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Octubre 7, 2005 Por las oscuras aguas del olvido Víctor Manuel Domínguez, Lux Info Press LA HABANA, Cuba - Octubre (www.cubanet.org) - Si la irrevocabilidad del socialismo cubano se encuentra en la firmeza de las juntas y en la fidelidad de los termostatos de los refrigeradores, en el calórico esfuerzo de las ollas arroceras, en el combate a muerte contra el apagón, y en la virginidad sin chícharos y otros cuerpos extraños del cafetín, cómo dudar entonces del beneficio en masa de esas aguas albañales que si no has de beber, déjalas correr. Resulta edificante que vecinos de puntos tan lejanos en la geografía de Cuba como Casablanca -en Regla, no en Marruecos-, San Miguel del Padrón, Holguín y Palma Soriano, se sumen a los restantes 165 municipios de la Isla con iguales prebendas subacuáticas. Es admirable la colaboración de sus habitantes para que los registros de alcantarillas drenen hacia las calles, broten a modo de surtidores en las viviendas, se empocen tal charcos de alegría incurable en los círculos infantiles, sirvan a manera de fuentes en los asilos de ancianos, y rieguen como el Tigris y el Eufrates las tumbas de nuestros antepasados en los cementerios, cual señales inequívocas de que sobrecumplieron el plan de ingestión de sólidos y líquidos calculado para un mes en la cartilla de racionamiento. ¡Cuánto equilibrio feca-urino-emocional hay que tener para no conmoverse ante la presencia y el olor de nuestra propia obra, para no morir de rabia frente a los desmanes de un imperio que nos dejó sin tubos con que inundar de dueños las negligencias, las justificaciones y el olvido! Pero reconforta saber que en la calle Artes, entre San Antonio y Ambrosio -en la Venecia de aguas negras Casablanca- sus habitantes navegan hace más de cuatro meses entre aguas albañales y vientos de mal olor, con peligro para mantener la vida a flote, como demostración del espíritu de sacrificio de quienes saben que más se perdió en la guerra, y que no es lo mismo un apestado que un apestoso, como dijera el eminente acueductólogo Mofeta del Hoyo Malo. Mientras que un apestado es el ser humano que se infecta con el bacilo de Yerin, que trasmiten las pulgas y las ratas, un apestoso es el que huele a calcañal de indígena, con dedos de gallego y empeine de arenque embalsamado. Olores que se adquieren al habitar en medio de las aguas albañales y sus excesos. Pero eso no amilana a un buen revolucionario. Lo contagia y lo infecta de optimismo epidémico, de bubónico amor por otros seres a punto de mudar el pellejo o contraer enfermedades respiratorias que pongan en movimiento a los dermatólogos que andan por Venezuela, y demuestren la eficacia del salbutamol que falta en las farmacias de la nación, respectivamente. Ante un miedo tan infundado, en medio de los remolinos burocráticos para represar los ríos de aguas pútridas que corren como un Mississippi en llamas por Casablanca y San Miguel del Padrón, caen cual cascadas de orines desde un balcón en Holguín, y penetran como torrentes en decenas de hogares en Palma Soriano, los cuadros del Consejo Popular, junto a los dirigentes del gobierno en el municipio, especialistas de Higiene y Epidemiología y administrativos de Acueductos y Alcantarillados en las referidas localidades cubanas, dicen a una sola voz, en un coro gigante que resuena en la Isla: NO TENEMOS RECURSOS. Y en esa frase histórica y ya histérica de tanto repetirse, navegan los sueños de los cubanos por las oscuras aguas del olvido. LUX INFO-PRESS CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores y autoriza la reproducción de este material informativo, siempre que se le reconozca como fuente. | ||
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