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Informe anual 2005
Reporteros
sin Fronteras, Mayo, 2004. Informe
completo.
Hoy en Cuba, como ayer durante la dictadura
militar en Argentina, las mujeres y madres
de los oprimidos son las primeras en denunciar
la represión. Fruto de su movilización,
y la de la comunidad internacional, siete
periodistas salieron en libertad en 2004.
Pero 22 continúan detenidos y el
régimen no tiene ninguna intención
de poner fin a su monopolio informativo.
"Quiero seguir haciendo periodismo.
La cárcel no me ha cambiado en nada".
Raúl Rivero salió en libertad
el 30 de noviembre de 2004. Para este literato,
periodista y poeta, escribir es más
que un derecho, una necesidad vital, como
respirar. Con él, otros cinco periodistas
y ocho opositores, que forman parte de los
75 disidentes detenidos en marzo de 2003,
salieron en libertad en 2004, por razones
de salud. Todos ellos disfrutan de "autorización
extra-penal", una medida administrativa
que permite a las autoridades devolverles
a la cárcel, de un día para
otro. Un séptimo periodista, Carlos
Alberto Domínguez González,
detenido en febrero de 2002, también
ha quedado en libertad por razones de salud.
Estas liberaciones son, en parte, el resultado
de las protestas internacionales que provocó
aquella oleada de detenciones, y especialmente
de las sanciones aprobadas por la Unión
Europea (UE) contra Cuba. Se presentan como
un gesto de buena voluntad ofrecido a los
Estados miembros de la UE que, como España,
son partidarios de una revisión de
la política europea sin esperar a
la liberación de los 75 disidentes.
Por otra parte, el 14 de diciembre de 2004,
los 25 Estados miembros empezaron a cuestionar
dichas sanciones, con el peligro de verse
privados de una herramienta de presión
para conseguir otras liberaciones. Por otra
parte, han continuado las detenciones de
disidentes.
La salida en libertad de estos periodistas
y disidentes es también el fruto
de la movilización constante de sus
esposas, madres, hermanas o hijas, reunidas
en el grupo de las "Damas de blanco".
"Ahora soy el marido de Blanca",
subrayó con humor Raúl Rivero,
el día que salió de la cárcel.
Su esposa, Blanca Reyes, ha militado sin
descanso en el grupo, para conseguir su
libertad. Todas esas mujeres decidieron
desafiar la maquinaria represiva. A principios
de octubre no dudaron en acampar en la Plaza
de Revolución, donde el régimen
organiza sus grandes misas, para exigir
que Angel Moya, un militante de los derechos
humanos que forma parte de los 75, fuera
trasladado y cuidado en un hospital. Todos
los domingos desfilan pacíficamente
a la salida de la iglesia de Santa Rita,
patrona de las causas perdidas, en La Habana.
Esta agrupación recuerda la de las
"locas de la Plaza de Mayo", las
madres de los desaparecidos de la dictadura
militar en Argentina. Una similitud molesta
para el régimen de Fidel Castro,
que intenta reducirlas al silencio. A principios
de diciembre, Laura Pollán, la mujer
del periodista encarcelado Héctor
Maseda, en cuya casa se reúnen mensualmente
las "Damas de blanco", denunció
frecuentes cortes telefónicos y aseguró
que había encontrado un micrófono
en su casa.
"Condiciones de detención inhumanas"
En Cuba sigue habiendo veintidós
periodistas detenidos, y entre ellos se
encuentra Ricardo González, el corresponsal
de Reporteros sin Fronteras. Acusados de
"actos contra la independencia del
Estado" y "actividades subversivas",
fueron condenados a penas que van de 14
a 27 años de detención, y
posteriormente trasladados a cárceles
alejadas varios cientos de kilómetros
de sus domicilios. Las visitas de sus allegados
están limitadas a una cada tres meses,
en lugar de cada tres semanas. Tan sólo
uno de ellos, Carlos Brizuela Yera, no forma
parte de los 75. Detenido en marzo de 2002,
por protestar por la violencia policial
contra un colega periodista, el 26 de abril
de 2004 le condenaron a tres años
de cárcel. "Si resumo mi encarcelamiento",
explicó el periodista Manuel Vázquez
Portal, liberado el 23 de junio, al diario
francés Le Monde, "diría
que pasé quince meses en las letrinas
de un cuartel. Los primeros meses fueron
muy duros, sobre todo con el régimen
de aislamiento total. No veía a nadie,
no hablaba con nadie, y hace falta mucha
disciplina para no delirar". "Las
condiciones de detención son inhumanas
y provocan daños psicológicos
y fisiológicos", explicó
por su parte Jorge Olivera a Reporteros
sin Fronteras. Jorge Olivera es el último
periodista liberado, el 6 de diciembre.
Como los demás, tras un largo período
en celda de aislamiento fue trasladado a
una celda con presos comunes, frecuentemente
manipulados por las autoridades carcelarias
para acosar a los presos políticos.
Los enfermos no reciben siempre los cuidados
necesarios. Julia Núñez, la
mujer de Adolfo Fernández Sainz,
está muy preocupada por sus múltiples
problemas de salud : enfisema pulmonar,
quiste en el riñón, hernia
de hiato (en el estómago), hipertrofia
de la próstata, hipertensión
y artrosis. El periodista ha perdido más
de veinte kilos.
Una prensa "al servicio exclusivo
del pueblo trabajador"
Por otra parte, la situación de
la libertad de prensa sigue siendo catastrófica.
El artículo 53 de la Constitución
establece que los medios de comunicación
no pueden ser privados, "lo que garantiza
su utilización al servicio exclusivo
del pueblo trabajador y del interés
de la sociedad". Pero la prensa del
Estado sólo difunde artículos
o reportajes de propaganda elegidos, revisados
y corregidos en función de los intereses
ideológicos del régimen. El
Departamento de Orientación Revolucionaria
(DOR), que depende del Comité Central
del Partido Comunista, es el capataz de
esta censura.
A los ojos de las autoridades, las informaciones
oficiales difundidas a los cubanos no pueden,
en ningún caso, ser cuestionadas
por otras fuentes. Los periodistas que intentan
trabajar al margen de los medios de comunicación
del Estado se ven constantemente acosados
por agentes del Departamento de Seguridad
del Estado (DSE, policía política),
que intenta disuadirles de proseguir en
sus actividades. Desde marzo de 2003 les
amenazan sobre todo con correr la misma
suerte que sus colegas encarcelados. A pesar
de la represión, son todavía
cerca de 80 los que envían regularmente
artículos a revistas publicadas en
el extranjero, o a sitios gestionados desde
Miami, como cubanet.org o nuevaprensa.org.
También está muy vigilada
la información procedente del extranjero.
Se encuentra interferida la programación
de Radio Martí, la emisora financiada
por el gobierno norteamericano, que emite
desde Miami. Frecuentemente sancionan a
los propietarios de antenas de televisión
piratas, que permiten captar los canales
extranjeros, y les embargan el material.
Sólo los turistas y diplomáticos
tienen acceso a la prensa internacional.
Los despachos y artículos producidos
por los representantes de la prensa extranjera
acreditados en La Habana se leen una vez
publicados, y a sus autores se les advierte
cuando la cobertura no es del gusto del
presidente Castro. Una situación
que explica que, desde hace muchos años,
forme parte de los predadores de la libertad
de prensa en el mundo, denunciados por Reporteros
sin Fronteras.
En materia de política general,
el presidente norteamericano Georges W.
Bus decidió, en mayo de 2004, endurecer
el embargo. Decretó la reducción
del número de viajes que pueden efectuar
a la isla los cubanos exiliados en Estados
Unidos, y limitó el derecho a enviar
dinero sólo a los parientes más
próximos. El régimen, debilitado
económicamente, respondió
imponiendo el 1 de noviembre el fin de la
libre circulación del dólar.
Para muchos observadores, al obligar a los
cubanos a cambiar sus dólares por
pesos convertibles lo que quiere el régimen
es, ante todo, recuperar liquidez. Sin embargo,
los importantes acuerdos firmados al final
del año con China y Venezuela deberían
proporcionarle un balón de oxígeno.
Y, a pesar de las medidas anunciadas en
mayo por la administración norteamericana,
el embargo se flexibilizó netamente
después de que, en 2001, el Senado
autorizara la venta de productos agroalimentarios
destinados a Cuba, contra el pago al contado.
Desde 2002, la isla ha comprado a empresas
norteamericanas mercancías por valor
de más de un millardo de dólares,
haciendo de Estados Unidos su primer proveedor
en este campo.
"No habrá cambio democrático
a corto plazo", pronosticó Raúl
Rivero, en una entrevista con Reporteros
sin Fronteras, dos días después
de su liberación. Un análisis
que confirman las tradicionales declaraciones
de los medios de comunicación oficiales
que, una vez más, el 1 de enero de
2005, prometieron "otro año
de combates".
Balance de 2004
22 periodistas encarcelados
11 periodistas detenidos
11 periodistas agredidos
10 periodistas amenazados
Testimonio
Pasé cerca de ocho meses en una
celda de aislamiento
El 5 de abril de 2003, Jorge Olivera Castillo,
de 41 años, director de la agencia
Habana Press, fue condenado a 18 años
de cárcel. Estaba acusado de delitos
" contra la independencia nacional
y la economía de Cuba ". Salió
en libertad el 6 de diciembre de 2004, por
razones de salud.
¿Como fue su juicio ?
Fue una farsa. Nuestros abogados, antes
de presentar su defensa, tenían que
hacer una declaración de apoyo al
gobierno. Fue mi esposa quien eligió
al mío, porque yo no tenía
confianza en las autoridades. Pero, en cualquier
caso, todo estaba planeado de antemano.
Incluso antes de que empezara el juicio
ya estábamos condenados.
¿En qué condiciones estuvo
detenido ?
Fueron condiciones inhumanas. Pasé
cerca de ocho meses en una celda de aislamiento.
En ocasiones, la comida estaba podrida,
el agua no era potable y yo cogí
unas amebas. También había
que vérselas con las nubes de mosquitos,
las cucarachas, hormigas, abejas, moscas,
roedores
A guisa de retrete había
un agujero en el propio suelo de la celda.
Normalmente, los presos tiene derecho a
dos horas diarias al sol, de lunes a viernes.
Nosotros, los presos políticos, solo
teníamos derecho a una hora, uno
tras otro en un patio minúsculo donde,
según la hora, no siempre entraba
el sol.
Imagine lo que es pasar tanto tiempo en
una celda de tres metros de largo por 1,30
metros de ancho, a más de 900 kilómetros
de su casa, con una visita cada tres meses
El objetivo era romper nuestra voluntad.
Conseguí resistir, pero algunos de
mis colegas tienen problemas psicológicos.
Yo tenía, y sigo teniendo, una colitis
espasmódica, hipertensión,
una hernia en el estómago y problemas
gástricos.
¿Qué relaciones tuvo usted
con los presos comunes ?
El primer año compartí cerca
de tres meses la celda con un presos comunes.
Llevaban mucho tiempo detenidos, eran muy
nerviosos y en cualquier momento podían
volverse peligrosos. A veces, las autoridades
los utilizan contra los presos políticos,
para que les roben o les peguen, a cambio
de una visita suplementaria. Tuve que echar
mano de mucha psicología.
¿Como interpreta usted su liberación
?
Fue el fruto de un conjunto de factores
: la enfermedad, pero también las
presiones externas ejercidas por Reporteros
sin Fronteras, está claro, aunque
también por muchas otras instituciones
y gobiernos del mundo entero. Y tampoco
se puede descartar el factor coyuntural,
el hecho de que el gobierno nos puso en
libertad para conseguir llegar a un acuerdo
con la Unión Europea.
¿Qué piensa hacer ahora ?
Desde 2002 tengo un visado para viajar
a Estados Unidos. Pienso hacer las gestiones
necesarias para marcharme. Pero el gobierno
cubano tiene el poder de impedir que las
personas se vayan del país. Es inadmisible,
pero es así. Hay que pedir una autorización
de salida del territorio, e incluso pagarla.
Muchos cubanos se encuentran en la misma
situación : tienen el visado, pero
no les dejan salir. No se lo que me espera,
pero quiero marcharme del país, con
mi familia. Queda por ver cual será
la decisión de las autoridades.
Diciembre de 2004
Testimonio
"La presión no se ha relajado
nunca "
Jesús Alvarez Castillo es corresponsal
en Ciego de Avila de la agencia independiente
Cuba Press, y representante en la provincia
de la Sociedad Manuel Marquez Sterling,
una asociación de periodistas independientes.
Cuenta el acoso que ha padecido desde la
" primavera negra " de marzo de
2003.
Tras la oleada de detenciones de marzo
de 2003, que se saldaron con la condena
de varios periodistas independientes a largas
penas de cárcel, la presión
policial contra mí no se ha relajado.
Al contrario. Solo pocos días después
de que se dictaran las sentencias contra
" los 75 ", tres agentes del Departamento
de Seguridad del Estado (DSE), la policía
política, amenazaron al propietario
de mi apartamento con retirarle la línea
telefónica porque, según ellos,
yo la utilizaba para enviar informaciones
" contrarrevolucionarias " a Estados
Unidos. Aquel día, aprovecharon para
incautarse de mi fax.
Pocos días más tarde, cuando
acudía a casa de un miembro de la
oposición en Miraflores Nuevo, una
localidad de la provincia de Ciego de Avila,
fui detenido por un agente de la policía
política, que me ordenó marcharse
inmediatamente de la ciudad. El 29 de octubre,
varios miembros del DES registraron mi domicilio,
y el de mi hermana. Se llevaron más
de 300 libros, así como artículos
y revistas que me habían dado en
la Sección de Intereses Norteamericanos,
la representación diplomática
de Estados Unidos en La Habana. Poco después,
me detuvieron en la casa de un colega periodista
independiente, Hector Riverón González,
en la provincia de Las Tunas. Dos agentes
de la policía política me
prohibieron volver a esa provincia porque,
según ellos, yo iba allí para
llevar a cabo actividades " contrarrevolucionarias
". Me llevaron en coche a Camagüey,
donde me esperaba otro vehículo que
me condujo hasta Ciego de Ávila.
El 12 de julio de 2004 regresé a
la provincia de Las Tunas, para volver a
ver a mi colega. Dos días más
tarde, los mismos agentes nos llevaban,
a Héctor y a mí, a la sede
del local de la DES. Una vez allí,
me enseñaron varias informaciones
que yo había enviado a Radio Martí
y al sitio nuevaprensa.org, para demostrarme
que controlan mis actividades con mucho
esmero. El mismo día, me ordenaron
regresar a Ciego de Avila.
En los meses siguientes fui víctima
de acoso telefónico. Cuando llamaba
a Radio Martí y a nuevaprensa.org,
en Florida, escuchaba ruidos, o la línea
estaba cortada. Sin embargo, después
de algún tiempo las comunicaciones
mejoraron netamente. Pude llamar por teléfono
a los detenidos que están en la cárcel.
Debo precisar que el teléfono es
la única herramienta de que dispongo,
para hacer mi trabajo periodístico.
Ciego de Avila, enero de 2005.
Reporteros sin Fronteras
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