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Cuba:
¿"Medidas esenciales"?
Los
derechos humanos en peligro en nombre de la seguridad
Cuba
adopta medidas drásticas contra la disidencia
y reanuda las ejecuciones
Amnistía
Internacion. Junio 3, 2003.
A
mediados de marzo de 2003, tras un periodo de
aparente tendencia más abierta y permisiva, las
autoridades cubanas adoptaron medidas enérgicas
sin precedentes contra la disidencia cubana en
la isla. En un margen de pocos días, las fuerzas
de seguridad capturaron a 75 disidentes en redadas
dirigidas a objetivos concretos. Con la excepción
de un reducido grupo de disidentes muy conocidos
por su oposición al régimen, fueron detenidos
la mayoría de los miembros de la cúpula de la
disidencia, personas que llevaban más de una década
en el activismo. Tras someterlos a juicios precipitados
y sin las garantías procesales debidas, y apenas
pocas semanas después de su detención, les impusieron
severas penas de prisión de hasta 28 años.
Al
mismo tiempo, a primeros de abril el gobierno
cubano puso fin a una suspensión de facto de las
ejecuciones que había durado tres años y ejecutó
mediante pelotón de fusilamiento a tres hombres
implicados en el secuestro de un avión, incidente
este que no había ocasionado heridos. Los tres
hombres fueron sometidos a un juicio y a un proceso
de apelaciones sumario y ejecutados apenas una
semana después del inicio del juicio.
Crecen
las críticas a Cuba
En
Cuba, instituciones como la Conferencia de Obispos
Católicos mostraron su preocupación por los acontecimientos
y, en la esfera internacional el aumento de la
represión fue ampliamente criticado por personalidades
destacadas, diversos gobiernos, la Unión Europea,
la Organización de los Estados Americanos y numerosos
órganos de las Naciones Unidas.
En
Estados Unidos, el gobierno del presidente George
Bush había demostrado ya que su política respecto
a Cuba seguía una línea dura. Pese a la creciente
presión interna en favor del levantamiento del
embargo estadounidense y demás restricciones impuestas
a la isla, el presidente Bush había prometido
vetar cualquier intento de modificar la política
estadounidense por vía legislativa a menos que
se implantara en Cuba un sistema de partidos políticos
y se celebraran elecciones. Las relaciones entre
ambos países se habían tensado aún más como consecuencia
de las acusaciones vertidas periódicamente por
Estados Unidos según las cuales Cuba estaba fabricando
armas de destrucción biológica, así como por el
trato que Estados Unidos había dispensado a cinco
hombres condenados en ese país por espiar a favor
de Cuba a grupos de exiliados en Estados Unidos.
Tras
la acción del gobierno cubano, Estados Unidos
impulsó la adopción de una resolución severa de
la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas en contra de Cuba. Pese a todo, sus esfuerzos
no tuvieron eco y Cuba no concitó la condena expresa
de la Comisión. En Estados Unidos se avivó el
debate interno en relación con un posible endurecimiento
de las restricciones a Cuba. Paralelamente, las
declaraciones de algunas autoridades estadounidenses
agudizaron la tensión aún más, y de las declaraciones
oficiales se desprendía que las autoridades cubanas
sentían, tras la guerra de Irak, una creciente
amenaza militar por parte de Estados Unidos.
Disidentes
juzgados en virtud de una legislación severa y
no utilizada antes
Amnistía Internacional ha estudiado la documentación
legal relativa a los juicios de 51 de los 75 disidentes.
De estos, 26 fueron condenados en virtud del artículo
91 del Código Penal cubano por "actos contra
la independencia o la integridad territorial del
Estado". Otras 19 personas fueron condenadas
con arreglo a la Ley 88, o Ley de Protección de
la Independencia Nacional y la Economía de Cuba,
y las otras seis recibieron condenas por delitos
en aplicación de ambos instrumentos legales.
La
Ley 88 es una respuesta cubana explícita a una
ley estadounidense de 1996, conocida como Ley
"Helms-Burton", que endurecía el embargo
contra Cuba y establecía ayudas para los "esfuerzos
por la democratización" en la isla. La Ley
88 establece duras penas de prisión para las personas
declaradas culpables de apoyar la política estadounidense
contra Cuba.
La organización siente preocupación por los efectos
que algunas de las disposiciones de la Ley 88
tienen sobre los derechos humanos, por cuanto
imponen límites inaceptables a la libertad de
expresión, asociación y reunión. A los disidentes
se los declaró culpables de haber infringido esa
ley, por ejemplo, por haber concedido entrevistas
a la emisora de capital estadounidense Radio Martí,
que transmite información para Cuba; por recibir
materiales o fondos provenientes, al parecer,
del gobierno estadounidense, o por mantener contactos
con representantes de la Sección de Intereses
del gobierno de los Estados Unidos en La Habana,
a la que las autoridades cubanas habían acusado
de comportamiento subversivo y agitador. De acuerdo
con sus motivos de preocupación, Amnistía Internacional
insta a las autoridades cubanas a suspender inmediatamente
la Ley 88.
El documento proporciona información general y
trata la situación actual de cada uno de los 75
disidentes. Hay personas como Héctor Palacios
Ruiz, de 61 años, conocido por las críticas que
viene vertiendo contra el gobierno desde hace
mucho tiempo, al que Amnistía Internacional había
declarado preso de conciencia con ocasión de anteriores
detenciones, en 1994, 1997 y 1999. También se
habla de Marcelo López Bañobre, de 39 años, defensor
de los derechos humanos que no había sido procesado
antes, y al que se ha impuesto una pena de prisión
de 15 años por "enviar información a organismos
internacionales como Amnistía Internacional",
entre otras actividades.
Amnistía
Internacional reconoce que hay 75 nuevos presos
de conciencia
A los disidentes no se los acusó de haber cometido
un delito común reconocible, pese a que las autoridades
cubanas afirmaban que eran agentes extranjeros
cuyas actividades estaban poniendo en peligro
la independencia y la seguridad de Cuba. No se
acusó a ninguno de ellos de espiar ni de revelar
secretos relativos a la seguridad del Estado,
por ejemplo; tampoco ninguno ocupaba un puesto
de responsabilidad que le permitiera haber podido
acceder a información privilegiada. Cualquiera
que fuera la razón de la controversia del gobierno
con Estados Unidos en relación con sus prácticas
en Cuba, todo indica, al revisar la información
disponible, que la conducta por la que se procesó
a los disidentes no había sido violenta y que
se ajustaba a los parámetros del ejercicio legítimo
de la libertad de expresión, asociación y reunión
con arreglo a las normas internacionales.
Por consiguiente, Amnistía Internacional considera
presos de conciencia a los 75 disidentes. Sus
condenas elevan la cifra total de presos de conciencia
en Cuba a 90, por lo que la organización insta
urgentemente a su liberación inmediata e incondicional.
Igualmente, pide a las autoridades cubanas que
reformen la legislación del país que contribuye
a "legitimizar" la encarcelación constante
de presos de conciencia mediante la prohibición
del ejercicio de las libertades fundamentales.
Amnistía
Internacional pide a Cuba que detenga las ejecuciones
de inmediato
Lorenzo Enrique Copello Castillo, Bárbaro Leodán
Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaac fueron
ejecutados por un pelotón de fusilamiento el 11
de abril de 2003. Formaban parte de un grupo que
secuestró un ferry cubano con varias decenas de
pasajeros a bordo e intentó obligar a la tripulación
a desviarse a Estados Unidos. El incidente se
resolvió sin violencia. Se procesó a todos ellos
en virtud de la legislación antiterrorista, que
se había modificado para endurecerse en diciembre
de 2001. Sus recursos se desestimaron de forma
sumaria, y los tres fueron ejecutados por un pelotón
de fusilamiento apenas una semana después del
inicio del juicio.
A Amnistía Internacional le ha causado honda preocupación
la naturaleza sumaria del juicio y el proceso
de recursos a los que se sometió a los hombres,
así como la reanudación de las ejecuciones tras
su suspensión de facto durante tres años. La organización
insta a las autoridades cubanas a que se comprometan
públicamente a volver a suspenderlas, a conmutar
todas las condenas a muerte existentes y a abolir
la pena de muerte del sistema penal cubano.
Amnistía
Internacional insta al gobierno de los Estados
Unidos a revisar su política con miras a poner
fin a los perjuicios causados por el embargo
Amnistía Internacional considera que el embargo
económico, comercial y financiero impuesto por
los Estados Unidos y las medidas derivadas de
ese embargo han tenido, sin lugar a dudas, consecuencias
negativas en la situación de los derechos humanos
en la isla. A la luz de los estudios realizados
por diversos órganos de las Naciones Unidas, el
embargo ha repercutido perjudicialmente en la
alimentación, la salud, la educación y en otros
muchos otros aspectos de la vida diaria, causando
un enorme daño a las capas más desfavorecidas
y vulnerables de la sociedad cubana, no a las
autoridades sobre quienes estas medidas pretenden
influir.
Además, la organización considera que el embargo
ha ido en detrimento del goce de los derechos
civiles y políticos fundamentales en Cuba, al
avivar un clima en el que derechos fundamentales
como la libertad de asociación, expresión y reunión
se han negado de forma sistemática. Tal como han
puesto de manifiesto las recientes drásticas medidas,
el embargo confiere al gobierno cubano un pretexto
para ejercer una política represiva. Las simpatías
generalizadas que ha concitado Cuba por no plegarse
a las exigencias estadounidenses han motivado
la reticencia histórica de terceros países a presionar
a Cuba para que aborde sus problemas en materia
de derechos humanos. Al mismo tiempo, determinadas
disposiciones adscritas al embargo, como la asignación
de recursos significativos en concepto de ayudas
para la "construcción de la democracia"
han dado pie a que el gobierno proyectara una
imagen de los disidentes como simpatizantes de
intereses extranjeros que, en último término,
debilita las posibilidades de tejer un movimiento
de derechos humanos sólido e independiente. Por
estas razones, además de las recomendaciones dirigidas
a las autoridades cubanas para que pongan fin
a la represión inmediatamente y reformen el sistema
legal que la sustenta, Amnistía Internacional
pide a Estados Unidos que revise su política en
relación con Cuba con miras a poner fin a los
perjuicios que ha causado con el embargo y las
medidas derivadas de él.
Este texto resume un informe titulado Cuba:"¿Medidas
esenciales?" Los derechos humanos en peligro
en nombre de la seguridad (Índice AI: AMR
25/017/2003/s), publicado por Amnistía Internacional
el 3 de junio de 2003. Si desean más información
o emprender acciones sobre este asunto, consulten
el documento principal. Pueden encontrar una amplia
selección de materiales de Amnistía Internacional
sobre éste y otros temas en http://www.amnesty.org,
y nuestros comunicados de prensa se pueden recibir
por correo electrónico en <http://web.amnesty.org/ai.nsf/news>.
Para los documentos traducidos al español consulten
la sección "centro de documentación"
de las páginas web de EDAI en http://www.edai.org/centro.
SECRETARIADO INTERNACIONAL,
1 EASTON STREET, LONDON WC1X 0DW, REINO UNIDO
TRADUCCIÓN DE EDITORIAL AMNISTÍA INTERNACIONAL
(EDAI), ESPAÑA
Amnistía
Internacional
Cuba
¿"Medidas
esenciales"?
Los
derechos humanos en peligro en nombre de la
seguridad
ÍNDICE
1. Introducción
1
2. Situación general previa
a la ola de represión 2
2.1.
Progresos en materia de derechos humanos
2
2.2. Mejora de las relaciones
con la comunidad internacional 2
2.3. Tensiones constantes
con Estados Unidos 3
El embargo de Estados
Unidos contra Cuba 3
Los derechos humanos y
el embargo estadounidense 3
a.
Consecuencias del embargo en los derechos económicos,
sociales y culturales 4
b. Consecuencias del
embargo en el disfrute de los derechos civiles
y políticos 5
La
situación de los "cinco de Miami"
8
La guerra "contra
el terrorismo" 8
3. Las detenciones masivas:
unas medidas represivas repentinas y sin precedentes
9
3.1.
Postura oficial de Cuba en relación con las detenciones
masivas 10
3.2. Reacción a las medidas
represivas dentro del país 12
3.3. Respuesta internacional
12
Comisión de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas 12
Unión Europea
14
Organización de los Estados
Americanos 15
Estados Unidos
16
a.
Debate sobre el endurecimiento del embargo
16
b. Intensificación del
cruce de acusaciones entre Cuba y Estados Unidos
17
Otras
instituciones y organizaciones 18
4. El procedimiento legal
contra los disidentes 19
4.1.
Los cargos presentados contra los disidentes
19
Artículo 91 del Código
Penal 19
Ley 88 20
a.
Periodo preliminar a la promulgación de la Ley
88 20
b. Disposiciones de
la Ley 88 21
c. Aplicación de la
Ley 88 en los juicios recientes 23
Motivos
de preocupación en materia de derechos humanos
suscitados por los cargos 23
4.2. Procedimientos: el
caso contra los disidentes 25
4.4. Las condenas
30
5. Resúmenes de casos individuales:
las caras del movimiento disidente 30
6. Otras detenciones preocupantes
62
7. Pena de muerte: reanudación
de las ejecuciones en Cuba 62
8. Recomendaciones
65
8.1.
Recomendaciones al gobierno cubano
65
8.2. Recomendaciones al
gobierno estadounidense 66
Apéndices 66
Apéndice
1: copias de "pruebas" distribuidas
por la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas en Ginebra (sólo disponibles en papel)
Apéndice 2: mapa de Cuba
que muestra la localización de las cárceles donde
se encuentran recluidos los condenados durante
la ola represiva 66
Cuba
¿"Medidas
esenciales"?
Los
derechos humanos en peligro en nombre de la
seguridad
1. Introducción
A
mediados de marzo, las autoridades cubanas detuvieron
a 75 disidentes en tan solo unos días como consecuencia
de la aplicación de las medidas más enérgicas
jamás adoptadas contra la disidencia desde los
años que siguieron a la revolución de 1959. Tras
someterlos a juicios sumarios, los condenaron
con rapidez a largas penas de prisión de hasta
28 años. Con excepción de un reducido número de
disidentes conocidos por su oposición al régimen,
las autoridades detuvieron en las redadas a buena
parte del nivel intermedio de la dirigencia disidente;
muchos de los detenidos llevaban participando
en actividades de oposición al régimen al menos
una década.
Las
medidas represivas, sin precedente hasta entonces,
sorprendieron a algunos observadores, por cuanto
en los últimos años el régimen cubano parecía
mostrar una tendencia más abierta y permisiva.
Salvo algunas excepciones, por ejemplo, las numerosas
detenciones de disidentes que se produjeron en
los días previos y posteriores al intento de irrumpir
en el recinto de la embajada mexicana en febrero
de 2002, en los últimos años el número de presos
de conciencia venía reduciéndose de forma constante.
Todo parecía indicar que las autoridades cubanas
habían abandonado la política de imposición indiscriminada
de penas de prisión prolongadas como medio para
reprimir la disidencia, y tendían hacia una política
de hostigamiento de menor intensidad, que pretendía
disuadir antes que castigar a los detractores
del gobierno.(1) Además, en abril de 2000, Cuba
empezó a aplicar una suspensión de facto
de las ejecuciones que fue muy bien recibida por
los observadores de la situación de los derechos
humanos en la isla.
Dadas
las reiteradas señales a lo largo de los últimos
años que, como la suspensión de las ejecuciones,
indicaban una disminución de la presión en materia
de derechos humanos, la ola de detenciones y juicios
sumarios, además de la ejecución de tres hombres
condenados por el secuestro de un ferry, suponen
un alarmante paso atrás en el respeto a los derechos
humanos. No pocas veces, en la historia de unas
relaciones bilaterales tensas, las autoridades
cubanas han señalado la provocación y la agresión
de Estados Unidos como la causa de las tensiones
que dieron lugar a la ola de represión.
Al revisar la limitada documentación disponible
en relación con estos juicios, todo indica que,
cualquiera que fuera el fondo de la disputa entre
Cuba y Estados Unidos por la política de éste
respecto a la isla, la conducta por la que se
procesó a los disidentes no fue manifiestamente
delictiva ni violenta, sino que pareció ajustarse
a los parámetros del ejercicio legítimo de las
libertades fundamentales proclamado en las normas
internacionales. Por consiguiente, a la luz de
la información disponible, Amnistía Internacional
considera presos de conciencia(2) a los 75 disidentes
e insta a su liberación inmediata e incondicional.
2.
Situación general previa a la ola de represión
2.1.
Progresos en materia de derechos humanos
Las
limitaciones a la libertad de expresión, de asociación
y de reunión siguen codificadas en la legislación
cubana; sin embargo, con anterioridad a la ola
de represión de marzo, distintas señales pusieron
de manifiesto que la represión contra los disidentes
estaba disminuyendo.
Se
interpretó como positiva la ausencia de represión
en gran escala contra una serie de iniciativas
emprendidas por organizaciones no oficiales en
Cuba. Si bien se registraron varios incidentes
de hostigamiento, en muchos casos las autoridades
parecieron hacer caso omiso de las actividades
de la disidencia. Entre estas iniciativas, el
ejemplo más conocido en el ámbito internacional
es el Proyecto Varela, una petición de reformas
legales. En 2002 se anunciaron otras iniciativas,
como la Asamblea para promover la sociedad civil,
dirigida por la presa de conciencia Marta Beatriz
Roque Cabello, quien fue detenida durante la ola
represiva de marzo.
Otro
indicador positivo fue la disminución lenta pero
constante del número de presos de conciencia a
lo largo de los últimos años. Pese a todo, en
febrero de 2002 la cifra de presos volvió a sus
niveles máximos: tras la detención de varios activistas
se produjo un incidente en el que un autobús que
transportaba un numeroso grupo de jóvenes irrumpió,
derribando la valla, en el recinto de la embajada
mexicana. Las autoridades afirmaron que se había
tratado de un intento de búsqueda de asilo, y
el suceso desencadenó nuevas detenciones de disidentes
que provocaron que a finales de 2002 hubiera más
presos de conciencia que en cualquier momento
del año anterior.
En
vísperas del recrudecimiento de la represión contra
la disidencia de marzo de 2003, Amnistía Internacional
había identificado a 15 presos de conciencia cubanos,
detenidos exclusivamente por el ejercicio pacífico
de sus libertades fundamentales: Yosvany Aguilar
Camejo, José Aguilar Hernández, Bernardo Arévalo
Padrón, Oscar Elías Biscet González, Leonardo
Bruzón Avila, Francisco Chaviano González, Rafael
Corrales Alonso, Carlos Alberto Domínguez González,
Emilio Leyva Pérez, Eddy Alfredo Mena y González,
Carlos Oquendo Rodríguez, Ricardo Ramos Pereira,
Lázaro Miguel Rodríguez Capote, Néstor Rodríguez
Lobaina y Jorge Enrique Santana Carreiras.(3)
La
suspensión de facto de las ejecuciones
en abril de 2000 se contempló como otro signo
positivo; aunque se siguieron dictando sentencias
de muerte, no hubo noticias que indicaran que
se habían producido más ejecuciones. Esta tendencia
cambió en abril de 2003 con la ejecución de tres
hombres jóvenes, quienes, tras ser sometidos a
un juicio sumario, fueron condenados en virtud
de nueva legislación antiterrorista por el secuestro
de un ferry en el que no se produjeron heridos
(véase infra).
2.2.
Mejora de las relaciones con la comunidad internacional
Todo
pareció indicar que las relaciones de Cuba con
algunos sectores de la comunidad internacional
mejoraban a lo largo de 2002 y a principios de
2003. El diálogo político con la Unión Europea,
bloqueado durante cinco años en diversas materias,
entre ellas la situación de los derechos humanos,
se había reabierto con una primera reunión en
diciembre de 2001. Posteriormente, en noviembre
de 2002, se celebró un segundo encuentro con representantes
de la Unión Europea, y en marzo de 2003 se inauguró
en La Habana la primera delegación oficial de
la Unión Europea en la isla.
En
abril de 2002 la Comisión de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas (ONU) aprobó una resolución
relativamente suave en materia de derechos humanos
en Cuba, y en noviembre de 2002, por undécimo
año consecutivo, la Asamblea General de la ONU
aprobó una resolución en la que se pedía a Estados
Unidos que pusiera fin a su embargo contra Cuba.
La
visita de un alto cargo canadiense a Cuba en noviembre
de 2002 sirvió para mejorar las relaciones de
la isla con Canadá, deterioradas en los tres años
anteriores, y pareció que las relaciones bilaterales
con otros países también se fortalecieron o mejoraron.
2.3.
Tensiones constantes con Estados Unidos
Una
excepción a esta tendencia fue la tensión constante
existente entre Cuba y el gobierno de Estados
Unidos. La tirantez de las relaciones entre ambos
países se hizo patente desde la revolución de
1959, y se fue incrementando con la adhesión de
Cuba al sistema socialista y con la invasión en
1961 de Playa Girón (Bahía de Cochinos), auspiciada
por Estados Unidos. Estados Unidos y Cuba no mantienen
relaciones diplomáticas, pese a que en 1977 se
establecieron Secciones de Intereses en sus respectivas
capitales. La tensión existente entre ambos países
ha afectado a las relaciones bilaterales e internacionales,
hecho este que puede percibirse en numerosas áreas.
El embargo de Estados Unidos contra Cuba
Desde
1962, Estados Unidos mantiene un embargo económico
y comercial contra Cuba. El gobierno estadounidense
viene arguyendo reiteradamente que sólo cambiará
su política si ve que se produce un cambio político
sustancial en la isla. Según las autoridades cubanas,
el embargo es ilegal y ha causado un enorme sufrimiento
al país, por lo que periódicamente piden su levantamiento.
También otros organismos han hecho llamamientos
reiterados al respecto, como la Asamblea General
de las Naciones Unidas (véase infra).
En
varias ocasiones desde el inicio del embargo,
Estados Unidos ha aprobado nueva legislación con
el propósito de reforzarlo. Por ejemplo, en marzo
de 1996, el presidente estadounidense Bill Clinton
dio su aprobación a la Ley de Libertad y Solidaridad
Democrática con Cuba —conocida también por
el nombre de los legisladores que la impulsaron:
Ley "Helms-Burton"—, cuyo texto
se analiza con mayor detalle a continuación. Sin
embargo, en los últimos años han aumentado las
voces que dentro del país piden el levantamiento
del embargo.
Ya
en su toma de posesión, el presidente George W.
Bush indicó que vetaría cualquier intento de eliminar
por vía legislativa el embargo o cualquier otra
restricción impuesta a Cuba, a menos que se implantara
en ese país un sistema de partidos políticos y
se celebraran elecciones. Esta postura fue criticada
por el ex presidente estadounidense Jimmy Carter,
cuya visita a Cuba en mayo de 2002 supuso la presencia
en la isla del máximo nivel de representación
estadounidense desde 1959. También se registró
la oposición de otros sectores del país a la política
del gobierno de George Bush: en octubre de 2002,
el Congreso estadounidense votó por poner fin
a las restricciones a los viajes de los estadounidenses
que deseaban visitar Cuba, y la isla siguió recibiendo
visitas de legisladores estadounidenses locales
y nacionales, entre otras personalidades.
Los derechos humanos y el embargo estadounidense
Amnistía
Internacional hace un llamamiento en favor del
levantamiento de las sanciones allí donde considera
que el mantenimiento de éstas puede contribuir
a que se cometan abusos graves contra los derechos
humanos. A este respecto, resulta muy preocupante
el resultado que se obtiene al analizar los efectos
del embargo estadounidense contra Cuba y de otras
políticas conexas.
a.
Consecuencias del embargo en los derechos económicos,
sociales y culturales
En
noviembre de 2002, por undécimo año consecutivo,
la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó
una resolución que pedía a Estados Unidos que,
refiriéndose al embargo contra Cuba y a otras
medidas conexas, se "tomen las medidas necesarias
para derogarlas o dejarlas sin efecto".(4)
La resolución, titulada "Necesidad de poner
fin al bloqueo económico, comercial y financiero
impuesto por los Estados Unidos de América contra
Cuba", fue aprobada por 173 votos a favor,
3 en contra y 4 abstenciones.
A
la votación le sucedió la publicación bajo el
mismo título de un informe del secretario general
de las Naciones Unidas; la Asamblea General había
pedido que se elaborara dicho informe en la resolución
de 2001 que condenaba el embargo. En el informe,
las agencias de las Naciones Unidas condenaron
sin paliativos las consecuencias del embargo en
la vida económica, social y cultural de Cuba.
La selección de fragmentos que se incluye en el
cuadro que figura a continuación pone de manifiesto
la forma en que el embargo ha afectado a todos
los ámbitos de la vida en la isla.
Una
mayoría abrumadora de las evaluaciones llevadas
a cabo por los organismos competentes de las Naciones
Unidas coincide en afirmar que el embargo estadounidense
contra Cuba es enormemente perjudicial para el
goce de distintos derechos económicos, sociales
y culturales de los cubanos. Es más, buena parte
de sus análisis indican que los efectos negativos
del embargo se sienten desproporcionadamente,
no entre los encargados de la toma de decisiones
y las autoridades sobre cuya política el embargo
pretende influir, sino entre los sectores más
débiles y vulnerables de la población.
Las
consecuencias negativas del embargo estadounidense
sobre los derechos económicos, sociales y culturales
El
informe de la Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)
de 2002 describió las consecuencias negativas
del embargo indicando: "La isla es uno de
los cinco países en que la prevalencia de población
desnutrida se incrementó más en el decenio. Según
estimaciones de la FAO, la proporción de los sectores
desnutridos aumentó del 5% de la población en
1990-1992 al 17% en 1997-1999".(5)
El
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
(UNICEF), fue rotundo al expresar las consecuencias
negativas del embargo, indicando que "tiene
repercusión en todos los ámbitos de la sociedad
de ese país. Afecta en particular la labor del
Gobierno de Cuba para proteger a los niños, los
adolescentes, las mujeres y la familia, tal como
se definen en la Convención sobre los Derechos
del Niño".(6)
La
Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (UNESCO) indicó: "En
el caso de la educación, ámbito en que Cuba ha
alcanzado un grado considerable de desarrollo,
se ha agravado la escasez de recursos materiales
para la publicación de textos, la falta de material
didáctico, el deterioro de muchos centros educativos,
la disminución de la calidad de los alimentos
y la reducción de los incentivos materiales para
el personal docente […] el bloqueo ha retardado
el desarrollo científico del país".(7) En
sus conclusiones, la UNESCO "subraya la necesidad
de poner en vigor el llamamiento al Gobierno de
los Estados Unidos de América para que ponga fin
a esta política, que viola los derechos del pueblo
cubano".(8)
El
Fondo de Población de las Naciones Unidas arguyó:
"El embargo económico de los Estados Unidos,
en vigor desde hace decenios, ha empeorado notoriamente
la situación y ha contribuido a que la calidad
de vida de la población de Cuba se deteriore aún
más. En 2001, los indicadores del nivel de vida
estuvieron por debajo de los valores alcanzados
en 1990. La escasez de asistencia financiera y
la grave restricción de las importaciones debido
a las limitaciones financieras han afectado a
la prestación de servicios sociales básicos".(9)
La
Organización Mundial de la Salud (OMS) condenó
las consecuencias del embargo sobre la salud de
la población: "Ante todo, cabe observar que
el embargo ha tenido efectos negativos muy importantes
en el rendimiento general de la economía nacional,
desviando la asignación óptima de recursos de
las esferas prioritarias y afectando a los programas
y servicios sanitarios, y comprometiendo en última
instancia la calidad de vida de la población,
en particular de los niños, los ancianos y los
enfermos".(10)
b.
Consecuencias del embargo en el disfrute de los
derechos civiles y políticos
Además
de todo lo anterior, Amnistía Internacional considera
que el embargo estadounidense ha contribuido a
socavar el disfrute de los derechos civiles y
políticos fundamentales en Cuba, avivando un clima
en el que derechos fundamentales como la libertad
de asociación, de expresión y de reunión son negados
de forma sistemática. El embargo proporciona al
gobierno cubano una excusa para ejercer su política
represiva, al tiempo que las simpatías generalizadas
que el país ha concitado por resistirse a la presión
estadounidense han hecho que terceros países se
sintieran reacios a presionar a Cuba para que
ésta resuelva su crisis de derechos humanos. Determinadas
disposiciones del embargo han socavado además
el desarrollo de un movimiento de derechos humanos
en la isla, hecho este que, a su vez, mina las
posibilidades de consolidación de una sociedad
civil independiente.
Las
consecuencias del embargo pueden apreciarse claramente
en el ámbito jurídico. Las autoridades cubanas
han defendido sistemáticamente un sistema legal
represivo por considerar que los Estados agredidos
tienen derecho a restringir las libertades en
interés de la seguridad nacional.
El
artículo 1 de la Constitución cubana afirma explícitamente
que Cuba es un Estado socialista.(11) La Constitución
supedita el ejercicio de las libertades fundamentales
al apoyo al sistema:
Ninguna
de las libertades reconocidas a los ciudadanos
puede ser ejercida contra lo establecido en
la Constitución y las leyes, ni contra la existencia
y fines del Estado socialista, ni contra la
decisión del pueblo cubano de construir el socialismo
y el comunismo.(12)
Este
condicionamiento también atañe a derechos específicos.
Los derechos de reunión y de asociación se reconocen
en el marco concreto de "organizaciones de
masas y sociales" que "disponen de los
medios necesarios a tales fines".(13) La libertad
de expresión y de prensa se reconocen "conforme
a los fines de la sociedad socialista".(14)
Así pues, la Constitución cubana no protege el ejercicio
de las libertades fundamentales cuando dicho ejercicio
es presuntamente contrario al sistema.
Además
de condicionar de ese modo el ejercicio de los
derechos, la Constitución declara específicamente
a Cuba como un país "antiimperialista e internacionalista",
afirmando que:
[R]epudia
la intervención directa o indirecta en los asuntos
internos o externos de cualquier Estado y, por
tanto, la agresión armada, el bloqueo económico,
así como cualquier otra forma de coerción económica
o política(15)
La
combinación de ambas tendencias, es decir, el condicionamiento
en el ejercicio de los derechos y la naturaleza
declaradamente antiintervencionista de la República
de Cuba, crea una situación en la que la presunta
agresión externa va acompañada de un aumento de
la represión interna de la disidencia.
En
un discurso pronunciado en 1995, el entonces ministro
de Relaciones Exteriores, Roberto Robaina, puso
de manifiesto el vínculo entre ambas tendencias.
Sorprendentemente, sus palabras son muy similares
a las de declaraciones oficiales efectuadas recientemente:
[Y]
sólo podremos avanzar más en la medida que desaparezcan
las políticas y conductas contrarias a los intereses
de la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Ningún
país admite la existencia legal de grupos organizados
que pongan en peligro el sistema democrático
vigente; mucho menos si éste se ha establecido
sobre la base de un consenso como han conocido
pocos pueblos del mundo. En otras palabras:
en Cuba no es posible hacer contrarrevolución
legalmente, mucho menos si las credenciales
para ello se obtienen en las oficinas de quien
representa a nuestro principal enemigo.(16)
Tal como se detalla en los apartados subsiguientes
del presente informe, el reforzamiento del embargo
en 1996 mediante la Ley "Helms-Burton"
dio lugar a que las autoridades cubanas respondieran
con una legislación severa que, en última instancia,
se ha utilizado para condenar a los presos de conciencia
a penas de prisión prolongadas. La aprobación de
esta ley suscitó muestras de preocupación sobre
su potencial incidencia en el progreso de la disidencia
en Cuba. En su informe de enero de 1997, el entonces
relator especial de la Comisión de Derechos Humanos
de las Naciones Unidas sobre la situación de los
derechos humanos en Cuba, Carl-Johan Groth, señalaba
lo siguiente:
[L]as
cláusulas de la Ley Helms-Burton (the
Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act),
así como la Ley Torricelli (the Cuban Democracy
Act), que condicionan el levantamiento del
embargo a medidas y plazos específicos, lleva
como consecuencia asimismo que los Estados Unidos
se arrogan el derecho de ser el actor externo
que aspira a imponer las reglas del cambio del
sistema actual por otro más pluralista. Esto
genera dudas sobre el futuro en vez de confianza
y puede infundir en sectores de la disidencia
interna el sentimiento de que sus criterios
carecen de relevancia ya que, de todos modos,
el futuro de Cuba se decidiría al margen de
los mismos. La consecuencia directa de esta
situación podría ser que la tendencia a la actividad
política abierta y a los riesgos que ésta conlleva
disminuyen.(17)
Además
de estos motivos de preocupación, Amnistía Internacional
cree que las autoridades cubanas han podido utilizar
la ayuda económica de Estados Unidos, incluso de
forma indirecta a través de grupos radicados o no
en Miami, para socavar el movimiento de derechos
humanos en distintas zonas. A este respecto, el
ex presidente estadounidense Jimmy Carter, tras
su visita a Cuba en mayo de 2002, recomendó al gobierno
de su país no aumentar las restricciones contra
Cuba. Se refirió a la cuestión de la ayuda a la
disidencia con honda preocupación, por las consecuencias
que ese apoyo tendría en última instancia:
Mantuvimos
intensas reuniones con una amplia representación
de los disidentes más destacados, todos ellos
dirigentes de una organización; muchos habían
cumplido condenas por exigir un cambio en el
régimen socialista. Fueron unánimes en su apreciación
de mi discurso, en su voluntad de arriesgarse
a ser objeto de medidas punitivas en vez de
mantenerse en silencio, en su deseo de que aumentaran
las visitas de estadounidenses a la isla, y
en su oposición a que Estados Unidos elevara
el tono de sus acusaciones contra Cuba y financiara
las actividades de la disidencia. Cualquier
informe que revele la existencia de esas ayudas
simplemente serviría para dar crédito a las
denuncias que viene formulando desde hace tiempo
el presidente Castro, según las cuales los disidentes
son "lacayos asalariados" al servicio
de Washington.(18)
Informes
recientes indican que el gobierno de Estados Unidos
está considerando la posibilidad de reforzar aún
más sus sanciones a Cuba, quizá ampliando la prohibición
de los viajes a la isla desde Estados Unidos y prohibiendo
los envíos efectuados por residentes cubanos en
Estados Unidos a sus familiares en Cuba. Amnistía
Internacional considera que cualquier endurecimiento
de las sanciones ya existentes sólo contribuirá
a agravar las consecuencias adversas del embargo
sobre los derechos humanos, tal como se ha señalado
más arriba.
La situación de los "cinco de Miami"
Las
tensiones entre los dos países han aumentado en
los últimos meses debido a la disputa surgida
en torno al trato dispensado por Estados Unidos
a cinco hombres cubanos. En 2001, René González,
Fernando González, Gerardo Hernández Nordelo,
Antonio Guerrero y Ramón Labañino fueron condenados
en Estados Unidos por cargos de espionaje a favor
de Cuba. Las autoridades cubanas dedicaron una
considerable atención al caso, describiendo a
estos hombres como héroes, cuyo único objetivo
había sido proteger a Cuba de una potencial amenaza
terrorista infiltrándose en grupos de exiliados
en Miami, y su campaña recibió un importante apoyo
internacional.
En
noviembre de 2002, los cinco hombres solicitaron
un nuevo juicio, alegando que el prejuicio anticubano
en Miami les había impedido disfrutar de un juicio
justo. Amnistía Internacional escribió a las autoridades
estadounidenses en varias ocasiones para expresar
su preocupación por el trato que estaban recibiendo
estos hombres y por las dificultades que debían
salvar sus familias para acceder a ellos.
La guerra "contra el terrorismo"
Las
autoridades cubanas han criticado a Estados Unidos
por no actuar contra determinados grupos de la
comunidad cubana en el exilio en ese país, que,
al parecer, están preparándose para llevar a cabo
una potencial invasión armada en la isla.(19)
Según la información recibida, uno de estos grupos,
los Comandos F-4, afirma haber herido mediante
disparo a un espía cubano en La Habana a primeros
de año.(20)
Por su parte, Estados Unidos también ha formulado
acusaciones contra Cuba. El 6 de mayo de 2002
el subsecretario de Estado para el control de
armas, John R. Bolton, afirmó que Cuba estaba
realizando investigaciones en materia de armas
biológicas y que había suministrado tecnología
a "otros Estados deshonestos". Esta
denuncia coincidió con el periodo previo a la
visita del ex presidente Jimmy Carter a la isla,
durante la cual Carter mantuvo que las autoridades
estadounidenses que le habían informado al respecto
antes del viaje le habían asegurado que no existían
pruebas que apoyaran esas acusaciones. (21) En
una declaración realizada durante su visita al
Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología
de La Habana, Carter aseguró que "de ningún
modo se habían formulado esas acusaciones ni se
habían planteado dudas al respecto" durante
"las intensas sesiones informativas que había
mantenido con el Departamento de Estado, las agencias
de información [...] y los altos funcionarios
de la Casa Blanca" antes de visitar la isla.(22)
Cuba,
a su vez, negó rotundamente estas acusaciones.
El ex presidente Carter declaró que el presidente
Castro, en respuesta a las acusaciones, se había
ofrecido a abrir las instalaciones de investigación
biotecnológica para su inspección.(23)
Desde
entonces, las señales emitidas al respecto por
el gobierno estadounidense han sido un tanto contradictorias.
Se ha informado de que miembros destacados del
gobierno, incluido el secretario de Estado, Colin
Powell, se habían distanciado de las acusaciones.(24)
Sin embargo, el entonces subsecretario de Estado
para el Hemisferio Occidental, Otto Reich, volvió
a ponerlas sobre el tapete.(25) En la edición
de 2001 del informe Patterns of Global Terrorism
(Patrones del Terrorismo Mundial), del Departamento
de Estado estadounidense, no se hacía mención
al respecto; lo mismo ocurrió con la de 2002,
publicada el 20 de abril de 2003.
Sin
embargo, este último informe sí volvía a incluir
a Cuba en la lista de los siete "Estados
patrocinadores del terrorismo", definidos
como Estados que han "apoyado repetidamente
la comisión de actos de terrorismo internacional".(26)
En lo relativo a la isla, el informe reconocía
que Cuba había firmado y ratificado los doce convenios
internacionales antiterroristas en 2001 y que
"no había protestado contra el uso de la
base de la Bahía de Guantánamo para albergar a
combatientes enemigos procedentes del conflicto
de Afganistán". Sin embargo, el informe continuaba
diciendo que "Cuba ha seguido expresando
su oposición a la coalición creada para luchar
contra el terrorismo mundial, encabezada por Estados
Unidos, y se ha mostrado muy crítica con buena
parte de las políticas y actividades estadounidenses
dirigidas a tal fin".(27)
Las acusaciones concretas contra Cuba eran que
ésta "continuó proporcionando puerto seguro
a varios terroristas y fugitivos de Estados Unidos"
y "envió agentes a misiones de Estados Unidos
en todo el mundo para proveer pistas falsas diseñadas
para subvertir la investigación acerca de los
atentados del 11 de septiembre de 2001".(28)
A mediados de marzo, con el telón de fondo de
los preparativos para la invasión militar de Irak
por parte de Estados Unidos y las especulaciones
generalizadas respecto a que otros Estados acusados
de colaborar con el terrorismo podían encontrarse
también en el punto de mira, las autoridades de
Cuba detuvieron a decenas de disidentes, acusándolos
de intentar subvertir el sistema cubano y de conspirar
con Estados Unidos.
3.
Las detenciones masivas: unas medidas represivas
repentinas y sin precedentes
Estoy
convencido de que informar a otros de forma
objetiva y profesional y hacer públicas mis
opiniones sobre la sociedad en la que vivo no
puede ser un delito muy grave […] ninguna
persona ni ninguna ley podrá hacerme creer que
me he convertido en un gángster o en un delincuente
sólo por informar de la detención de un disidente,
o por elaborar una lista con los precios de
los alimentos básicos en Cuba, o por escribir
que me parece espantoso que más de 20.000 cubanos
se exilien en Estados Unidos cada año y que
otros cientos intenten llegar allí donde puedan.(29)
Raúl Rivero Castañeda, en 1999. Fue detenido
durante la última ola represiva y condenado
a una pena de 20 años de prisión.
El
18 de marzo de 2003, las fuerzas de seguridad cubanas
empezaron a detener a conocidos disidentes en toda
la isla, y siguieron durante varios días. Entre
los detenidos había periodistas, economistas, médicos,
miembros de partidos de oposición ilegales en favor
de la democracia y otros activistas. Según los informes,
los agentes de seguridad practicaron registros en
los domicilios de los detenidos y confiscaron ordenadores,
máquinas de fax, máquinas de escribir, libros y
documentación. En varios casos, este material se
incluyó posteriormente en la causa de la fiscalía
contra los activistas.
3.1.
Postura oficial de Cuba en relación con las detenciones
masivas
Tal
como venía ocurriendo en el pasado, las autoridades
cubanas justificaron inmediatamente las medidas
represivas afirmando que había sido una respuesta
inevitable a la agresión estadounidense. Mantuvieron
que la conducta de James Cason, director de la
Sección de Intereses del gobierno de Estados Unidos
en La Habana, había sido el catalizador directo
de la ola de represión.
Según la información recibida, desde su llegada
a Cuba en septiembre de 2002, James Cason(30)
había dado más relevancia a las críticas al sistema
cubano, adoptando al respecto una postura pública
más activa que la de sus predecesores en el cargo.
Según un artículo de una periodista que lo entrevistó
en enero: "desde que llegó, afirma Cason,
ha hecho más de 6.400 kilómetros en su vehículo
para visitar 9 de las 14 provincias cubanas, ha
hablado con los autoestopistas que encontró en
el camino y cenado con los disidentes y dirigentes
religiosos del interior de la isla".(31)
Según los informes, en el periodo inmediatamente
anterior a la ola represiva, Cason realizó una
visita muy destacada a un grupo de disidentes
que mantenían una reunión, habló con los periodistas
extranjeros allí reunidos, y permitió a los disidentes
utilizar su residencia oficial para celebrar actos.
En
los días previos a la represión, el ministro de
Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, describió
lo que él denominó "un comportamiento realmente
sin precedentes, algo nuevo para nosotros desde
que se creó la Sección", y afirmó que el
gobierno cubano creía que era parte de un plan
deliberado para tensar las relaciones.(32) El
presidente Castro indicó que el 17 de marzo, día
anterior al inicio de la represión, las autoridades
cubanas habían presentado una nota por escrito
a la Sección de Intereses del gobierno de Estados
Unidos para protestar por lo que consideraban
la violación por parte de James Cason de la Convención
de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, de 1961.(33)
La
nota oficial que anunciaba las detenciones se
iniciaba con una condena de:
Las
desvergonzadas y reiteradas provocaciones del
Jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos
en Cuba, obviamente concebidas y llevadas a
cabo como parte de la política hostil y agresiva
de la actual Administración hacia nuestro país,
con la estrecha cooperación y apoyo de la mafia
terrorista de Miami y la extrema derecha de
Estados Unidos.(34)
Se
afirmaba asimismo que la Sección de Intereses estaba
involucrada en actividades dirigidas a desestabilizar
Cuba:
Ningún
país por poderoso que sea tiene derecho a convertir
su representación diplomática en organizadora,
financista, jefa y cuartel general de actividades
para desestabilizar, subvertir el orden constitucional,
violar las leyes, conspirar contra el desarrollo
social, sabotear las relaciones económicas,
amenazar la seguridad y destruir la independencia
de otro país.(35)
Y
continuaba con la siguiente advertencia:
No
quepa la menor duda de que la Revolución aplicará
con el rigor que sea necesario, y en la medida
en que las circunstancias lo demanden, las leyes
creadas para defenderse de nuevas y viejas tácticas
y estrategias contra Cuba.(36)
En
un discurso que pronunció el 9 de abril con relación
a los juicios de los disidentes, el ministro de
Relaciones Exteriores rechazó las denuncias según
las cuales Cuba había calculado el momento de reprimir
a los opositores, aprovechando que la atención de
la opinión pública mundial estaba centrada en Irak,
y repitió una vez más la justificación oficial de
las detenciones:
Estos
arrestos se produjeron antes del comienzo de
la guerra en Irak […] fue antes cuando
se produjo la decisión y se produjeron los arrestos
como consecuencia de la situación insostenible
en que habíamos sido puestos por las provocaciones
y la actuación irresponsable del señor Cason.(37)
El
ministro indicó que Cuba se reservaba el derecho
a clausurar la Sección de Intereses:
Sabemos
que esa es la aspiración, el sueño dorado de
los que sostienen el bloqueo y la política de
agresiones contra Cuba; quizás es también el
sueño del Sr. Cason, su regreso heroico expulsado
de Cuba. Sabemos bien quiénes celebrarían y
a quiénes les encantaría esa decisión; pero,
en todo caso, cerrar la Sección de Intereses
en La Habana y pedirle al Sr. Cason que abandone
el país, es un derecho que nosotros nos reservamos.(38)
En
posteriores discursos, a la explicación oficial
se añadieron nuevos factores agravantes en las relaciones
entre los dos países. Las autoridades cubanas han
criticado reiteradamente la política de inmigración
de los Estados Unidos, afirmando que estimula los
intentos peligrosos de inmigración ilegal, ya que
garantiza automáticamente a los cubanos, a diferencia
de las personas de otras nacionalidades, el derecho
a su condición jurídica en cuanto pisan suelo estadounidense
En su discurso del 25 de abril, el presidente Castro
describió una serie de secuestros recientes de naves
cubanas, cometidos por personas que intentaban llegar
a Estados Unidos, y acusó a ese país de violar los
acuerdos bilaterales de inmigración y de poner en
peligro la vida de ciudadanos cubanos al provocar
esos intentos: "lo más grave de la conspiración
contra Cuba […] es el propósito de romper
los Acuerdos Migratorios y forzar una emigración
masiva".(39)
El
presidente Castro fue incluso más allá, y acusó
a Estados Unidos no sólo de provocar una inmigración
masiva, sino de hacerlo como excusa para una intervención
armada: "la idea siniestra es provocar un
conflicto armado entre Cuba y Estados Unidos.
En eso ponen la esperanza de liquidar la Revolución".
(40)
3.2.
Reacción a las medidas represivas dentro del país
Las
medidas adoptadas por el gobierno provocaron importantes
reacciones dentro de la isla. En un gesto significativo,
el Comité Permanente de la Conferencia de Obispos
Católicos de Cuba emitió un comunicado de prensa
el 11 de abril, en el que expresaba su preocupación
por lo acontecido.
Según
los informes recibidos, el 22 de abril, un grupo
de mujeres cubanas, entre las que se encontraban
las esposas y las madres de los condenados, presentó
ante el edificio del Consejo de Estado una carta
dirigida a Fidel Castro pidiéndole que pusiera
fin a la represión y las ejecuciones en Cuba:
Demandamos
la anulación de la pena de muerte por constituir
un crimen con ropaje judicial. Asimismo, la
eliminación de las excesivas condenas de cárcel
impuestas a 75 pacifistas defensores de los
derechos humanos: periodistas y economistas
independientes y opositores por el solo hecho
de expresar sus opiniones abiertamente.(41)
Algunas
de estas mujeres, vinculadas al Comité de madres
cubanas por la libertad de los presos políticos,
habían estado celebrando marchas pacíficas cada
semana en la Iglesia de Santa Rita, en la zona de
Playa en La Habana. El grupo se había manifestado
para exigir la liberación de sus seres queridos
y un mejor acceso para las visitas familiares.
3.3.
Respuesta internacional
La
condena internacional de la represión en Cuba
no ha tenido precedentes, lo cual indica que buena
parte de la comunidad mundial no aceptaba la justificación
que el gobierno cubano había dado con relación
a sus acciones, o consideraba que su respuesta
había sido excesiva e injustificada. Con todo,
Cuba eludió la condena específica de la Comisión
de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas
Tal
como venía ocurriendo cada año desde 1992, la
cuestión del historial de derechos humanos de
Cuba se planteó durante el periodo de sesiones
de la Comisión de Derechos Humanos que la ONU
celebró en Ginebra en abril de 2003.(42) La votación
se aplazó un día tras proponerse dos enmiendas
al texto original, presentado por Costa Rica,
Nicaragua, Perú y Uruguay antes de la ola de represión.
Una de las enmiendas, presentada por Costa Rica,
añadía un comentario de condena a las entonces
recientes medidas represivas; fue rechazada por
31 votos en contra, 15 a favor y 7 abstenciones.
La
segunda enmienda, propuesta por la propia Cuba,
exigía el inmediato levantamiento del embargo
estadounidense y pedía al Alto Comisionado de
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
que llevara a cabo un estudio sobre la repercusión
que tenían sobre los derechos humanos "los
continuos actos terroristas cometidos impunemente
contra el pueblo de Cuba desde el territorio de
los Estados Unidos".(43) Esta enmienda fue
asimismo rechazada por 26 votos en contra, 17
a favor y 10 abstenciones. El 17 de abril se aprobó
la resolución original, anterior a la ola de represión:
en ella simplemente se hacía referencia a la resolución
del año precedente, en la que se invitaba al gobierno
cubano a realizar avances en materia de derechos
civiles y políticos similares a los que se habían
realizado en materia de derechos sociales. Se
instaba asimismo a Cuba a recibir la visita de
Christine Chanet, la representante personal para
Cuba del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Derechos Humanos, que fue designada en
el cargo en enero de 2003.(44) La resolución fue
aprobada por 24 votos a favor, 20 en contra y
9 abstenciones.
En
una rueda de prensa celebrada el 18 de abril,
el ministro de Relaciones Exteriores cubano, Felipe
Pérez Roque, expresó su satisfacción por el fracaso
de la enmienda presentada por Costa Rica, pero
dejó claro que eso no implicaba la aceptación
de la resolución en sí misma:
queremos
decir que ello no quita, sin embargo, el hecho
de que rechacemos también la resolución finalmente
adoptada. La rechazamos porque, aunque no es
un texto condenatorio, es un texto que no tiene
justificación […] es un texto norteamericano,
que responde al interés norteamericano.(45)
En
noviembre de 1994 el entonces Alto Comisionado,
José Ayala Lasso, visitó Cuba, en respuesta a una
invitación que se le hizo al poco de crearse el
cargo. Sin embargo, la solicitud de visitar la isla
por parte del entonces relator especial de la ONU
sobre Cuba no fue atendida. En relación con la visita
recomendada de la nueva representante del Alto Comisionado,
el ministro Pérez Roque indicó en su alocución que
Cuba no aceptaba lo establecido en la reciente resolución:
Cuba
no se niega a cooperar con el Alto Comisionado,
todo lo contrario; ni con los mecanismos no
selectivos y no discriminatorios de la Comisión
o de la Oficina del Alto Comisionado, todo lo
contrario. Cuba lo que no está dispuesta es
a aceptar la manipulación de este tema; el empleo
sin escrúpulos, incluso, de esta figura de Naciones
Unidas, para justificar la campaña contra Cuba
[…] por tanto, por esa razón es que no
aceptamos el mandato de esa resolución.(46)
Al
final del periodo de sesiones de la Comisión, Cuba
fue reelegida para formar parte de sus 53 miembros.
Según la información recibida, un portavoz de la
Casa Blanca afirmó que la elección de Cuba había
sido "como poner a Al Capone a cargo de la
seguridad de la banca".(47) En 2001, Estados
Unidos había perdido su puesto en la Comisión por
primera vez desde su creación en 1947, para recuperarlo
un año después.
Unión Europea
Las
medidas represivas impuestas por el gobierno cubano
sucedieron a una etapa en que las relaciones de
Cuba con Europa habían mejorado significativamente.
El 12 de marzo, pocos días antes del inicio de
la ola de detenciones, la Unión Europea (UE) abrió
su primera oficina en Cuba. Poul Nielson, Comisario
para el Desarrollo y la Ayuda Humanitaria de la
UE, visitó la isla para inaugurar la sede de la
nueva delegación y afirmó públicamente que la
UE pretendía reforzar sus relaciones con Cuba.(48)
Asimismo, manifestó su satisfacción por la solicitud
de adhesión de Cuba al Acuerdo de Cotonú.(49)
Tras
la ola de represión, en la conferencia de prensa
que el ministro de Relaciones Exteriores, Enrique
Pérez Roque, concedió el 9 de abril en relación
con los juicios, abordó la cuestión de las relaciones
de Cuba con la UE. Se mostró crítico con los paralelismos
que podían establecerse entre la postura de la
Unión Europea y la de Estados Unidos:
La
Unión Europea no ha tenido capacidad para proyectar
una posición independiente hacia Cuba, y eso
explica su tibia reacción contra el bloqueo
hacia Cuba; explica su alineamiento con la posición
norteamericana contra Cuba en Ginebra; explica
el hecho de que no han sido capaces de formular
una posición europea sobre Cuba, que defienda
el derecho internacional […] debo recordar
que ya una vez Cuba retiró su solicitud del
Convenio de Cotonú, y que si tuviera que hacerlo
otra vez, lo haría.(50)
El
14 de abril, el Consejo de Relaciones Exteriores
de la Unión Europea aprobó una resolución sobre
Cuba en la que se condenaban las detenciones masivas,
los juicios sin las debidas garantías, la imposición
de penas excesivas, y la ejecución de los tres secuestradores
de naves. Según el texto de la resolución:
Estos
últimos acontecimientos, que marcan un nuevo
deterioro de la situación de los derechos humanos
en Cuba, afectarán a las relaciones de la UE
con Cuba y a las perspectivas de una mayor cooperación.
El Consejo seguirá atentamente la evolución
de la situación.(51)
Rodrigo
Malmierca Díaz, embajador de Cuba ante la Unión
Europea, respondió el 17 de abril defendiendo la
política cubana y reafirmando el interés de su país
por el Acuerdo de Cotonú.(52)
El
23 de abril, la Comisión Europea organizó para
la semana siguiente una reunión para debatir su
postura ante la situación de Cuba; según la información
recibida, varios Estados miembros estaban considerando
la idea de reducir su nivel de cooperación con
la isla.(53) El 30 de abril, la Comisión anunció
su decisión de congelar el proceso de consideración
de la solicitud de Cuba. El 16 de mayo, el ministro
de Relaciones Exteriores cubano informó al responsable
de la delegación de la Unión Europea en La Habana
que Cuba quería retirar su solicitud de adhesión
al Acuerdo de Cotonú. La declaración oficial que
el Ministerio emitió al día siguiente decía:
Cuba
ha resistido más de 44 años de bloqueo, agresiones
y amenazas de Estados Unidos sin rendirse, y
no ve razón alguna para aceptar presiones de
cualquier otro.(54)
Los
últimos acontecimientos dan marcha atrás en el proceso
de mejora de las relaciones con la UE, y hacen que
Cuba pierda su derecho a recibir fondos de desarrollo
de las arcas de la Unión Europea, así como otro
tipo de ayudas destinadas a países del grupo ACP.
Organización de los Estados Americanos
El
relator especial para la libertad de expresión
de la Organización de los Estados Americanos (OEA)
expresó su preocupación por las detenciones y
los juicios sumarios, e instó "una vez más
a las autoridades cubanas a que cambien su postura
respecto de la prensa independiente y que reconozcan
a todos los habitantes el derecho a la libertad
de expresión e información".(55) El 3 de
mayo de 2003, Día Mundial de la Libertad de Prensa,
el relator especial se unió a su homólogo en las
Naciones Unidas, el relator especial de la Comisión
de Derechos Humanos sobre la promoción y protección
del derecho a la libertad de opinión y de expresión,
para manifestar su grave preocupación ante las
penas dictadas contra los disidentes cubanos.(56)
Paralelamente,
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
condenó las ejecuciones de los tres potenciales
secuestradores de ferrys(57) y expresó su grave
preocupación por la detención y el juicio de los
disidentes.(58)
Los
intentos de aprobar una resolución de condena
de las violaciones de derechos humanos cometidos
en Cuba por parte de los 34 miembros de la OEA
se vieron frustrados por la falta de apoyo. El
19 de mayo, Canadá, Ch |