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Junio 24, 2005

Grave usurpación del hábitat por árboles invasores

Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press

LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - A la secular depredación de bosques en nuestro archipiélago para la obtención de madera y combustible, se suma la sigilosa calamidad de árboles y otras plantas invasoras, que han puesto en situación de peligro los residuales bosques autóctonos o asistidos.

El incontenible avance de plantas invasoras muestra ya sus letales impactos, al devorarse las tierras útiles, lo que obliga al país a erogaciones de dinero y otros recursos para tratar insatisfactoriamente de atajar la plaga, provocando alteraciones sensibles e irreparables del hábitat.

La escasez de combustible y madera, que antes llegaban de la Unión Soviética, ha ejercido presión sobre los bosques y cayos boscosos con talas autorizadas y furtivas, lo que facilita la expansión de los árboles invasores.

Así, por ejemplo, el marabú (dichrostachys cinerea), original de África, que necesita abundante sol para su propagación, se apodera de los claros del bosques, de los raleos, y principalmente de potreros ganaderos, donde hace gala de su otro nombre común: "espina del diablo", convirtiéndose en una verdadera maldición.

La leucaena (leucaena leucociphala), oriunda de Centroamérica, es otro caso. Combatida permanentemente en el parque natural Everglades, Florida, por sus perniciosos daños a la flora autóctona, en Cuba es una planta asistida y propiciada por el Ministerio de la Agricultura ante la escasez de pienso importado, como árbol forrajero y energético (leña), al punto de que, según estimados internacionales, la producción anual de leña en 12 mil hectáreas representa un millón de barriles de petróleo.

La leucaena se está convirtiendo en otra seria amenaza letal contra las especies del país, y en nuestras observaciones la hemos visto hasta en enmarañados manglares costeros, de los que, se afirma, constituyen alrededor del 23 por ciento de toda la flora cubana. Demostrado valladar ecológico frente a la presión degradante del océano sobre nuestras costas, y que de continuar el avance de plantas exógenas, sería casi imposible de extirpar.

Además, no puede pasarse por alto la plasticidad genética de propagación y futura estabilidad del hábitat usurpado, que hace mucho más difícil eliminar la pandemia florística una vez aclimatada, aunque se debe aclarar que una especie aclimatada no es precisamente una especie invasora.

Otras plantas invasoras presentes en el suelo de Cuba son el tamachile (Pithecellobium dulce), originario de Centroamérica, traído a Cuba a principios del pasado siglo.

La pomarrosa (Syzygium jambos), proveniente de Asia, que ataca las barreras protectoras de ríos y arroyos, con la particularidad de tolerar la sombra de otros árboles a los que termina por desplazar; incidiendo además sobre la fauna negativamente, lo mismo que cualquier otra planta invasora.

La pomarrosa se ha hecho preferencia del murciélago en su dieta, perjudicando los bosques como transportador de semillas de pomarrosa, en detrimento del fruto y las semillas del ocuje, maderable, cada vez más escaso en los bosques autóctonos.

La albizia o algarrobo de olor, muy usada en el arbolado de avenidas y parques, es otra planta invasora, asistida en propagación.

Achacable al mal manejo agrícola del gobierno, fue la eliminación de cercas "vivas" con árboles del país, principalmente en los potreros, sustituidas por horcones de madera o concreto.

No se tuvo en cuenta la eficaz protección de las reses contra las inclemencias climáticas, en especial los rayos solares tan fuertes del trópico, que dañan la salud de las reses y propician la evaporación y sequía, haciendo mucho menos productivo el ganado. Política que cuarenta años después se quiere corregir con la implantación de las cercas vivas, en las que, lamentablemente en muchos casos, se emplean árboles invasores por su rápido crecimiento, en vez de especies cubanas, como siempre se hacía.

Parte del daño de las plantas invasoras se refleja en el trastorno que causan en todo hábitat natural del que se posesionan, ayudadas por la falta de educación medioambiental de la ciudadanía, al punto que es frecuente la proliferación de esas plantas exógenas, plantadas por particulares, incluso en zonas urbanas, para cercados o árboles de sombra, en jardines y otros espacios abiertos, rompiendo, en todos los casos, los vínculos naturales de flora y fauna.

El descontrol genético en especies de la flora y la fauna erosiona de manera casi irreparable el patrimonio de la nación.

LUX INFO-PRESS
Agencia Cubana Independiente de Información y Prensa
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Miami, Florida 33142
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