidenses?

“No tengo nada contra ustedes, simplemente estoy haciendo mi trabajo”, dijo Yaquelín, jefa de Inspección de la Dirección Municipal de Planificación Física en Puerto Padre, haciéndome preguntar: “¿Quién me cierra las puertas, el embargo estadounidense o el bloqueo del militarismo castrista?

Esta jefa no se llama Jaqueline, como la esposa de Kennedy, sino Yaquelín, como las de la generación Y.

Eso ocurrió el lunes 17 de octubre de 2016. Y la jefa de inspectores se había marchado sin contestar la pregunta de mi mujer: “¿Por qué no podemos construir?”

Aunque nuestra construcción está amparada con la debida Licencia de Obra, la jefa de Inspección había ordenado al inspector acompañante: “Paraliza la construcción”.

Y todavía hoy mi mujer, mi hijo y yo nos preguntamos: “Si poseemos Licencia de Obra desde 1981 para construir nuestra casa en terreno particular, inscripto en el Registro de la Propiedad desde 1917, y poseemos los materiales adquiridos legalmente, ¿por qué no podemos construir?”

En la prohibición de construir nuestra casa no constan leyes ni artículos de decretos-leyes infringidos. En los renglones destinados a las violaciones sólo aparecen rayas llenando espacios vacíos.

Pero esta no era mera decisión arbitraria de la jefa de Inspección municipal. Setenta y tres días después de paralizada la construcción, al mediodía del 29 de diciembre, una comitiva de 10 o 12 personas llegó intempestivamente a bordo de automóviles a nuestra casa, haciéndome decir:  “Con tanta gente aquí, o tendremos una fiesta o un velorio, ¿no?”

Con semblantes fúnebres, mis inesperados visitantes se acomodaron junto a una estiba de unos cuarenta sacos de cemento apilados en el recibidor, adquiridos en las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) al precio de 6,60 CUC cada uno.

“¿Ante quién estoy?”, pregunté a quién supuse jefe de la comitiva.

“Soy el director provincial de Planificación Física”, dijo Norge Rojas Cruz.

“¿A qué honor debo tan encumbrada y numerosa visita?”, dije.

“Queremos ver los documentos de la construcción”, dijo el director.

El director hojeó mis documentos como un ciego ojea con su bastón, luego pasó los papeles a su comitiva. Mientras la comitiva escarbaba en mi Licencia de Obra, como escarbaría una gallina clueca procurándose un nido, dije al director: “Venga conmigo”.

Sentándose en la mecedora que fue de mi padre, junto a mis libros, el director dijo, “tiene buena biblioteca”. Apenas comenzaba mi alegato cuando alguien de la comitiva vino y en voz baja dijo algo al director y luego el director me dice:

“Su licencia es como si un médico recetara medicamentos sin método. ¿Cuándo usted comenzó la segunda planta?”.

“¿Que cuándo comencé la segunda planta…? ¡Por supuesto, en 1981, con la cimentación! O, usted cree que fue ahora, con las paredes de ladrillos que doy inicio arriba… ¿Cuál es su profesión?”, pregunté al director.

“Soy ingeniero agropecuario”, dijo el director provincial de Planificación Física en Las Tunas. Enseguida comprendo que entienda una Licencia de Obra sólo descrita en los planos como un medicamento sin método.

“Usted, el director provincial, es ingeniero agropecuario; la directora municipal, sólo es técnico medio; y el presidente del Instituto Nacional de Planificación Física de Cuba, es un general retirado del ejército con 85 años de edad”, respondí.

“Por esa razón pedí a la directora municipal de Planificación Física la presencia de arquitectos; para que comprobaran en qué fase constructiva se encuentra esta casa, y su correspondencia con lo descrito en los planos”, dijo él.

“Y ya los arquitectos y los funcionarios de Trámites del municipio dictaminaron a mi favor, incluso, en voto colegiado con funcionarios de la provincia. Ya la jefa de Tramites me notificó: ‘Usted tiene razón, su Licencia de Obra lo autoriza a construir esas habitaciones en la planta alta de su casa’”.

“Pero usted, director, no acepta el trabajo de sus propios funcionarios y arquitectos, sabe por qué, porque la paralización de la construcción de mi casa no es obra de Planificación Física, sino de gente que está detrás de ustedes, pero que no dan la cara”, dije al director, y el director me respondió: “Para eso estamos nosotros”.

“Paraliza la obra y ocúpales los documentos”, dijo el director provincial a Yaquelín, la jefa de inspección municipal.

“¿Por qué artículo lo paralizo?”, preguntó la jefa de Inspección municipal al director. “Por el Decreto-Ley 272, artículo 4.1.2 inciso C”, ordenó el jefe de Inspección provincial, junto al director.

“¿Usted prefiere que ocupe los documentos o los fotocopie?”, pregunta la jefa de inspección municipal.

“No se trata de preferencia: Planificación Física no puede ocuparme documentos porque hasta este instante no me han notificado ninguna violación. Fotocopie lo que quiera, de ocupar, nada”, digo.

El director provincial y su comitiva abordaron sus automóviles y se marcharon. En la dirección municipal de Planificación Física, Camilo, un joven informático, fotocopia uno tras otro mi profuso legajo de documentos. Concluida la tarea pregunto a Yaquelín:

“¿Y ahora por qué ley va a paralizar mi construcción?”

“Ya usted escuchó al director provincial, por el Decreto-Ley 272, artículo 4.1.2 inciso C”.

Miro sonriendo a la jefa de Inspección diciendo: “Usted sabe que eso es ilegal. Usted no me puede aplicar ese Decreto-Ley porque yo no lo he violado.”

“Usted tiene razón, yo no puedo aplicarle ese Decreto-Ley”, dijo la jefa de Inspección. Y va y llama por teléfono al director provincial de Planificación Física, y luego regresa diciendo: “Yo no voy a paralizar la construcción de su casa”.

Y parecería que no había mala fe, sino un mal entendido, si el pasado 12 de enero Anabel Domínguez Aguilera, directora municipal de Planificación Física, no me hubiera notificado: “Paralización de la obra inicialmente impuesta desde el 17 de octubre de 2016.”

Y dirá el lector: Ahora sí le notificaron la ley que usted ha violado. Pero se engaña quien así piense, porque luego de 109 días de paralización hasta el día de hoy, nadie ha podido decir que está paralizada esta obra por violación de tal o más cual ley.

En Cuba, un país donde el cemento falta, en nuestra casa hay una estiba de sacos de cementos ya endurecidos como piedras, echados a perder.

Y en Cuba, donde personas con casas destruidas por los ciclones exigen respuesta a las autoridades, las autoridades no van donde esas personas porque, más que de recursos, hablando de “socialismo humano” carecen de moral para llegar en sus automóviles adonde esas personas sin techo.

El director provincial de Planificación Física en Las Tunas, y sólo citando un ejemplo, no va donde Pascual Cruz, a quien en 2008, a su paso por el municipio de Puerto Padre, el ciclón Ike derrumbó su casa, dejando a una familia de cinco personas sin techo.

Haciendo de mal policía, sin poder esgrimir una infracción de ley, el director provincial de Planificación Física con su consejo de dirección vino a mi casa, a paralizar una construcción, donde sí hay materiales para construir, por lo que a 55 años del embargo de Estados Unidos a Cuba, cabe preguntarse: ¿Qué sufren más los cubanos, el bloqueo castrista o el embargo de Estados Unidos?

Acerca del Autor

Alberto Méndez Castelló
Alberto Méndez Castelló

Alberto Méndez Castelló (Puerto Padre, Oriente, Cuba 1956) Licenciado en Derecho y en Ciencias penales, graduado de nivel superior en Dirección Operativa. Aunque oficial del Ministerio del Interior desde muy joven, incongruencias profesionales con su pensamiento ético le hicieron abandonar por decisión propia esa institución en 1989 para dedicarse a la agricultura, la literatura y el periodismo. Nominado al Premio de Novela “Plaza Mayor 2003” en San Juan Puerto Rico, y al Internacional de Cuentos “ Max Aub 2006” en Valencia, España. Su novela "Bucaneros" puede encontrarse en Amazon.

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