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Febrero 15, 2005 Desfavorable el pronóstico climático para Cuba Reinaldo Cosano Alén, Lux Info Press LA HABANA, febrero (www.cubanet.org) - La poco abastecida mesa de la mayoría de la población cubana estará menos abastecida si no llueve mucho, y pronto, de acuerdo a los desfavorables pronósticos climáticos del centro de clima del Instituto de Meteorología de Cuba. No llueve, pero tampoco ondas tropicales, ciclones y huracanes, generalmente fuentes de abundantes precipitaciones, se muestran propicios en los últimos años: llegan secos. Con los frentes fríos de la temporada invernal, inhibidos por la presencia de anticiclones que los hace secos, ocurre otro tanto. El déficit de lluvia en 2004 se aprecia en que sólo alcanzó el 69 por ciento de la media histórica de 1,375 milímetros, en tanto los embalses de agua del país están al 38 por ciento de capacidad. Del total de 235 presas y micropresas, 118 no pueden ser explotadas por sus volúmenes, inferiores al 25 por ciento. La presa La Zaza, la mayor de Cuba, diseñada para contener 1,020 millones de metros cúbicos, en diciembre de 2004 sólo contenía 290 millones. Sus aguas irrigaban uno de los mayores complejos de arroz y ganadería del país. Elemento muy preocupante también es el desplazamiento de la intensa sequía de este a oeste, que ya se ha hecho presente en la mitad de archipiélago cubano, si bien la aguda escasez de agua está presente en toda Cuba. La escasez de precipitaciones ha conducido a buscar soluciones emergentes en el manto freático, pero como esas fuentes subterráneas no reciben recarga por lluvias, también se agotan y obliga, a su vez, a la perforación de nuevos pozos. El agotamiento del manto freático trae aparejado la intrusión salina, principalmente en áreas de la costa. Pero el peligro de salinización de las aguas y los suelos es total, dada la insularidad de Cuba. La falta de humedad de los suelos, favorecida por la deforestación, hace más intensa la evaporación y la consiguiente aridez, y ha provocado la contracción de la producción y productividad agrícola y ganadera, reduciendo el mercado y el consumo, muy restringidos en las últimas cuatro décadas. La cadena de maleficios económicos continúa no sólo por lo que se deja de producir en vastas zonas, antes tradicionalmente agrícolas, sino también en cantidad y calidad de lo producido, mientras los salarios se han mantenido casi estáticos por décadas, y el precio de las mercancías continúa disparándose. Las erogaciones de divisas del centralizado estado para resolver sólo en parte urgentes necesidades alimenticias de la canasta básica, son necesariamente mayores. Decenas de miles de reses han muerto por hambre y sed, a pesar del esfuerzo oficial por trasladar los rebaños a zonas más húmedas con pastos cada vez más escasos. La perforación de nuevos pozos, así como la implantación de insuficientes molinos de viento, no alcanzan siquiera mínimamente para abastecer de agua a la agricultura, ganadería y a la población cubana, que hasta el 31 de diciembre de 2002 ascendía a 11 millones 243 mil habitantes, según el Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas. Este total representa 8 millones 462,316 en las zonas urbanas, y 2 millones 781,042 en las zonas rurales. Desproporción poblacional que revela otro gran peso que cargan sobre sus hombros los productores agrícolas, aparte de las adversidades climáticas. Estudios rigurosos demuestran que la contingencia climática en Cuba, con importantes cambios negativos, comenzó en la década de 1970 con el aumento de la periodicidad e intensidad de la sequía y las temperaturas. Voces oportunas de la ciencia, y de la ciencia natural de nuestros campesinos, dieron el alerta. Pero fueron acalladas por demasiada altanería oficialista y el centralismo del estado, que impuso colosales planes de "desarrollo" agrícola y ganadero, bien envueltos en el manto de las mejores intenciones, pero que terminaron en "planes de tierra arrasada". Aunque tan tremenda adversidad climática no es privativa de Cuba, sino que es parte del calentamiento global del planeta, e igual tendencia de reducción de lluvia y aumento del calor se observa en zonas de Centroamérica y en toda el área del Caribe, se hace más intensa y agobiante en nuestro archipiélago, donde han tenido gran influjo la deforestación, el mal manejo de las tierras y aguas, y la escasísima educación medio ambiental.
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