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| Marzo 19, 2007
Nefasto, François Villon y los gorgojosos Víctor Manuel Domínguez,
Sindical Press LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Si un poeta
francés pillo y jodedor como François Villon murió de sed
junto a la fuente sin pronunciar ni un ¡ay!, ¿cómo es posible
que un manguero cubano diestro en desastres y añoranzas exija perentorio
un vasito de agua para subsistir? ¿A dónde iremos a parar
si ante la más mínima señal de contratiempo, demora o abandono
pegamos los gritos en el cielo y acusamos de indolentes a los ejecutores de una
revolución hecha para los de abajo desde arriba? Eso de que un
ciudadano cubano exprese públicamente su sed de agua y de justicia en nombre
de una comunidad de sólo 800 habitantes, constituye un acto desleal, una
pedrada en medio de las ruinosas preocupaciones de un estado que tanto lucha por
elevar el nivel de la cuota de desgracias asignadas a cada elemento natural del
país. Si digo esto es porque, de acuerdo con la historia de Rafael
Pino González, vecino de la localidad rural El Mango, en el municipio Río
Cauto, en esa comunidad ribereña sólo reciben agua tres o cuatro
veces al año. Y es ahí donde me río y me pregunto:
¿No están vivos? ¿Acaso alguien murió de sed junto
al río más caudaloso de la Isla? ¿Se han puesto a pensar
si la sequía institucionalizada tiene algo que ver con la guerra de todo
el pueblo, y quieren dotarlos de la resistencia de los gorgojos o los dromedarios?
Estos, siendo insectos y animales, jamás se han quejado a las autoridades
del país por pasarse días y hasta meses sin ingerir un sorbito de
agua. Nunca cuestionaron por qué corriendo un río por su lado perdieron
el derecho a beber agua sin perjuicio para la salud. Sin embargo, lo que
más me duele es que, a sabiendas de que desde hace dos años se construye
una planta potabilizadora en Guamo Viejo, a sólo 11 kilómetros del
desierto El Mango, el sediento Pino exprese airado, y ya fuera de sí:
-¡Pero las personas no beben planta en ejecución, sino agua!
Y eso lo comprendemos, Pino, pero las personas tampoco comen picadillo de
cáscara de plátano, pizzas de queso con preservativo derretido,
bistec de toronja o fricasé de aguacate. Ni tampoco se visten con pantalones
de saco teñidos con pintura, lavan con arena en vez de jabón, y
mucho menos sustituyen un vaso de leche por un cocimiento de anís, o fríen
con expectorante para la tos. Y eso todos lo hicimos, y no dudo que alguien aún
lo haga. Aquí la cuestión es estar vivos y dejar esos asuntos
de derechos e injusticias para los oprimidos que viven fuera de nuestras fronteras.
Nosotros no. Nosotros debemos cumplir el guión al pie de la letra y
convertirnos en gorgojos y dromedarios si es por el bien y el prestigio de la
patria y el socialismo. ¿O es que acaso usted olvida que millones
de habitantes a nivel mundial viven sin agua potable y no se quejan? Además,
debe conocer que las aguas del río Cauto están altamente salinizadas
por causa de la deforestación y el bloqueo norteamericano. Que su indócil
corriente fue calmada con diazepán y se envió a vivificar riachuelos
en naciones hermanas desaguadas, y los peces y las plantas que lo habitan son
vendidos a países enemigos para que, si no mueren de la indigestión,
al menos nos paguen y podamos invertir en la corporación S.A. Los Portales,
que vende 150 ml. de agua nacional purificada al módico precio de 24 pesos,
siempre que los convierta en un dólar o en un euro y centavos. Así
que no se me ahogue por la sed de agua y de justicia. Pida un crédito en
un banco popular de ahorro, equivalente a todo el salario que devengará
en su vida laboral, e inviértalo en agua purificada de Los Portales, como
la única fórmula para no deshidratarse. También le
pido que no se haga eco de las maledicencias sobre la construcción de la
planta potabilizadora de Guamo Viejo, pues si espera por ella, entonces sí
morirá de sed junto a la fuente. Pero como todo en la vida tiene
solución, no se desespere por esa bobería de que el agua le llegue
cada tres o cuatro meses, y si Gregorio Samsa se convirtió en un bicho,
usted debe transformarse en un gorgojo con alma de dromedario, o viceversa.
De no aceptar mi propuesta, escuche mi consejo sobre lo que ocurrirá:
Silencio. Nadie a mi sed responde. Mis labios se resecan y el agua se esconde. ¿A
quién decir lo que mi pecho siente? A ti, Pino González,
sediento y triste, Lejana alfombra que por fin supiese Lo que es vivir con
sed junto a la fuente. Eso se lo aseguro yo, Nefasto "El pillo"
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