Testimonios
Testimonio
desde la Prisión Especial Kilo 8, Camagüey
Amat
Campanioni
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El pasado 16 de febrero el prisionero político Leoncio Rodríguez Ponce comenzó una huelga de hambre en esa prisión. Una de las demandas que exige es la libertad de los impedidos físicos recluidos en ese penal. El Presidio Político "Pedro Luis Boitel", a través del Movimiento de Resistencia Cívica de igual nombre, entregó a esta agencia el testimonio del preso Amat Campanioni, uno de los impedidos que padece en Kilo 8. |
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Refiere el escrito de Amat Campanioni que de joven fue llamado a cumplir el Servicio Militar Obligatorio (SMO) donde le esperaba un interminable campo de caña. En el transcurso de un mes trabajó sin parar. El salario no le alcanzaba ni para pagar la canasta familiar, tenía una situación crítica, su señora madre es anémica y no recibía ayuda de nadie. Se fuga, y no encontrando cómo resolver el problema económico y con persecución constante, decide robar. Dice Campanioni: "Robé por necesidad, para no dejar morir de hambre a mi madre, así me convertí en ladrón, siempre pidiéndole a Dios que me perdonara, mi curriculum en esta forzada actividad fue de muy corta vida pues me capturaron rápido. Me trataron con violencia y respondí con la misma". Y Campanioni prosigue su relato: "El 3 de marzo de 1994 en la causa 204 / 94, por los delitos de 'Robo con Fuerza en las Cosas' y 'Atentado contra los Agentes de la Autoridad', me sancionaron a 23 años de privación de libertad...". El prisionero recuerda: "Fui conducido primero a la Disciplinaria Militar y luego a la Prisión de Canaleta". De esta última cárcel se evadió, pero fue capturado y sancionado a otro año de privación de libertad. Al denunciar las constantes violaciones que sufría y veía en esa prisión, Campanioni es trasladado el 24 de febrero de 1998 para la prisión de máxima seguridad de Camagüey conocida por el nombre de "Se me perdió la llave". Allí estuvo confinado, en la llamada primera fase del régimen especial, en una reducida celda cerrada herméticamente, recibiendo poca y mala alimentación, visita familiar reglamentada cada tres meses o sea cuatro visitas por año, pabellón conyugal tres veces al año para quien tenga pareja, ninguna atención médica y "muchos festines diarios de ofensas y salvajes golpizas". Continúa narrando Campanioni que el solo hecho de hablar en voz alta con el compañero de la celda contigua era el "motivo" de una gran golpiza. Las necesidades y penalidades en esa prisión son más acentuadas; de ahí el llamado "régimen especial". En ese lugar los presos reciben un jabón mensual, un tubo de pasta dentífrica cada seis meses, el que no compre el vestuario tiene que andar prácticamente en harapos porque, una vez al año, dan un short y una camisa sin mangas (no siempre). En invierno se les entrega colchas, enguatadas y sábanas sólo a la mitad de la población penal, al respecto las autoridades alegan que "no hay para todos". Continua el testimonio de Amat Campanioni explicando que la anemia se arraiga en aquel lugar. El mismo a causa de la pérdida de peso corporal fue trasladado para las filas de los bajo de peso y desnutridos. Por su parte, la madre de Campanioni poco o nada podía hacer pues ella se encontraba a su vez anémica y sobreviviendo gracias a la caridad de algunos amigos. A mediados de julio de 1998, teniendo la hemoglobina en 6,2, Campanioni se autoagrede, lo que provocó su traslado de urgencia hacia la Sala Penal del Hospital Provincial Amalia Simone. Una vez allí, el 1 de agosto a las 9 de la mañana, se evade en compañía de varios reclusos pero lo capturan sin haber logrado salir de los límites de la ciudad. Es ahora sancionado a 18 años de cárcel más. Ahora Amat deberá cumplir 42 años de cárcel. Sintiéndose cercado y sin esperanzas vuelve a autoagredirse. El 20 de diciembre de 1998 se inyecta petróleo en las manos. Día tras día era llevado al hospital sin lograr que le atendieran la anemia, por lo que las dolorosas inyecciones de petróleo fueron en vano, no obtuvo el resultado esperado: curarse la anemia. El documento enviado desde la prisión refiere que, el 28 de febrero de 1999 a las 4 de la tarde, Amat Campanioni decide cercenarse la mano derecha a sangre fría con un bisturí. El miembro quedó colgando del pellejo, lo tomó con su mano izquierda y lo lanzó para el pasillo del penal. El director de la prisión, Coronel Francisco Morales Reina, dilataba la remisión de urgencia recomendada por una doctora del penal, y ante tanta insistencia de ella, accedió a otorgar la orden de conducirlo hacia el hospital. Campanioni estuvo unos días ingresado. Fue devuelto a la cárcel sin su mano derecha y con la izquierda inutilizada por las repetidas inyecciones de petróleo. Lo instalaron en la enfermería, pero no duró mucho allí pues el Coronel Morales lo envió para la celda nuevamente a pesar de su deplorable estado. Eso fue el 22 de diciembre de 1999. En la celda estuvo varios días, después lo trasladaron para la número 61 de la primera fase. Actualmente todavía se encuentra allí. Esta solitario, sin poder bañarse, con muy pocas ropas y mugrientas a causa de que no puede lavarlas. Los carceleros del penal mandan al pasillero (preso que limpia los pasillos de la cárcel) a que le lleven la comida a Campanioni y, así el mismo lo describe: "debo comer como un perro". Por su parte, el Coronel Morales le prometió a la madre de Amat Campanioni que lo trasladaría a la segunda fase del "sistema de reeducación penal". Promesa que no ha cumplido. El caso del preso Campanioni fue analizado en una Comisión Médica, la que después de evaluar la situación del prisionero dictaminó que se le diera la libertad. Pero el Tribunal Provincial de Camagüey, desechó los argumentos médicos y alegando que su última fuga era muy reciente, denegó la solicitud. "Esto es una farsa, ni siquiera me han colocado en un lugar donde se tenga en cuenta mi estado físico", asegura Campanioni. El preso continua exponiendo en su relato que todas estas acciones demuestran la inhumanidad sin límites del Estado socialista que pregona su democracia ante el mundo, para finalizar diciendo que el Jefe Provincial de la Dirección de Cárceles y Prisiones del Ministerio del Interior tiene impedido por decreto suyo que las enfermeras del penal asistan a los impedidos físicos allí recluidos. El Presidio Político "Pedro Luis Boitel" así como el Movimiento de Resistencia Cívica de igual nombre, en documento adjunto a este testimonio, hace un llamado a la opinión pública internacional para apoyar al preso político Leoncio Rodríguez Ponce, que continúa en huelga de hambre en solidaridad con los casos de presos impedidos físicos que como Amat Campanioni están confinados en ese penal. Luis
Alberto Rivera, APLO |
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Publicado en CubaNet el 7 de marzo, 2000 |